Avivar un fuego inextinguible

¿Cuál es el valor real del conocimiento? ¿Hasta qué punto los resultados del informe PISA indican tendencias más profundas de la sociedad?

16 de septiembre.- Querida Ainara (*): Desde mi última carta, se han conocido los resultados del informe PISA, que mide el rendimiento académico de los estudiantes en los países de la OCDE.

Como tú eres, en estos momentos, “estudianta”, el asunto te afecta. Con relación a esto, la gente se ha echado las manos a la cabeza por el asunto de las pantallas y de la inteligencia artificial. Creo que, por lo menos en España, la cosa es mucho más profunda que todo eso (siendo todo eso grave) y es porque describe un cambio de rumbo en la sociedad que, me parece, tendrá consecuencias graves. Y es que, Ainara, son los alumnos ricos los que empeoran más. Y empeoran más porque se les exige menos. Y se les exige menos porque sus padres pagan por unos títulos que no valen ni el papel en el que están impresos, pero sobre todo pagan porque sus hijos se codeen con otros iguales que ellos que, en el futuro, les puedan abrir las puertas de los trabajos a través de influencias y amistades.

(O eso creen ellos, claro).

En pocas cosas soy yo tajante. Siempre creo que hay matices en todas las cosas. Sin embargo, soy terminante en que las instituciones educativas privadas no deberían existir. La educación, que es tanto decir la administración del talento, no debe estar sujeta ni a la competencia ni a las leyes del mercado. Y de ahí no me bajo. La experiencia demuestra que la enseñanza de las universidades privadas es mucho peor que la de las universidades públicas. Y me refiero, por supuesto, al nivel que alcanza un alumno medio. Para aumentar el prestigio y para justificar el precio que cuestan las clases, las notas se inflan, con lo que el resultado final es que las notas buenas, obtenidas por medios legítimos, esto es, por el esfuerzo, pierden valor. Se crean camarillas y sociedades paralelas de Borjamaris que actúan tirando a la baja el nivel general de la sociedad. En fin, que habría que poner, en la puerta de cada universidad privada, un candado muy gordo.

El derecho a la educación debería ser universal (ya lo es en la teoría), pero de nada sirve si, en vez de una sopa sustanciosa, que es lo que debería ser, todo el mundo recibe el mismo caldo aguado. Un aguachirle traslúcido en donde floten unos conceptos que se inculcan para cubrir el expediente. Antes pensábamos que, por lo menos, los ricos recibían ese caldo sustancioso. Ahora nos hemos dado cuenta de que hacen trampas.

Y a partir de ahí, todo lo demás viene de suyo. Cuando una persona está educada, su cerebro está entrenado en la inquietud y en la curiosidad, huye de la monotonía y de lo ordinario. Aspira a investigar, a saber cada día más. Cuando se inculca en una persona el amor por el conocimiento y el aprendizaje, se inculca en ella una sed profunda e insaciable. La creatividad es un fuego que avanza como un incendio forestal azuzado por el cambio climático. Un espíritu cultivado, acostumbrado a establecer diálogos con las mentes más finas del pasado y del presente (leer no es otra cosa), rechaza todo lo que no le aporte cosas.

Naturalmente, en todos los grupos humanos habrá gente más tonta y más lista, eso es indudable, y de la genética no se puede escapar, pero el asunto es elevar el nivel medio de la gente. Que no dé vergüenza ajena ver la televisión o escuchar la radio. Y, sobre todo, introducir en todo el mundo la duda sana, que es la madre del cordero. Esa pregunta ¿Estaré diciendo una tontería? Que es el principio de todo.

(*) Ainara es la sobrina del autor

Por si no te ha dado tiempo a leerlo todo (*)

  • El informe PISA revela un deterioro del rendimiento académico, especialmente entre los alumnos ricos.

  • El texto critica el papel de las universidades privadas, la inflación de notas y la pérdida de valor del esfuerzo.

  • La defensa central es que una educación universal y exigente debe fomentar conocimiento, curiosidad, creatividad y duda sana.

(*) Resumen obtenido por IA


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