Juego de patriotas

Frente a la instrumentalización excluyente y agresiva de los símbolos nacionales, hay que defender un patriotismo sano y maduro: basado en la autoestima colectiva, la generosidad y el respeto mutuo.

26 de octubre.- Tal día como hoy, hace 71 años, el Parlamento austriaco aprobó la ley que consagra la neutralidad austriaca. Para ser más exactos, la ley que dice que Austria es un país no alineado con ninguno de los dos bloques que entonces existían. O sea, que no estaba (ni está) en la estructura de la OTAN ni está (ya es imposible) alineado con los países del bloque comunista.

Esta ley se consideró tan importante y tan representativa de la “nueva Austria” que había dejado atrás el convulso periodo que empezó en 1918, que se declaró el día 26 de octubre como la fiesta nacional austriaca. El día definitorio de la identidad esta nación.

Cada año, por estas fechas, yo pienso lo mismo. O sea, que podrían haber aprobado la ley de marras en primavera, y así haber podido disfrutar de Austria cuando más bonita está. Pero bueno, desde hace más de siete décadas es así y la cosa ya no tiene remedio.

Para mí, como ciudadano adoptivo de Esta Pequeña República, el Nationalfeiertag es el día del patriotismo que no siento (o no así) con mi país de nacimiento.

Me pasa con esto como dicen que sucede con los hijos adoptados, que se les quiere más porque, de alguna manera, uno ha tenido que luchar por tenerlos (al no tener hijos, ni biológicos ni adoptados, no puedo comparar ni decir si es verdad). Lo cierto es que, para mí, Austria es ese sitio en el que he construido mi vida, en el que me he hecho un hombre, y eso hace que sienta por esta tierra un cariño especial. En realidad, una forma de cariño entrañable que, soy consciente, muchos austriacos no sienten. Porque a muchos austriacos que yo conozco les pasa como a mí me sucede con España (es un poco lioso, pero creo que debe de entenderse).

En el mundo en que vivimos, creo que resulta muy urgente reconducir el patriotismo para estar seguros de que se mantiene dentro de los límites de lo sano.

Por ejemplo, me parece obscena la apropiación que de la bandera y de los símbolos nacionales ha hecho la extrema derecha. Hasta el punto de que el grupo ultra en el parlamento europeo se llama “patriotas por Europa” o una cosa parecida.

Toda la comunicación del FPÖ está asociada a la bandera austriaca y el mensaje es claro: como sucede con el equivalente español, se quiere significar que todo el que no muestre ostentosamente esta simbología no es “patriota” o, peor, no es “español” (o austriaco, en nuestro caso) auténtico.

El resultado es una retórica llorica, sentimentalona, pasivo-agresiva y claramente frentista, en la que, de un lado, están los “patriotas” auténticos y del otro, los “traidores a la patria” o, en el lenguaje del FPÖ, “a la Volk”, al pueblo.

Hoy, de hecho, el canal de YouTube de la extrema derecha ha publicado una alocución de Herbert Kickl en la que llama “traidores” al Gobierno en pleno y, por extensión, a todas las personas que pensamos que en Austria se vive razonablemente bien.

Si se rasca bajo las palabras de Kickl no es difícil encontrar las morbosas fantasías de violencia y enfermedad que, mucho más evidentes, se encontraban en la retórica hitleriana. Esa visión de la “patria” como una madre virginal profanada (entonces por la presencia de judíos y hoy por la presencia de musulmanes) o un país llevado a la decadencia por “traidores” vendidos a intereses extranjeros (en este caso, la Unión Europea).

Imagine el lector por un momento que una persona sola dijera de sí misma y en el mismo tono, las cosas que los “patriotas” dicen de Austria. Una persona que hiciera una enmienda a la totalidad de su vida, que considerase todo su presente una mierda pinchada en un palo, que estuviera todo el tiempo en un estado de excitación histérica, que le echase la culpa a todo el mundo menos a ella misma de desgracias inexistentes que supuestamente la aquejan, que reaccionase exageradamente ante cualquier mínimo contratiempo ¿No estaría esta persona pidiendo a gritos ayuda psicológica?

El patriotismo sano o lo que a mí me parece que debería ser algo así, debería ser como la autoestima que siente una persona psicológicamente equilibrada. O sea, una tranquila fe en sus cualidades, que ayuda a apreciar también las cualidades de los demás. Un amor propio no excluyente, que lleva a apreciar a los otros y a querer que les vaya tan bien como le va a uno mismo. El patriotismo bueno es generoso, porque el patriotismo sano conlleva el sentimiento de orgullo de pertenencia a una comunidad, la de los seres humanos que habitamos este planeta.

Todo eso es lo que, bajo mi punto de vista, deberíamos celebrar hoy. Feliz fiesta nacional austriaca.


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