Bruno Balz: el artífice de la banda sonora de la alemania nazi

Bruno Balz: el genio oculto de la Alemania nazi

 

22 de Enero.- Durante los años treinta y cuarenta, la cultura popular austriaca estuvo muy vinculada a la cultura popular alemana. Aún hoy, cuando han pasado más de sesenta años desde el final de la contienda mundial, son mayoría los artistas teutones que “operan” indistintamente en los tres países que tienen al alemán como lengua general (grandes zonas de Suiza, Alemania y Austria misma).
Los tres Estados comparten, pues, una herencia musical notable. Hoy, hablaremos de uno de los mayores artífices de esa herencia. Se trata del letrista Bruno Balz: el hombre que inventó a Zarah Leander.
Leander, sueca de nacimiento, fue la estrella máxima del firmamento de las películas musicales durante los tiempos de la impía barbarie nazi. Era la heroína de historias de amor en películas puestas a su servicio, durante las cuales interpretaba canciones con su voz rasposa. Bruno Balz fue el artífice de las letras de la mayoría de esas canciones. Las mismas que, junto con su homosexualidad, estuvieron a punto de llevarle al campo de concentración y a la muerte.
Balz nació en Berlín en 1902 y ya con 17 años se presentó ante Magnus Hirschfeld, director a la sazón del Instituto berlinés para la investigación sexual, y rellenó un formulario en donde se presentaba a sí mismo como schwul (o sea, gay). Pronto, se enroló en el Movimiento Homosexual Alemán (Homosexuellen-Bewegung) y se convirtió en un prolífico activista de los derechos de los gays, lo cual se reflejó también en algunas de sus canciones más famosas las cuales, fueron acogidas con el consabido guiño de ojos y el consabido codazo por aquellos gays que estaban en la pomada (el título de una de ellas, cantada por Zarah Leander, Kann die Liebe Sünde sein? –¿Puede ser pecado el amor?- deja lugar a pocas dudas.
A finales de los veinte, en el efervescente Berlín de la posguerra, Balz se había convertido ya un letrista solicitadísimo. Tanto, que escribió las canciones para la primera película sonora alemana Dich Habe Ich Geliebt. La llegada a los nazis del poder cambió su vida como la de otra mucha gente.
A causa de la legislación homófoba del tercer Reich, Balz pasó algunos meses de 1936 en la cárcel. Fue liberado por intercesión de Goebbels el cual vio en Balz un genio que podía ayudarle en su labor propagandística. Las condiciones bajo las que Balz fue liberado fueron, sin embargo, draconianas, y hubieran terminado con la autoestima de otro tipo con menos gónadas que nuestro hombre: podría seguir trabajando (es más, se le conminaba a que trabajara) pero su nombre no podría ser nunca más publicado, ni fotos suyas podrían aparecer en la prensa. Asimismo, se le obligó a casarse. Se encontró para ello a Selma, una camarada del Partido, procedente de Pomerania, que accedió a contraer matrimonio con el pobre Balz.
A pesar de todo, nuestro valiente protagonista, no se dejó amilanar y continuó diciendo con sus letras lo que  nadie se atrevía a decir en alto en la Alemania de Hitler. Con el compositor Michael Jary –que le salvaría la vida a la postre- formó un tandem imbatible que compuso éxito tras éxito.
En 1941, Balz fue detenido por la GESTAPO al ser sorprendido en actitud comprometida con un joven –más o menos, sólo que sin Gestapo, le pasó a George Michael hace algunos años, como mis lectores recordarán-. Balz fue llevado a la sede de la Policía Política nazi en la Prinz-Eugen-Strasse de Berlín y allí fue salvajemente torturado durante varios días. Hasta que sucedió algo que, no por menos terrible, es menos típico de aquellos salvajes años.
Michael Jary, ario, heterosexual, compositor inseparable de Balz, se queja ante el ministro de propaganda Goebbels de que, sin Balz, no puede entregar las canciones que la UFA necesita para el próximo vehículo de Zarah Leander, Die Grosse Liebe (El Gran Amor). Entonces, la policía saca literalmente al pobre Balz de la celda, le lleva a un barracón y, tras ponerle delante de un lapiz y un papel, le da veinticuatro horas para que componga dos canciones que levanten la moral a las tropas que, debido a la marcha de la guerra, han dejado de creerse los discursos de Hitler.
En esas condiciones, Balz compone la que es, probablemente, su mejor canción Ich weiß, es wird einmal ein Wunder gescheh’n“ (Sé que, algún día, sucederá un milagro) que Leander interpreta, estatuaria, entre coristas arias que en realidad son soldados arios disfrazados de mujer y „Davon geht die Welt nicht unter“ (Por eso no se acaba el mundo) una canción que invitaba a quitarle hierro a los desastres de la guerra.
Balz sobrevivió a la contienda, pero su vida no fue más fácil que en la Alemania nazi. La granjera pomerana con la que Goebbels le había casado, Selma, se negó a divorciarse de él y la homosexualidad seguía siendo un delito en la Alemania de posguerra (el famoso párrafo 175 del código penal alemán no sería cambiado hasta los años sesenta). Aún así, Balz tuvo tiempo de componer canciones como Die Beine von Dolores (Las Piernas de Dolores) una de las pieces de Resistance del vienés Peter Alexander y Mama, que fue interpretada por Hentje, el Joselito alemán y que barrió las listas de Hit Parades.
Balz murió en 1988 y prohibió en su testamento que, durante los diez años después de su fallecimiento, se hablase de él. En 1998, su pareja, Jürgen Draeger, empezó a ordenar su legado para devolverle el lugar que se merece en la cultura popular alemana.

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