En el ángulo muerto

Imagen sintética creada con IA (Gemini)

¿Por qué la gente no es capaz de percibir toda la dimensión de la catástrofe climática a la que nos estamos enfrentando? El Titanic puede tener que ver.

6 de Agosto.- El cine tiene más o menos ciento treinta años. Ha sido, sin duda, una de las fuerzas que ha modelado nuestra cultura colectiva de forma más poderosa. Un subgénero es el cine de catástrofes. Todas las películas de catástrofes están modeladas sobre una tragedia real: la del hundimiento del Titanic. Y este relato, a su vez, tiene el claro precedente de la torre de Babel. La fórmula general es la siguiente: un grupo de seres humanos construyen un artefacto que desafía la omnipotencia de Dios, el cual, llegado un momento, les castiga por su soberbia. En estos relatos, siempre hay un ser humano que advierte a los otros de que no deben ceder a la tentación y mantener sus ambiciones en un ámbito más modesto, al objeto de no cabrear a Dios. No le hacen caso y claro, pasa lo que tiene que pasar: la catástrofe.

Las películas, especialmente las americanas, nos han enseñado a creer que las catástrofes pasan rápidamente y que el fin del mundo será, cuando llegue, una cosa rápida. Sin agonía. Exactamente como sucedió con el Titanic: iceberg y un par de horas más tarde, glub glub. Culturalmente NO estamos preparados para que el apocalipsis pueda ser una ola que se vaya levantando lentamente hasta terminar con la Humanidad. NO estamos preparados para apocalipsis a cámara lenta.

Y puede ser que estemos en medio de uno. Ya. En estos momentos. Mientras estoy escribiendo esto.

Esta noche pasada, en el este de Austria era imposible dormir. No solo no corría ni una brizna de aire, sino que hacía muchísimo calor. Yo estaba absolutamente desnudo y destapado encima de mi cama. En pelotas. Y no hacía más que dar vueltas y más vueltas. Por primera vez desde que vivo aquí me he acordado de los tórridos veranos de Madrid, durante los cuales, desesperado, me tiraba a dormir sobre las baldosas desnudas como única fuente de consuelo para el agobio del verano.

No quiero pensar lo que esto debe de estar siendo para ancianos, críos y enfermos.

Y sin embargo, la respuesta del Gobierno austriaco va a ser, risum teneatis, facilitar los trámites para que la gente ponga aire acondicionado. Y eso, para el verano que viene.

Es como si cuando el Titanic empezaba a hundirse, el capitán hubiera repartido vales para la tintorería del barco, para que la gente pudiera secar la ropa mojada.

Y es porque el ser humano no puede concebir que este no va a ser, como ha dicho alguien del Gobierno, un año excepcional. Sino que esto es el futuro. Ya. Aquí y ahora. Como dijo el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, vamos conduciendo a toda velocidad contra una pared. Nuestra cultura está muriendo. Y morirá en medio de horribles sufrimientos como no hagamos algo. No ya pronto, sino ayer. Y no es catastrofismo, sino una descripción bastante objetiva de lo que está sucediendo en un Austria reseca y sobrecalentada.

Y sin embargo, otros intereses están en la mente de las personas que tienen en la mano aliviar nuestro sufrimiento. Ni siquiera hay consenso entre ellos (no así entre los científicos) a propósito de ese fenómeno que hemos llamado “cambio climático” porque “apocalipsis a cámara lenta” era quizá demasiado gráfico. Qué haremos cuando deje de llover o, peor, cuando los patrones de lluvia sean impredecibles y no tengan nada que ver con lo que necesitan las plantas y los animales que nos dan de comer. Qué tiene que pasar todavía para que caigamos en la cuenta de que ese mundo maravilloso, ese “mundo de ayer” que prometen los negacionistas, no va a volver. Nunca jamás en lo que nos queda de vida.

Por si no has tenido tiempo de leerlo todo (*)

A diferencia del cine de catástrofes —que nos ha acostumbrado a tragedias inmediatas como la del Titanic—, la crisis climática actual representa un apocalipsis a cámara lenta ante el cual no estamos culturalmente preparados. A través de la experiencia personal de una noche sofocante en Austria, el texto denuncia la inacción e insuficiencia de las medidas gubernamentales frente al calentamiento global, advirtiendo que las olas de calor y el colapso ecológico no son eventos aislados, sino la nueva e irreversible realidad.

Tres ideas principales

  • La distorsión cultural del desastre: El cine nos ha condicionado a esperar catástrofes rápidas, lo que nos incapacita para reconocer y reaccionar ante un colapso paulatino como el cambio climático.

  • Insuficiencia política e inacción: Las respuestas institucionales ante el calentamiento global son superficiales, tardías y comparables a «repartir vales de secado en el Titanic».

  • Irreversibilidad de la crisis: El clima extremo actual en lugares como Austria no es una anomalía temporal, sino el inicio del futuro irreversible que la ciencia lleva tiempo anunciando.

(*) Resumen obtenido por IA


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