El paro en Austria

Trabajador
Trabajador (A.V.D.)

3 de Agosto.- Como bloguero responsable, una de mis ocupaciones cotidianas es analizar las estadísticas de visitas de este blog y los términos de búsqueda que conducen a sus lectores hasta él.

De este análisis es fácil deducir que una de las razones por las que los españoles vienen a parar a Viena Directo es debido a que, tras una pequeña investigación, está tirado enterarse de que en Austria hay muy poquito paro.

De hecho, esta pequeña república es, con mucho margen, el país de la Europa de los 27 en donde la tasa de desempleo es más reducida (según los criterios austriacos, más estrictos que los de la Unión, el indicador rondaría el 6 por ciento; mientras que el índice unificado de las instituciones europeas habla de un envidiable 4,5%; una tasa de paro parecida a la que tenía España cuando era un país en el que el dinero corría a troche y moche).

Dadas estas cifras, sobre las que “se froya” (muy lógicamente) el Gobierno austriaco, es muy fácil, y de hecho pasa mucho, que los visitantes de Viena Directo saquen conclusiones falsas y se imaginen un paisaje cuajadito de perros atados con longanizas.

Y se equivocan no sólo en el sentido de que, como yo no me canso de repetir, encontrar trabajo en Austria, sin hablar alemán y sin tener contactos es difícil, sino que, también, desde los poderes públicos, se intenta que los parados que vienen a Austria trayéndose su desempleo de otros países lo tengan más crudo que aquellos que han perdido su trabajo aquí, sean estos nacionales o de importación (aclaro).

Para empezar, el servicio austriaco de empleo, AMS, ofrece una serie de ayudas a aquellas personas que no tienen trabajo a las que no se accede automáticamente solo por el hecho de establecerse aquí.

Para poder optar, por ejemplo, a cursos de alemán financiados por el Servicio Público de Empleo hay que haber cotizado por lo menos doce meses de los últimos catorce. Igual sucede con los cursos (muy eficaces y muy útiles, por cierto) que te asignan cuando te quedas sin trabajo, en los que te enseñan, por ejemplo, a confeccionar currículos o a elaborar bonitas cartas de presentación para acompañarlos.

Si bien, cuando llegas de España con una mano detrás y otra delante, esta actitud de cerrazón –insolidaridad, lo llaman algunos- del Estado austriaco fastidia bastante, también hay que reconocer  que tiene su lógica: si, cuando llegas procedente de algún país ignoto –aunque sea de la Unión- no has pagado impuestos en Austria, resulta normal que los contribuyentes de este pequeño país se muestren poco inclinados a financiarte cosas para que te puedas integrar en un mercado de trabajo que, al fin y al cabo, antes de tu llegada, vivía sin ti perfectamente feliz.

Se trata, como es natural, de desactivar el “efecto llamada”.

Otra de las cosas a las que no se accede automáticamente si no se ha cotizado por lo menos un año es a una renta de carácter asistencial e indefinido que se llama Notstandhilfe o Ayuda para Situaciones de Emergencia.

Se trata de una cantidad de dinero mensual, proporcional al último sueldo, a la que se tiene derecho si se han agotado todos los subsidios del paro y no se cuenta con otro medio de vida.

La percepción de esta renta está condicionada también, como es lógico.

Deja de percibirse si no se asiste a los cursos de capacitación laboral que tus “Consejeros” del AMS te asignan o si estos “Consejeros” opinan que no buscas trabajo con el suficiente ahínco.

Hay que aclarar que, en Austria, cuando el estado asigna a los desempleados a un “Consejero” que “se sienta”, según la feliz expresión vernácula, en la oficina de empleo que esté más cerca de tu domicilio. Estas personas son las que gestionan los cursos que haces y a las que les tienes que enseñar las pruebas de que has hecho entrevistas o de que has respondido a ofertas de trabajo. Yo creo que, aparte del lógico volumen de actividad económica, esa es una de las claves de que, en Austria, haya tan poco paro: la atención (casi) personalizada que reciben los parados cuando se encuentran en situación de buscar algún curro para ganarse el pan de sus niños.

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