Intermezzo (1/2): Mussolini y «Jesulini»

L´Uomo Vogue
A.V.D.

21 de Mayo.- Hace ya algunos años, se produjo en la televisión española una acalorada discusión.

En el marco de un debate sobre el siempre socorrido tema de los toros, Jesulín, la virginidad alfabética hecha carne,  y Fernando Sánchez-Dragó –un señor que lleva décadas viviendo de decir, como si tal, cosas más o menos polémicas- se enfrentaron porque el escritor se puso a pontificar diciendo que, en el arte de la tauromaquia, la idolatría de la testiculina estaba de más porque, en lo de Cúchares, era evidente que el torero era la parte femenina y el animal la encarnación de la masculinidad.

Para demostrar la certeza de su tesis, aducía el literato que, mientras el toro comparece al duelo desnudo de todo adorno, el torero es un ascua de lentejuelas y alamares, estando siempre sus esbeltas carnes ceñidas por sedas de colores para alegría de la afición femenina –y del diez por ciento de la masculina- que siempre cree columbrar el voltaje de las pilas del traje de luces escondidas en la taleguilla.

Jesulín, como todo el mundo sabe, no es muy dado a disquisiciones filosóficas y pensó que el escritor le estaba llamando por lo fino una de esas cosas que, referidas a cualquier personaje público, se dejan escritas en las puertas de los servicios de caballeros de tal manera que, de no haber intervenido el presentador (creo recordar que era Hermida, pero puedo estar equivocado) la hemoglobina hubiera llegado a la corriente del Manzanares y hubiéramos tenido que haber lamentado daños personales.

Al estar en Italia, uno no tiene más remedio que acordarse de este encontronazo porque, al mirar cómo hablan los italianos, cómo gesticulan, cómo accionan pero, sobre todo, cómo visten, uno tiene la sensación de que el mito del machismo italiano no es más que una respuesta compensatoria de los hombres de esa península, al mirarse al espejo y reconocerse un lado sumamente femenino.

El maschio italiano se arregla para gustar mucho más que las italianas y hace uso de una manera de llevar la ropa que, en Austria, sólo gastan ese tipo de mujeres que una amiga mía llama “el putón que hay en todas las bodas”. Hasta el punto que es un milagro que, llevando el tiro de los pantalones como lo llevan, sigan naciendo niños en la Península Itálica y los nacionales no sucumban de un estrangulamiento súbito del güevamen.

Esta manera de ser del hombre italiano, repito, cómo gesticulan, cómo hablan, en qué posiciones se ponen (siempre en grupo) a mirar cómo pasan las mujeres o a sorber alegremente copas de Aperol bien frío mientras charlan de lo que ha hecho la Vecchia Signora –la Iuventus- en la última jornada del Calcio, hace entender los esfuerzos (inútiles) de Silvio Berlusconi por disimular su decrepitud a base de bisturí y de tintes que le dejaban la rala pelambre pegada al cráneo como la peluca de plástico de un Airgamboy.

O las poses (cerriles, pero que enardecían a las italianas) de Mussolini (poses que, como todo el mundo sabe, el dictador italiano imitó de un forzudo del cine mudo que se llamaba Maciste); o la afición del fascista a trotar por la playa sin camisa, caballero de una jaca blanca, la mirada jesulínica puesta en un horizonte marcial y art decó.

Fue en una de estas cabalgatas por la playa cuando Mussolini conoció a Clara –Claretta- Petacci, su amante. Al contrario que Eva Braun, su colega germánica, que no tenía nada en el tiesto, la Petacci contaba con un buen juego de neuronas y,una vez se aseguró de que Il Duce (Il Duce, Il Cavaliere…La historia se ripette piú que el chorizi) se la iba a llevar al letto más de una vez, se apresuró a abrir un negociado en el que, aparte de colocar a su familia, conseguía cosas a cambio de un modesto –o no- estipendio. Por lo que pudiera pasar –y de hecho pasó-.

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3 Responses to Intermezzo (1/2): Mussolini y «Jesulini»

  1. M. dice:

    ¿No fue éste el programa en el que Jesulín se bajó los pantalones y enseñó su (único) testículo? Qué tiempos y qué recuerdos. Lo del güevamen que comentas lo comprobaré mañana, que tengo un compañero italiano y me has hecho entrar la curiosidad. Discretamente, por supuesto.

    • Paco Bernal dice:

      No jajajaja! Sólo se bajó los pantalones y enseñó las cicatrices. Fue, si no recuerdo mal, en un Queremos Saber de Mercedes Milá, en Antena 3.

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