Guiso de conejo a la carintia

De colores
¿Dónde está el conejillo? (A.V.D.)

9 de Agosto.- Otra de pelis: una de las mejores escenas de La Lista de Schindler es la del robo del conejo (si no recuerdo mal era un conejo lo que robaban).

Los guardianes de Auschwitz caen en la cuenta de que los internos han robado un conejo y los ponen en fila bajo la esteparia mañana del campo de concentración. Formados los presos, el nazi que protagoniza la escena ladra que, si no delatan al culpable, se irá cepillando reclusos hasta que aparezca. Cunde el silencio en las filas hebreas, hasta que al nazi se le infla el cañón de la pistola y le descerraja a un pobre tipo un tiro en la cabeza. El preso cae tieso instantáneamente y el SS, aún con la pistola humeante, mira a la contrita fila de judíos como preguntando quién va a ser el siguiente. Entonces, un niño da un paso al frente. El hijo de puta del guardián del campo se acerca a chiquillo y le pregunta si sabe quién robó el conejo y entonces el niño, mirando al suelo, extiende el brazo y señala al muerto.

Antes de ayer, en Viena, sucedió algo muy parecido.

Heinz Christian Strache, jefe de la ultraderecha y, por lo tanto, jefe del Partido Liberal de Carintia, cuya plana mayor está desfilando en la actualidad por los tribunales, para responder de trinconeos clamorosos, financiaciones ilegales y delitos varios cometidos contra la decencia y la hacienda públicas, dio una rueda de prensa para “ajustar las cuentas con el sistema Haider” (no son palabras mías, sino de la prensa de este país).

Moreno de verde luna ibicenca, Strache compareció ante los medios para decir, básicamente, que “Haider también había intentado comprarle” ofreciéndole un cargo de secretario de estado si no denunciaba sus corruptelas, pero que él se había mantenido insobornable e insobornado porque a él, esas cosas de los maletines llenos de dinero que de mano en mano van como la falsa moneda, le producen una urticaria incontrolable.

O sea que, resumiendo:  Strache compareció ante los medios para decir que había sido el muerto el que había robado el conejo y que él se había limitado a observar cómo lo robaba.

Lo malo es que, siguiendo con la metáfora, también se había limitado a observar cuando el ladrón original la espichó y los herederos del conejo siguieron disfrutándo de él y chupándose los dedos.

Y es que Strache no dijo esta boca es mía cuando, tras volver Uwe Scheuch a la casa común de la ultraderecha, este siguió haciendo mangas y capirotes con el dinero de Carintia y los carintios, ni ha despegado los labios tampoco hasta que las apreturas judiciales de sus correligionarios (y la caida brutal de la intención del FPÖ en las encuestas) le han obligado a hacerlo.

Actualmente la estrategia consiste en retrasar todo lo posible las elecciones anticipadas en Carintia, a la espera de que amaine el temporal procesal. Unas elecciones que perdería el FPÖ (FPK, según la marca que se usa en esa región).

Asimismo, seguir reiterando que, a nivel nacional, la ultraderecha no se conforma con menos que con un 33 por ciento de los sufragios, para aprovechar la fuerza creadora de realidad del lenguaje (en realidad, hoy por hoy ese objetivo parece imposible: las últimas encuestas dan al FPÖ una intención de voto del 21%; lo cual significa que la ultraderecha ha perdido de una tacada seis puntos: los que representan a la clase media que huye de los partidos tradicionales).

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