
¿Cuál es el verdadero coste medioambiental de la inteligencia artificial? Descubre la polémica por el nuevo centro de datos de Google en Austria y su impacto en el río Enns.
13 de Septiembre.- En estos días se habla mucho de la inteligencia artificial. Y se habla generalmente para mal. Aparte de esa moda de ChatGPT que nos devuelve a todos a los ochenta -no a los ochenta de verdad, sino a una versión embellecida, digerible, „aplanada“ de los ochenta-, las conversaciones son bastante pesimistas. Se habla de que si la IA va a matarnos a todos antes de que se acabe la década o de si, eso es innegable, nos va a volver a todos más tontos.
Uno está también inquieto, a qué negarlo, más que nada porque le parece que, pronto, páginas como esta podrían dejar de tener sentido. En cuanto a lo de matarnos a todos, en fin, cuando se inventaron los automóviles también se los vio como un peligro muy grande. En el Reino Unido, se limitó su velocidad a diez kilómetros por hora y era obligatorio que fuera un lacayo -en aquel momento coche tenían solo los muy ricos- voceando !Que viene un coche! Y con una bandera roja. Luego, los coches han sido responsables de muchas muertes, qué sé yo, la de James Dean, por ejemplo. Pero coches son también las ambulancias que trasladan a los enfermos o vehículos con los que vamos de paseo. O sea, que vaya una cosa por la otra.
El mundo, como ha sucedido con todas las cosas hasta ahora, se adaptará a la nueva tecnología y para las generaciones que nos sucedan, será motivo de risa nuestro miedo.
Hay un aspecto de la IA, sin embargo, que necesita que trabajemos en él y es el impacto medioambiental de convertirnos a todos en horteras de bolera del año 1985.
La Inteligencia Artificial no es magia, se produce en grandes centros de datos que consumen una muchedumbre de recursos. En primer lugar, agua, que se necesita para enfriar los servidores. Luego, energía -porque ya me dirá usted cómo se mantienen esos gigantescos ordenadores en marcha. Por último, espacio. Y no poco.
Estos problemas los están teniendo en Alta Austria, en la bonita localidad de Kronstorf. Allí ha decidido poner Google un centro de datos. Las opiniones son contrapuestas.
El gigante americano dice que todo va a ser felicidad en Kronstorf después de la instalación de este asunto. Los habitantes de Kronstorf, sobre todo aquellos que se han puesto a echar números, no ven la cuestión con tanto optimismo. Google dice que la llegada del gigantesco complejo -cincuenta hectáreas- a la localidad, va a ser un maná que va a traer cien puestos de trabajo.
Utilizando este dato, las mentes pensantes de Kronstorf han deducido que por cada trabajador se sellarán 5000 metros cuadrados de suelo. Esto no es baladí, la superficie ocupada por el cemento deja, por ejemplo, de absorber agua, lo cual provoca que haya inundaciones en caso de lluvias torrenciales. También deja de producir plantas que producen oxígeno y quitan dióxido de carbono del ambiente y quien dice plantas, dice alimentos.
Google responde a esto que se va a plantar un bosque alrededor del centro de datos y que incluso las azoteas del complejo van a ser cubiertas de un jugoso manto verde. Asimismo, se ha comunicado que cuando se ha construido el complejo se ha quitado el humus (o sea, la capa superior fértil del suelo) con mucho cuidado para ponerlo a disposición de los agricultores comarcanos.
Los medios austriacos que han investigado esta última afirmación de Google no han podido confirmar la existencia de estos felices agricultores.
En cuanto al agua, Google necesitará coger agua del Enns, río que pasa cerca y también ha excavado varios pozos que abastecerán del líquido elemento a los mecanismos refrigeradores del centro de datos. La empresa americana dice que devolverá el agua al Enss una vez cumpla su misión, pero no dice a qué temperatura va a estar ese agua cuando vuelva al río. Los científicos dicen que, si el agua está demasiado caliente, puede ser perniciosa para los peces que viven en el Enns. De manera que convertirnos a todos en horteras de bolera etcétera provocará una catástrofe natural.
El Gobierno de Alta Austria dice que no está planeado ningún control sobre el uso del agua que Google va a hacer.
A pesar de que la zona en donde va a estar instalado el centro de datos es una de las más envejecidas y económicamente tristes de Austria, los críticos sostienen que los ciudadanos deberían poder decidir lo que se hace con los recursos naturales (escasos) de la región en la que viven. Parece sensato ¿No?
Por si no has tenido tiempo de tenerlo todo (*)
A pesar del escepticismo inicial ante las nuevas tecnologías, el verdadero reto de la inteligencia artificial radica en el impacto ecológico derivado de las infraestructuras necesarias para operarla. La construcción de un mega centro de datos de Google en Kronstorf (Austria) ha desatado el debate local debido al elevado consumo de agua, la pérdida de suelo fértil y la falta de controles ambientales.
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La huella ambiental del procesamiento digital: La Inteligencia Artificial exige un consumo masivo de agua, energía y territorio para mantener sus servidores.
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Conflicto en Kronstorf: El proyecto de Google en Alta Austria genera fuerte oposición vecinal por el sellado del suelo y los riesgos de inundaciones.
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Amenaza al ecosistema del río Enns: La captación y retorno de agua a altas temperaturas amenaza a la fauna acuática sin que exista control gubernamental.
(*) Resumen obtenido por AI
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