Austria paranormal: la cartuja de Mauerbach

INGE RIP
A.V.D.

 

En la pequeña localidad austriaca de Mauerbach, existe una cartuja, largo tiempo deshabitada, en donde los visitantes han sentido fenómenos extraños.

13 de Octubre.- Un amigo mío, artista él, posee la casa más bonita y más acogedora que conozco. La compró medio en ruinas y, poco a poco, la ha ido reformando a su gusto hasta convertirla en un lugar en el que se conjugan sus dos pasiones: la escultura y la naturaleza. En el salón, hay una fuente en la que nadan tranquilamente dos enormes peces rojos, el poyo que forma el vaso está lleno de plantas de las más raras y exquisitas variedades, algunas protegidas bajo campanas de cristal. Los estantes de la biblioteca de mi amigo, que tienen casi pisos de alto, son ubérrimos huertos de saber, cuyos frutos son volúmenes ilustrados con fotos de jardines de todo el mundo cuya belleza desafía a la imaginación. Tras un biombo, hay una bañera de bronce, sostenida por cuatro patas de león, obra de mi amigo, en la que el dueño de la casa se baña tranquilamente mientras escucha el canto de pájaros que viven felices e inocentes en una gran cárcel dorada.

La casa de mi amigo se encuentra en la pequeña localidad austriaca de Mauerbach, no muy lejos de una cartuja, hoy en restauración.

El gran edificio, que hoy recupera poco a poco su forma barroca, fue fundado en 1314 por Federico III llamado El Hermoso. Inmediatamente, la ocuparon los primeros 13 cartujos. En 1782, por orden del emperador José II, la cartuja se secularizó y se expulsó a los monjes, pasando a ser un hospital “para pobres, necesitados o enfermos de la piel” (en el original dice “ekelhaft Kranken”, que significa enfermos asquerosos, o sea que el bueno de José II no tenía demasiado cariño por sus súbditos). En fin. Durante la guerra mundial, la cartuja de Mauerbach fue, como otros tantos edificios grandes, convertido en hospital de campaña, manicomio en donde muchos locos murieron de hambre y almacén de obras de arte expoliadas por los nazis; una vez pasado el conflicto, hasta el 31 de Diciembre de 1960, sirvió de cobijo a unas 100 familias sin techo, pasando después a propiedad pública. A finales de los noventa del siglo pasado, se saneó la ruina en que se había convertido la cartuja y hoy se procura que sea un centro cultural.

Un edificio de tan variada y movida historia presenta, y no sé si mi amigo lo sabe, cierta actividad paranormal. Muchos visitantes han sentido las travesuras de un espíritu burlón (“poltergeist”, por cierto, una palabra alemana). Se trata, presuntamente, del fantasma de un mendigo que tira de la ropa a los visitantes para pedirles dinero. Una vienesa cuyo nombre se ha mantenido en el anonimato cuenta lo siguiente:

Decidí visitar la cartuja, porque estoy interesada por la arquitectura y este edificio es simplemente sensacional. Estuve por segunda vez en la primavera de 2011, para disfrutar de la atmósfera del edificio. Estando en el claustro, fui empujada dos veces, no muy fuerte, pero lo suficiente para moverme, aunque las personas que estaban a mi alrededor se encontraban demasiado lejos para haberlo hecho ellas. La gente debió de pensar que había bebido. Después, me cogieron de la manga. Todo pasó tan rápido y parecía tan irreal, que traté de no prestarle atención. Más tarde, sin embargo, un hombre que trabajaba en la cartuja me contó que no había sido la única en sentir cosas y que, o bien se trataba de alguno de los locos o bien alguno de los monjes, que querían seguir disfrutando de la tranquilidad y el silencio que habían tenido hasta entonces.

 

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