Los Vieneses: pioneros de la televisión en la España franquista

Un vestido rosa de los sesenta
Los sesenta, esa década prodigiosa (A.V.D.)

 

Ahora que Austria está de moda en España y todo el mundo quiere venirse, recordamos a unos austriacos que hicieron el camino inverso: de las verdes riberas del Danubio a las…Bueno, a las riberas del Manzanares. Los Vieneses: pioneros de la televisión en la granítica España franquista.

 5 de Noviembre.- Por causas que no se le escapan a nadie, Austria está de moda en España y son muchos los celtíberos que hacen la maleta y vienen a probar suerte a este bonito país que tiene tantas cosas que ofrecer.

Sin embargo, hoy vamos a hablar de tres austriacos (y un italiano) que hicieron el trayecto contrario y llegaron a ser famosos como pioneros de la televisión en la plomiza España de Franco. Se trata de la compañía de variedades de Los Vieneses, una de cuyas componentes (la ventrílocua y exvedette Herta Frankel) se mantuvo en activo hasta mi niñez, y llegó a participar en el programa de Televisión Española “La Cometa Blanca” (año de 1982).

En 1934, Artur Kaps funda lo que sería el embrión de la compañía.

Kaps, que había nacido en Viena en 1912, llevaba el espectáculo en la masa de la sangre. Había debutado siendo niño en el Guillermo Tell de Schiller y, después de cursar estudios en la Escuela Nacional de Teatro de Viena, se había especializado en la dirección de obras clásicas. Debió de darse cuenta pronto de que, como dice una canción de Cantando Bajo la Lluvia, “Puedes representar a Shakespeare y ser todo un protagonista, dejarás encantados a los críticos y no tendrás nada que comer”, así que decidió pasarse a las mucho más lucrativas –y versátiles- variedades.

Kaps ficha a su compatriota Franz Johan, algo mayor que él y que había nacido en Graz en 1907.

Cuando Johan y Kaps se encuentran, Johan tenía un curriculum basado principalmente en la revista y en la opereta, y había trabajado sobre todo en la zona de Checoslovaquia. Algo más tarde, se les unirían la vienesa Herta Frankel (una muchacha mona que había aprendido a hablar con el estómago) y el milanés Gustavo Re.

A partir de 1940, Los Vieneses se dedicaron a hacer giras por Europa, con la intención secreta de ir huyendo de la guerra mientras se pudiera. Fueron embajadores de la simpatía de este lado de los Alpes en Bélgica, en Alemania, en Italia, en Suiza y en Rumanía.

En 1942, cuando las tornas de la guerra empezaban a cambiar para la Alemania nazi, recalaron en España.

Llegaron para participar en una revista tontaina al uso de la época (tampoco estaba el horno para muchos bollos) que se llamó Todo por el corazón. Debieron de hacerle gracia al público barcelonés, sobre todo por su manera de destrozar el castellano (quedan grabaciones sobradas que atestiguan el acentazo guiri que les quedó a Los Vieneses durante toda su vida, a pesar de su prolongada estancia en España).

Sin embargo, los cómicos austriacos no se asentaron en España definitivamente hasta 1945 (huyendo del hambre que asolaba la Europa central tras la guerra).

Pusieron en escena diferentes obras cuyos títulos no hablan mucho de su sentido de la originalidad y sí de su querencia innata por la germánica disciplina.

A saber: Luces de Viena, Viena es así, Campanas de Viena, Melodías del Danubio, Carrussel Vienés o Leyendas del Danubio. Un despiporre, vamos.

Pero un factor nuevo catapultaría a Los Vieneses a la fama.

El 28 de octubre de 1958, el Ministro de Información y Turismo, el beatérrimo Gabriel Arias-Salgado, inaugura las emisiones de Televisión Española desde los Estudios –un chalecito, vaya- del madrileño Paseo de La Habana (lo hizo con unas palabras que, hoy en día, dan miedito: “Hoy, día 28 de octubre, domingo, día de Cristo Rey, a quien ha sido dado todo poder en los Cielos y en la Tierra, se inauguran los nuevos equipos y estudios de la Televisión Española”).

Cuando se supera el periodo de pruebas, Los Vieneses se convierten en una presencia frecuente en aquel cuaternario de las ondas herzianas. Humor blanco, del gusto de las élites gobernantes de la España nacional-católica con títulos que invitaban tanto a caminar por la acera salvaje de la vida como “Amigos del Martes”, “Noche de Estrellas” o “Noche de Sábado”.

Todos los artistas importantes de la época que pasaban por Madrid (de Sammy Davis Jr. a Marlene Dietrich) se ponían bajo la dirección de Artur Kaps.

Herta Frankel se especializó en los programas infantiles y su marioneta, “la perrita Marilyn” se convirtió en un icono de aquella que vivía entre el seiscientos y el encanto descarado (pero dentro de un orden) de Conchita Velasco.

Todos Los Vieneses, con la típica industriosidad centroeuropea, cedieron a los cantos de sirena del pluriempleo. Incluso Re, el italiano, participó en Mr. Arkadin, de Orson Welles.

Todos, murieron en España.

Las marionetas de Herta Frankel, que fue la más longeva (falleció en 1996) pueden verse en el Tibi Dabo de Barcelona.

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