Quiero decir que los (casi) tres años que llevo viviendo aquí adquirieron un volumen. Y, de pronto, sentí mi vida española lejanísima. Como si le hubiera ocurrido a otra persona. Era como ver la propia biografía a vista de pájaro.
A veces me pasa que, de pronto, fragmentos de esa otra vida me saltan a la conciencia, y veo imágenes que hace mucho que dejé de ver.
Por ejemplo: el otro día, en el metro, vino a mi mente la palabra LIST.
LIST era un comando de aquel primitivísimo lenguaje de programación que se llamó BASIC. Servía para ver todas las líneas de aquellos programas que valían para sumar dos números, o para hacer juegos de preguntas de verdadero y falso (IF X=10 THEN GOTO…); incluso para hacer dibujos a base de x, ceros y guiones. El Atapuerca de mi relación con los ordenadores.
Empecé a aprender informática en sexto de EGB, más o menos a los once años (hace ya veintidós de eso). Los ordenadores estaban en un sótano con las ventanas muy altas (hoy es una tienda de muebles, antes fue una frutería). Las ventanas daban a un jardín que, en primavera, a las tres de la tarde, cuando entrábamos al colegio, daba frescor y olía a flores y a cemento recién regado. Las paredes estaban pintadas hasta la mitad de verde manzana, hasta el techo, de blanco.
Aquellos ordenadores (no recuerdo la marca, pero probablemente fuera IBM) estaban en unos armarios de madera clara, como ídolos negros. Porque eran de color negro antracita, eso lo recuerdo bien. Nos acercábamos a ellos con muchísimo respeto, porque eran carísimos y nos habían advertido seriamente sobre la posibilidad de cargarnoslos. Las clases de informática eran después del colegio, y después de mi clase de inglés, a las seis, dos veces por semana.
Aquel primer curso nos lo dio una chica muy guapa que había nacido en Venezuela, según nos explicó cuando nos conocímos (en aquella época era conveniente especificar este tipo de cosas para que nosotros venciéramos la extrañeza que nos provocaba su acento). Recuerdo todavía su aseada letra en la pizarra, y el hábito que tenía de hacer una raya en los ceros para distinguirlos de las oes.
Mis padres pagaban por aquellas clases, en las que aprendíamos los primeros rudimentos de lo que hoy me sirve para escribir este texto, unas 7.500 pesetas mensuales de mil novecientos ochenta y seis (cuarenta y ocho euros). Una fortuna. Un precio prohibitivo. Sobre todo teniendo en cuenta los párvulos conocimientos que adquiríamos (también es verdad que aquello, en aquel momento, era lo más de lo más).
Mi profesora, que probablemente llegó a la informática a través de sus estudios de lógica en Filosofía y Letras, sólo duró un año. Después, desapareció de mi vida.
¿Qué habrá sido de ella? Mientras el metro entraba en Meidlinghauptstrasse hice muchos esfuerzos por recordar cómo era la cara de aquella chica que hoy andará, seguramente, rondando los cincuenta años. No lo conseguí.
¿Por qué se fue de mi colegio? ¿Encontró trabajo en IBM, calle corazón de María, metro Alfonso XIII? ¿Volvió a Venezuela? Durante nueve meses, el niño de once años que fui, aquel chaval rellenito con la cazadora azul clarito y blanca, fue guiado a través de los misterios del Basic por una persona de voz agradable, caligrafía pulcra y legible, y acento poco corriente. Una persona que, después, desapareció para siempre.
¿En cuántas personas (compañeros de clase, de academias, de viajes, de teatros, de emigración) habré dejado yo una huella similar? ¿Para cuánta gente no seré más que una nota al margen, una cara, una voz, una noche o una hora o un café o una coincidencia, apenas el recuerdo borroso de una música o de un chiste?
Esta vida es un constante llamamiento a la humildad.
10 REM SUMA DE NUMEROS
20 INPUT “ESCRIBE UN NUMERO”,X
30 INPUT “ESCRIBE OTRO NUMERO”,Y
40 Z=X+Y
50 PRINT X “+” Y “=” Z
60 INPUT “QUIERES SUMAR MÁS NUMEROS?”;R$
70 IF R$=SI THEN GOTO 90
80 IF R$=SI THEN GOTO 20
90 PRINT “CHAU PESCAU”
100 END

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