Sexo en el metro y otros incentivos para la natalidad

U-Bahn
A veces, las urgencias te pueden pillar en el sitio más inesperado

 

2 de Septiembre.- Hoy los vieneses estamos de enhorabuena: se cumple un año desde que el metro que atraviesa esta ciudad como un laborioso gusano que trabajase por sus túneles, funciona todos los fines de semana de manera ininterrumpida.

La implantación de los turnos de noche, tras largas discusiones, a inciativa del entonces jefe de la juventud del Partido Popular y hoy Secretario de Estado (el jovencísimo Sebastian Kurz) ha sido más noticia por lo que no ha pasado que por lo se temía que pasara.

Me explico.

La noche tiene fama de ser el territorio canalla en donde aúllan los gatos y brillan los filos de las navajas. Las autoridades vienesas esperaban que, estando abierto el ferrocarril subterráneo también en sesión golfa, sus instalaciones se convertirían pronto en escenario para los incidentes que acaecen a veces cuando el personal supera los porcentajes razonables de alcohol en sangre.

Así pues, durante los primeros meses, se colocó en cada convoy una pareja de policías por si las moscas.

Pero los vieneses, incluso cuando están como una cuba, son tan civilizados que, al objeto de no tirar el dinero en tonterías, la municipalidad decidió, al cabo de un tiempo, retirar la presencia policial.

Las nocturnidades quedaron huérfanas de porras y, que se sepa, hasta hoy no han tenido que volver.

Lugar para la violencia, para la guerra, como si dijéramos, ha habido poco durante estos trescientos sesenta y cinco días. En compensación, algunos habitantes de esta ciudad se han ocupado laboriosamente en los trabajos del amor. Circuló profusamente por internet –la prensa más piojosa se hizo eco, cómo no- un vídeo grabado con un móvil en el que una pareja se entregaba con ardor al pasatiempo más viejo del mundo, convirtiendo el vagón de metro, por un momento, en un remedo de ese paraíso terrestre en donde Adán y Eva andaban en bolas cediendo a los apretones de la carne detrás de cada árbol sin ningún asomo de culpabilidad.

Dada la afición de los vieneses a la gimnasia amatoria subterránea, quién sabe si, durante estas idas y venidas del metro, no fue concebido alguno de los 135 niños que motivaron que sus padres,  empleados del sector público, se cogieran un mes de vacaciones (sin paga) para estar con sus churumbeles.

En este caso padre quiere decir exactamente eso: progenitor varón.

Desde el mes de marzo de este año los nuevos papás pueden cogerse cuatro semanas de pausa para ayudar a sus santas y estar con sus churumbeles en esos primeros momentos, siempre tan difíciles, en los que hay que organizar una casa tras la venida de una criatura al mundo.

A la vista de los resultados, la ministra que se ocupa del funcionariado austriaco, Sra. Hanis-Hosek, habla de un éxito (“sin paliativos”, que hubiera dicho cualquier ministro de los nuestros). En declarariones a la Agencia Austriaca de Noticias (APA) la ministra, sin caber en sí de gozo, ha declarado que “la mayoría de los hombres que se toman estas cuatro semanas de vacaciones se quedan con ganas de más. Así pues, es probable que el ministerio se plantee pronto la ampliación de la excedencia paternal que ya pueden disfrutar los varones austriacos si se ponen de acuerdo con sus santas.

Dado el éxito del experimento, el Gobierno austriaco se plantea la posibilidad de extender el llamado “Papa-Monat” al sector privado, a ver si los austriacos se animan a tener chiquillos, que buena falta hace.

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