Hasta el potorren

Al pie del árbol
Los Janeiro y los Scheuch, dos vidas paralelas (A.V.D.)

2 de Agosto.- Hay situaciones de la vida austriaca que a uno, las cosas como son, le retrotraen.

Verán mis lectores.

Los hermanos Scheuch, Uwe y Kurt, junto con sus mujeres y sus proles respectivas, ocupan una casa presumiblemente grande en una localidad rural de Carintia.

De las declaraciones que ayer hizo ante la prensa Kurt se deduce que, entre las dos familias, reina el mismo tipo de intimidad que, en su día, provocó el divorcio entre Jesulín de Ubrique y Belén Esteban, el cual tuvo como consecuencia más directa que la hija de ambos, Andre(it)a Janeiro, se convirtiera en una criatura de las que se come el pollo cada fin de semana en el domicilio uno de sus progenitores.

Uno de los motivos que adujo Esteban para romper su relación con el diestro jienense fue que, cada noche, una vez alimentado el tigre Currupipi con los correspondientes pedazos de carne cruda y recién acostada la pareja en su alcoba de Ambiciones, la madre del torero entraba (sin llamar, probablemente) y dejaba un vaso de Cola-cao en la mesilla de Jesulín.

Tales muestras de maternal solicitud las encontraba Belén sumamente incompatibles con la intimidad matrimonial y, ante el fracaso del ultimatum que le dio al torero y que terminó con la negativa del maestro del capote a renunciar a su Cola-cao nocturno, la Esteban, como todo el mundo sabe, lió el petate y se tuvo que buscar las habichuelas como Princesa del Pueblo.

(Las habichuelas no, por cierto, porque, según un reportaje que echaron en El Mundo, en el plató de Salvame sólo se comen hamburguesas de una conocida marca americana).

Volviendo a Austria: mientras Kurt Scheuch contaba las circunstancias en las que había sabido de la intención de su hermano de retirarse de la vida política (para concentrarse en sus juicios) era inevitable pensar en su pobre mujer.

Contaba Kurt –“llorando de los ojos” que hubiera dicho el anónimo autor del Cantar de Mío Cid– que, siendo ya la noche cerrada del pasado martes, se llegó su hermano Uwe a su alcoba y, sentándose en su lecho matrimonial, le dijo: “Mira, no quiero seguir más: quiero dejar la política” y que, acto seguido, los dos hermanos se pasaron hasta altas horas debatiendo la jugada de la sucesión de Uwe al frente de la rama Carintia del FPÖ.

Esta escena, planteaba una serie de preguntas, la primera de las cuales es: dada la afinidad ideológica de los dos hermanos Scheuch ¿Serían frecuentes estas visitas nocturnas? Es más ¿Serían recíprocas? ¿Hará también acto de presencia Kurt Scheuch a horas intempestivas en el dormitorio de su hermano Uwe? ¿Estarán las dos concuñadas hasta el mismísimo potorren –con perdón- de tener que soportar estas conferencias en sus respectivas alcobas noche sí y noche también? ¿Serán los hermanos Scheuch, al igual que el diestro de Ubrique, partidarios del Cola-cao –Ovomaltine, en el caso que nos ocupa- o del güiskazo, a la hora de conferenciar sobre el devenir político de Carintia y, por ende, del resto del Estado austriaco? ¿El nuevo jefe del FPÖ en Carintia nos regalará en el futuro con más descripciones de escenas parecidas, las cuales desprenden un inconfundible aroma a Los Soprano?

Lo único que está claro es que ayer Uwe Scheuch abdicó en su hermano Kurt para que se hiciera cargo de todos sus cometidos políticos (entre ellos, el de guardar la caja de la pasta y el archivo de truenos que deben de ser los papeles que dejó el mentor de ambos, el desaprecido Jörg Haider) y quién sabe si también ordenar las sucesivas reposiciones del stock de cacao soluble, que nunca se sabe en qué bretes te puede poner la justicia para que tu hermano te eche un cable.

Pobres concuñadas.

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Un comentario a Hasta el potorren

  1. Imma dice:

    BUENISIMO!
    la comparacion es divertidisima jajaja!
    (perdona que escriba tan mal, lo del teclado ingles no es lo mio)
    Un beso!

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