Pero (aparte del pronto y del calentón) el rey no ha mandado callar, como finge creer el jefe de estado tropical, debido a ninguna animosidad histórica, sino para certificar, con luz y taquígrafos como se suele decir, que Hugo Chávez es un brasas irredento que no es capaz de callarse cuando otra persona está hablando (circunstancia indispensable para que se produzca un diálogo mínimamente fructífero).
A pesar de la opinión que me merece el mandatario venezolano (que no hace falta que repita) y de la que me merecen los reyes en general (algo más entrañable, pero no mucho más fervorosa) creo que el rey Juan Carlos debería haberse ahorrado el calentón que le ha puesto un poco a la altura del Tomate, y que le ha dado gas al otro para que se despache con los brochazos de humor gordo a los que nos tiene acostumbrados. Porque HC es una máquina de inventar chistes para consumo tabernario y en lo que llevamos después del incidente ya ha soltado tres o cuatro de esas que hacen subir el pan.
La indulgencia de la que HC goza entre determinados grupos de personas en principio cultas, me sigue dejando estupefacto, y sólo la puedo entender desde la crisis de líderes por la que pasa el planeta. Pero, aún así, me resulta curioso que lo que es moneda de uso común en las perversas democracias burguesas (o sea, ese mínimo imprescindible de espíritu crítico) sea imposible, e incluso pecaminoso, para los que contemplan la realidad latinoamericana desde la cómoda barrera de sus sueldos europeos y de sus vidas llenas de pequeños lujos impensables en los paraísos socialistas que dicen preconizar.Personas que han dejado atrás la primera juventud (muchos austríacos me vienen a la cabeza) que se dicen de izquierdas y a las que les brillan los ojos al hablar de Fidel Castro o de Evo Morales o del propio Hugo Chávez, pero que no vivirían jamás en países sometidos, por ejemplo, a la rigurosa dieta intelectual y de opinión que sufren los ciudadanos de Cuba o de Venezuela (las dietas alimentarias no son todas responsabilidad de la incuria de los gobiernos de esos países, así que las dejo aparte).
Para muchas personas, los países socialistas de América Latina vienen a ser lo que, para los austríacos, es España desde tiempo inmemorial. Ese lugar en donde siempre es verano y reinan la siesta y la fraternidad universal. Uno comprende que cuando uno mira a su alrededor y hace frío, y todo es gris, y ve que este sistema en el que vivimos nos explota, nos cosifica y nos deshumaniza, la realidad diaria se vuelve más soportable si se piensa que en algún lugar, más allá del mar, brilla la concordia, suena la bachata todo el rato y se han borrado las clases (nunca se borran, se sustituyen por otras). Pero ese recurso no deja de ser una muleta para no enfrentarse a lo que todo el mundo sabe: que en todas partes cuecen habas.Realidades tan planas y estampas tan idílicas sólo son aptas para cerebros perroflauta o para pintores de murales de palacio de partido único.
El rey quizá sea un señor mayor, representante de una institución rancia sin ninguna oportunidad de perdurar en este mundo; pero si la alternativa es Hugo Chávez y su verborrea incansable…Qué pereza, Dios bendito. Qué pereza.

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