Pero dado que m., fiel lectora y frecuente comentarista, me pidió ayer mi opinión sobre una noticia concreta (de muy escasa importancia desde el punto de vista de un residente en Austria, todo hay que decirlo) nos saltaremos la regla.
Según el confidencial.com, la hermana de la Princesa de Asturias, Sra. Telma Ortiz, interpuso ayer en un juzgado de Madrid una demanda por la cual solicitaba de los jueces amparo para que no se informase sobre su vida privada ni sobre la de su novio (un señor particular también) así como sobre la vida de su hija pequeña (asunto menos importante porque la ley la protege especialmente, por ser menor de edad).
Citaba en la demanda a una serie de medios y pedía que sólo se informase a propósito de su vida cuando esta se cruzase con la de la Familia Real en actos oficiales y protocolarios (esto es, y por lo que a ella respecta, “públicos”).
A mí, en principio, la demanda me parece enteramente lógica y para mí cae por su peso, aunque sólo sea por esto:
Yo tengo un hermano también. Imaginemos que mi hermano, en vez de haberse casado con una persona normal, como es el caso, se hubiera casado con Rosario Flores, o con la hija de Raphael, o con Penélope Cruz ¿Qué necesidad tendría yo de tener las cámaras de televisión de día y de noche delante de mi casa? Es más, siendo como yo soy un ciudadano silvestre, corriente y moliente ¿Qué interés podría tener para nadie mi vida normal, fuera de que yo fuera hermano de quien soy?
La Princesa de Asturias, aunque sólo fuera por lo que implica su trabajo, tiene obligación de dar el pego y de aparentar que es una señora perfecta, sin más sentimientos que los protocolarios. Pero ¿Telma Ortiz? ¿Por qué tiene que estar sometida Telma Ortiz a la misma presión sólo por ser su hermana? Es más, repito: ¿La vida de Telma Ortiz tiene algún interés para alguien?
Yo conozco la tele por dentro –aunque ese conocimiento previo no hace falta: basta con sentarse delante de la caja imbécil- y sé la presión brutal a la que están sometidas las personas cuya vida llega a ser pública. Una presión que, en el caso de los Ortiz, ha costado ya una vida. La hermana de Letizia Ortiz, la pobre chica, se suicidó porque, simplemente, no pudo aguantar sentirse todo el santo día en el punto de mira. Y aunque hay gente que necesita salir en la tele como el respirar, hay otras personas que sólo quieren que las dejen en paz. Letizia Ortiz puede haberse casado con el hijo del rey, pero el resto de su familia no.
Contra esta pretensión (justísima, a mi juicio) habrá varios argumentos, a cual más torticero. Tendremos el:

Deja una respuesta