
El Gobierno austríaco destinará 50 millones de euros para financiar la prensa de calidad, promover la digitalización y proteger a los periodistas contra la desinformación, dejando fuera a los pasquines sensacionalistas.
17 de octubre.- A mis amigos les hace mucha gracia que tengo el don de encontrar asociaciones y semejanzas donde nadie más las ve. Esto es porque, desde pequeño, he leído todo lo que me ha caído en las manos, de manera absolutamente desordenada y todo lo leo con la misma seriedad. O sea, intentando empaparme de lo que leo. Puedo estar leyendo un libro de filosofía, Adorno, por ejemplo, y al día siguiente ponerme a desentrañar “Ambiciones y Reflexiones” de Belén Esteban.
Estos días, por ejemplo, han caído en mis manos las memorias de Mariano Ozores. Ozores, miembro de una familia de gente de teatro que se remonta a principios del siglo XIX fue, en los sesenta y los setenta del siglo pasado, el director de cine más prolífico y más popular de España. Sus películas se siguen reponiendo hoy y siguen interesando a la gente. Quizá sea porque, a base de visionados repetidos, las películas de Ozores se han convertido en parte de nuestro fondo de armario mental. Los guiones de Ozores eran al cine lo que los edificios de la M-30 eran a la arquitectura del franquismo. O sea, la idea que el régimen tenía de un entretenimiento para las masas. Eran películas que no se metían en política y en la que la profundidad brillaba absolutamente por su ausencia. Hasta el punto de que Ozores, con todos sus huevos morenos (con perdón), consiguió hacer una película sobre una prostituta, interpretada por Lina Morgan, de la que no se podía suponer que hubiera realizado jamás el acto sexual con un cliente. O sea, la primera película sobre una prostituta virgen y asexuada de la historia del cine.
Ozores llegó a tener tres películas al mismo tiempo llenando las salas a reventar en la Gran Vía madrileña.
El cine de Ozores, pese a su éxito de público, se amoldaba como un guante a la famosa definición de Juan Antonio Bardem. O sea, era “políticamente ineficaz (Bardem era comunista), socialmente falso (la famosa prostituta virgen), intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”.
Pero a la gente le gustaba. Y mucho.
En 1983, con la victoria de los socialistas, Ozores encontró la horma de su zapato. El cine de Ozores cayó casi herido de muerte a causa de la llamada Ley Miró, por Pilar Miró, directora general de cinematografía por entonces. Esta ley perseguía, entre otras cosas, que se hiciera un cine de calidad, dando subvenciones utilizando criterios artísticos. Se elevó la calidad de las producciones pero también se dieron subvenciones a bodrios soberanos. A un cine que hoy, en muchos casos, duerme su sueño polvoriento en las filmotecas. Eran películas intelectualoides e intensitas y sobre ellas se cimenta la tristemente mala fama del cine español.
¿Y para qué nos cuenta este hombre todo esto? Se preguntará el paciente lector que haya llegado hasta aquí.
Es inevitable encontrar asociaciones entre el cine de Ozores, “políticamente ineficaz, socialmente falso” etcétera, la llamada ley Miró y el paquete de subvenciones a los medios de comunicación que el Gobierno de Austria ha presentado hoy (las criaturas trabajan también los sábados).
Serán cincuenta millones de Euros de dinero público que el Gobierno austríaco intentará utilizar para favorecer la prensa de calidad. Explícitamente, se deja fuera a la prensa gratuita en Austria que es a los periódicos lo que las películas de Ozores eran al cine. Resulta particularmente escandaloso que absolutas mierdas, panfletos racistas, cuajados de mentiras y desinformación, reciban subvenciones del Estado. Medios como Heute o la versión gratuita del Österreich, o páginas hediondas como Exxpress, que tienen un historial notorio de noticias falsas cuando no de conspiraciones para colocar a ciertas personas en el Gobierno (recordará el lector las encuestas falsas publicadas por el Österreich destinadas a encumbrar a Sebastian Kurz).
El Estado, por supuesto, no puede ni debe prohibir medios de comunicación, tengan la línea editorial que tengan, faltaría más, pero sí que puede, como hizo la ley Miró, favorecer que existan medios de comunicación de calidad. Si los periódicos de calidad ínfima consiguen mantenerse a flote económicamente ofreciendo vísceras y racismo, el Gobierno no puede hacer nada para evitarlo (ni debe, lo repito) pero sí que es verdad que algo tan serio como el dinero público, debería servir para favorecer la calidad.
El dinero se va a repartir más o menos al cincuenta por ciento para favorecer la distribución de periódicos impresos, también se va a implementar un fondo de transformación digital, se va a proteger a los periodistas, mediante la creación de una oficina especial y se va a poner en vigor una ley que trasponga la directiva europea que pide a los estados miembros que proteja a los periodistas de las acciones legales encaminadas a silenciarlos.
Por si no te ha dado tiempo de leerlo todo (*)
Reflexionando sobre cómo la cultura popular masiva y ligera (ejemplificada en el cine popular de Mariano Ozores) contrasta con la búsqueda del valor artístico impulsada por normativas como la Ley Miró en España, el autor conecta este paralelismo histórico con la actualidad política en Austria. El Gobierno austríaco destinará 50 millones de euros en fondos públicos para subvencionar y proteger la prensa de calidad y el periodismo, excluyendo explícitamente a los medios gratuitos sensacionalistas y desinformativos.
Tres ideas principales:
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La cultura de masas vs. el criterio de calidad: El cine popular de Mariano Ozores, aunque con gran éxito comercial, carecía de profundidad, un fenómeno comparable a cómo la prensa gratuita actual capta audiencias masivas mediante el sensacionalismo.
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El rol del Estado en la financiación mediática y cultural: Al igual que la Ley Miró buscó elevar la calidad del cine español mediante subvenciones, el Estado no debe censurar a los medios mediocres, pero sí tiene el deber de destinar el dinero público exclusivamente a promover contenidos e información de calidad.
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El plan de rescate y protección al periodismo en Austria: El Gobierno austríaco inyectará 50 millones de euros para apoyar la prensa de calidad, impulsar la transformación digital y proteger legalmente a los periodistas frente al acoso judicial y la desinformación.
(*) Resumen obtenido con IA

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