La «Venus de Willendorf» (foto: wikipedia)
Ellos las prefieren prehistóricas

9 de Agosto.- El Wachau, en mi opinión, es una de las zonas más bonitas de Austria, y a la que siempre vuelvo con gusto. Se trata de un zona agrícola que es famosa hoy en día, aparte de por su encanto turístico, por los riquísimos albaricoques (Marillen, en lengua vernácula) con los que se elaboran desde delicias reposteras (sin ir más lejos, la tarta Sacher) hasta unos schnaps que lo desatascan todo.
La región del Wachau ha sido muy fértil desde tiempos prehistóricos y esta característica, además de su posición estratégica (hay un par de alturas medianas que dominan el Danubio y que se han utilizado a lo largo de la historia para ubicar fortalezas) han hecho que, desde que el hombre es hombre, el Wachau haya estado habitado.
Hace exactamente 100 años, en la localidad de Willendorf, el arqueólogo Josef Szombathy descubrió una figurilla de algo más de 11 centímetros de alto, a la que, inmediatamente, se bautizó como Venus de Willendorf. El descubrimiento le trajo una suerte relativa: Szombathy fundó el departamento de prehistoria del Naturhistorisches Museum de Viena, pero, al estallar la guerra mundial, su condición de judío hizo que se le deportase y terminó (pobre) muriendo en un campo de concentración.
La Venus de Willendorf es la estatuilla de una mujer muy obesa cuya cara no es visible, por estar tapada por lo que parece un peinado o podría ser una capucha. Un artista desconocido, de hace entre 22.000 y 24000 años, la esculpió y luego la pintó de ocre. Sus motivos nos son absolutamente ignotos. Los científicos, cuando la descubrieron, supusieron que, debido a lo exagerado de sus atributos, nuestra Venus, esculpida en una clase de piedra caliza que no se da en las proximidades de Willendorf, representaba algún tipo de emblema de la fertilidad. Hoy, los arqueólogos no se atreven a aventurar una hipótesis al respecto. Incluso, hay una escuela rebelde de estudiosos del pasado a la que le molesta singularmente que la estatuilla sea conocida como Venus, y que incluso se la identifique con un modelo de belleza prehistórica. Dicen que este tipo de atribuciones pertenecen más al contaminado contexto cultural en el cual la figura fue descubierta y que mejor haríamos en no dejarnos desorientar por prejuicios que no dudan en calificar de machistas.
El hecho de que la figurilla no tenga pies (porque se hayan perdido o, más probablemente, porque no se hayan representado) ha llevado a los hombres y mujeres que han estudiado esta enigmática pieza a pensar que, quizá, la ciudadana más antigua de Willendorf fuera un amuleto y no estuviera diseñada para ser colocada en ningún sitio (posición más frecuente de los ídolos) asimismo, algunos valientes opinan que podría tratarse de un incómodo adminículo destinado a ser insertado en la vagina durante los rituales de fertilidad.
Con ocasión del centenario de su descubrimiento, la Venus de Willendorf ha sido transladada al lugar en que fue descubierta, para formar parte de una gran exposición. Normalmente, se guarda en el Naturhistorisches Museum de Viena, en la plaza de Maria Theresia. Para el delicado encargo de trasladar la figura se ha elegido a la piloto Eva Berginc, de 24 años. Cuando la exposición se termine, la figura volverá a Viena bien por aire o, si el tiempo no lo permitiese, mediante un convoy escoltado.
Por cierto, últimas noticias olímpicas: el judoka salzburgués Ludwig Paischer le ha dado a Austria su primera medalla –plata- y parece ser que la pierna de Marcus Rogan ha dejado de darle disgustos y le permitirá competir sin mayores contratiempos este domingo.
El judoka salzburgués Ludwig Paischer (foto: www.kurier.at)
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