La conexión vienesa de La Bola Negra

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Hace una semana vi La Bola Negra sin saber que, dentro de la película, hay un trozo (y no pequeño) de Viena.

2 de Octubre.- Hace una semana, estando en España, tuve la inmensa dicha (no se puede llamar de otra manera) de disfrutar de La Bola Negra el día de su estreno. Ya conté en el artículo correspondiente que la película se estrenará en noviembre en las salas vienesas. Por el camino, La Bola se ha convertido en el mejor estreno español de los últimos diez años y para los que amamos la literatura, el que, de pronto y gracias a los Javis, Federico García Lorca se haya puesto de moda es como si España hubiera ganado otra vez el mundial. Bueno, incluso mejor. Porque significará que, quizá, haya gente que se acerque a los libros a través de la película y de la vida de Rafael Rodríguez Rapún.

Hoy, Alberto Conejero, el autor de La Piedra Oscura, una de las obras de teatro en las que se basa la película, ha anunciado que, siguiendo la promesa que le hizo a Tomás Rodríguez Rapún, hermano sobreviviente del novio de Federico García Lorca, iba a publicar una biografía de su hermano, el cual, pese a su corta vida, fue una persona que merece un libro.

Por caprichos del algoritmo, he llegado al compositor de la banda sonora de La Bola Negra, Raul Refree y me he enterado de que la banda sonora original, que se publicará próximamente, fue grabada, nada más y nada menos que aquí, en Viena. O sea, que hay un pedazo de mi corazón incrustado en La Bola Negra (por si la inmensa calidad de la película fuera poco).

Las partes orquestales de la banda sonora se grabaron en uno de los mejores estudios de grabación de música de cine de Europa, el Vienna Synchron Stage, que está en la colina de Rosenhügel, muy cerca de las instalaciones de la ORF.

Se trata de un edificio histórico protegido, que tiene una historia curiosa, la cual incluye varios intentos de derribo que, afortunadamente, no llegaron a buen fin.

La sala de sincronía de los estudios de Rosenhühel se construyó entre 1938 y 1941, parece ser que por mandato del propio ministro de propaganda nazi, Josef Goebbels. En aquel momento, los estudios Rosenhügel, inaugurados a principios de los treinta eran, junto con los de la UFA de Berlín, los más modernos de Europa y estaban equipados con todas las comodidades y adelantos de la época.

Para aumentar el confort de las estrellas del cine nazi que fueran a trabajar a Austria se planeó un complejo en el que tenía cabida un pequeño aeropuerto e incluso una estación de tren. Las dos cosas, trenes y aviones, hacen bastante ruido, de manera que el edificio se planeó para evitarlo. Para mantener las grabaciones a salvo de vibraciones los cimientos del edificio se concibieron separados del resto de la construcción con un sistema especial y para evitar ruidos exteriores la sala de grabaciones es en realidad, un edificio dentro del edificio, creándose alrededor un espacio que lo aisla del exterior y lo insonoriza.

Desde los cincuenta a los noventa, la sala de sincronía de los estudios Rosenhügel se utilizó para grabar música de películas (unas diez producciones al año). Siendo Viena la capital de la música clásica, los grandes maestros del siglo XX pronto se enteraron de la privilegiada acústica del edificio, y lo pidieron para sus grabaciones. En donde se ha grabado la banda sonora de La Bola Negra han grabado también Von Karajan o Jehudi Menuhin, por mencionar solo dos nombres. Sin embargo, a partir de 1990 este uso decayó y la sala de sincronía se usó sobre todo como local de ensayo del Theater an der Wien y como estudio de algunas producciones de la ORF. La tele pública intentó vender el complejo, pero no pudo llevarse a término la venta por ser la sala de sincronía un edificio protegido.

Entre 2013 y 2015 una empresa privada tomó el control de las instalaciones y, tras someterlas a una reforma en profundidad, les devolvió su actual esplendor. Curiosamente, la primera grabación de esta nueva época fueron las bandas sonoras de las tres películas de Sissi de Romi Schneider. Durante mucho tiempo, se dieron por perdidas las partituras y las músicas no estaban disponibles en CD.

A partir de entonces, grandes producciones han venido a Viena a grabar sus músicas. Por ejemplo Misión Imposible o la serie The Crown, de Netflix.

Quién sabe, quizá nos llevemos un Oscar también por aquí.


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