La raja de tu falda


 

30 de Octubre.- Uno aterriza en los mejores momentos de la vida casi sin proponérselo. Por ejemplo, ayer por la tarde, quedamos mi primo N. y yo para recoger en su trabajo a M., al objeto deacompañarle a una fiesta algo rara que una conocida celebraba en la cantina de una escuela; de la cual (la cantina) esta conocida es encargada.
Cuando entramos en el local el aspecto de la gente reunida era bastante mortecino, la verdad. Una chica bastante pasada de peso pinchaba canciones en un ordenador conectado a unos altavoces que emitían un sonido ratonero; algunas mujeres maduras de inconfundible aire profesoral llevaban el ritmo de la música con la cabeza, con esa insistencia algo monjil que dan ciertas carreras docentes demasiado prolongadas; el jefe del tinglado, visiblemente empapado en alcohol, se balanceaba sentado en una silla corriendo el grave riesgo de terminar con una tetraplejia de resultas de una mala caída. Completaban el cuadro unas chicas amigas de la oronda pinchadiscos y un tipo con pinta de escritor sin lectores que, algo alejado, sorbía una cerveza detrás de otra siempre al borde de la narcolepsia.
N., M., y yo nos miramos y, dispuestos a sufrir lo menos posible aquel ambiente casi luctuoso, elegimos una mesa apartada en la cual poder hablar de nuestras cosas sin mayores distracciones. Nos estábamos echando unas risas cuando una de las camareras se acercó a nosotros con un papel y un bolígrafo verde y nos preguntó si teníamos alguna petición musical.

Dado que hasta entonces y salvo una rápida incursión en los Rolling de los sesenta (qué miedito) la música le hubiera encantado a Doris Day; N., M., y yo decidimos poner un poco de alegría en aquel cotarro. Unanimemente, decidimos que, si Estopa no levantaba aquello, es que el fin del mundo estaba próximo. Así que, con letra segura y tinta verde, yo escribí “Estopa: La Raja de tu Falda”; y, por si acaso, añadí entre paréntesis “Spanisches Rumba”; esta aclaración venció un poco las reticencias iniciales de la camarera pero no pudo evitar que, aún así, levantara las cejas. M. Pidió Lola de The Kinks (¿Los kinkis?) y, cuando la camarera se alejaba con la lista, se acordó de Borriquito.
¿Quién cantaba esto?
-Peret.
Garabateó el nombre en la hoja y se la devolvió a la kellnerin.
Fueron transcurriendo las canciones (y las cervezas), el ambiente se fue espesando, el alcohol propició una cierta solidaridad (tanta como para que yo le preguntara a una de las profesoras quién cantaba una tierna balada que resultó ser de Georges Moustaki). Y hete aquí que empezó a sonar Estopa. N. y yo nos miramos y empezamos a cantar La Raja de tu Falda (nos la sabemos). Por un momento, pareció que la realidad en blanco y negro se coloreaba. Esperábamos que la gente se levantara de sus sillas y se pusiera a bailar pero, al mirar, comprobamos que seguían sorbiendo sus bebidas con aire manifiestamente mustio.
Cuando la canción terminó se hizo un silencio cansado como la sangre de nuestros últimos Habsburgo, nos miraron y estuvo claro que habían localizado a dos indivíduos de hemoglobina hirviente con todo lo que eso implica en las mentes austriacas (o sea, que quedamos emparentados en las neuronas nativas con los toreros y las gitanas que llevan la faca escondida en la liga).  Sonó La Vie en Rose y todo pareció volver a la normalidad pre-Estopa. Pero no era así. Tras un par de cervezas, la gordi pinchó, creyendo hacernos uno honor a N. y a mí, la Marcha Real (por cierto creo que la misma versión –arreglo y orquestación- que la que salía en TVE cuando se terminaba la programación). N. y yo, comprendiendo que era una extraña fineza que nos hacían sonreímos y correspondimos pidiendo el himno nacional austriaco (ahora que lo pienso, aquello parecía un partido de Eurocopa, pero bueno). Fue empezar a sonar el Land der Bergen y empezar a sonar pitos aborígenes.
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8 Responses to La raja de tu falda

  1. !Cuánto me has hecho reír hoy y qué falta me hacía reírme así!
    Me ha gustado sobretodo tu descripción de los personajes que había en la fiesta. Lo de la profesión que pesa demasiado y el aire monjil que eso dá… es, no sé explicarlo, como si hubieras puesto sobre la pantalla un pensamiento de mi inconsciente que yo nunca hubiera materializado.
    Y no había nunca el himno de Austria, otra cosa más que he aprendido. Pues sí, en lo de los silbidos nos parecemos.
    Un abrazo!

  2. JOAKO dice:

    Si a mi me piden una petición musical la lío…pido la marcha Radeschki (no sé como se escribe) y a ver que pasa.

  3. María dice:

    Si hubieses pedido «La Macarena» puede que hubieses conseguido algo. Ja, ja…

  4. Una de nuestras leyes no escritas de juventud era que las mejores fiestas eran aquellas a las que íbas por ir y de las que no esperabas nada.

  5. amelche dice:

    ¡Ja, ja, ja! Siempre me ha gustado «La raja de tu falda», creo que no me sé ninguna canción más de Estopa. La última vez que viví en Irlanda del Norte (curso 2002-2003)llegué en plena euforia por las Ketchup (de las cuales nunca más se supo, ¿no?) y en todos los pubs ponían esa canción, incluso en la versión española. Y los irlandeses eran más lanzados para bailar que los austriacos, ¿eh? Sí que se animaban.

    Dios mío, espero que, por muchos años que cumpla en la docencia, nunca tenga ese aire monjil que dices…

  6. Pingback: La raja...De tu falda | Viena Directo

  7. Primo N. dice:

    Primo!!!

    Recuerdo aquella noche: aquel ambiente oscuro, deprimente y triste (más triste si cabe porque se trataba de una fiesta); la desolación que transmitían algunos de los invitados; ese intento, infructuoso, de animar la fiesta a golpe de canción; la decoración otoñal de las mesas (hojas marchitas junto a personas marchitándose lentamente en su grisura), las patatas en forma de corazón, la «anfitriona» pasada de trago, tratando de ser divertida y siendo desagradable y ofensiva, y ese oasis de la «raja de tu falda» cantada a voz en grito (seguida de una canción aborigen que decía «iolerí ioleró, halí haló).

    Y, pese a lo sombrío, tengo un buen recuerdo de aquella noche…

    Un fuerte abrazo, primo!

    • Paco Bernal dice:

      Ay primo!!! Yo me acuerdo de la cara tan diplomática que pusiste cuando la fulani aquella nos estuvo contando cómo miraba a sus vecinos mientras se duchaban por la mañana jajaja. Las criaturas es que están fatal de las cabezas jajaja. Y sí, «La raja de tu falda» fue un oasis. Un día tengo que escribir de la noche de verano aquella en que fuimos al bar Las Palmas y la dueña no nos dejó pasar creyendo que éramos yugoslavos: «Váyanse ustedes a su bar, que está ahí enfrente» ¿Te acuerdas? jajaja.

      Un abrazo fuerte, primo, cuídate 🙂

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