Se sentó, como es normal, presidiendo la mesa (para eso era su cumpleaños) y entre plato y plato, nos preguntó ávidamente sobre lo que había pasado en el país en el tiempo que él había estado fuera (o sea, desde el fin de semana en que Haider se dio la piña que le facturó, Dios mediante, al parlamento celestial). En Japón, A. había leido solo periódicos ingleses, en los que se había informado, con la exaustividad de que sólo los británicos son capaces, sobre pelos, señales, amantes destrozados y viudas que llevan los cuernos con dignidad. También se comentó en la mesa la reacción que había tenido Dagmar Koller en el salón del Ayuntamiento de Viena en el que se velaba el cadáver de su marido, el doktor Helmut Zilk. Algunos asistentes encontraron que la Operetten Diva favorita del redactor de VD había cargado un pelín las tintas con el tema del duelo y el mascado de clínex (severo tailleur negro, velo, dos mozancones sujetándola por las axilas, trémula, frente al ataud). Se trajeron a colación las epopéyicas peleas que el muerto y la viva habían enido en lugares públicos cuando aún la guadaña no les había separado; e, incluso, se recordaron unas declaraciones de Zilk en las que admitía no haberle tocado un pelo de la ropa a su santa esposa en las dos últimas décadas (castidad que todos encontramos fuertecilla incluso tratándose de un matrimonio de abuelos vieneses, por muy operetten diva y muy exalcalde que fueran ella y él).
Yo salí en defensa de la artista y, si me hubiera alcanzado el alemán, hubiera añadido a mis argumentos aquella copla castiza de “ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio”. La señora de la casa terció:
Los postres (tarta Sacher con coco, la preferida del homenajeado) se dedicaron a Japón.
A todos se nos puso cara de Ah! Y de Oh! Mientras A. explicaba cómo era ese parque temático del estrés hecho país. Que si nadie hablaba inglés, que si se había alimentado de arroz cocido con huevos duros (es vegetariano y en Japón la gente se lo come todo con pescado), que si japón era el paraiso de la tecnología…
Me tuvo que reconocer que no.

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