Viena Directo te lleva donde está la noticia

Cazas del ejército egipcio sobrevolando el Cairo esta tarde
Cazas del ejército egipcio sobrevolando el Cairo esta tarde (foto: I. Delgado)

El Cairo. Julio de 2013. Un país dividido se enfrenta a un futuro convulso y lleno de intertidumbre. Viena Directo te lo cuenta desde la mirada agudísima y privilegiada de un hombre que vivió mucho tiempo en Viena pero que ahora vive en la ciudad milenaria que el Nilo atraviesa. Dos ríos y el punto de vista que, normalmente, nadie te cuenta. Simplemente apasionante.

Sobre incertidumbre y aburrimiento: Crónica de un golpe de estado en Egipto

Antes que cairota fui viení. Ríos aparte – aquí un Nilo, allá un Danubio – pocas ciudades se me antojan más diferentes: Cairo, una ruidosa, polvorienta y caótica megalópolis de 20 millones de habitantes cercada por el desierto donde el tiempo se ha acelerado de repente, sólo existe el ahora y la Historia se hace y deshace cada día; Viena, la plácida ciudad centroeuropea que encontró la fórmula para alargar el tiempo hasta casi detenerlo y que, zarandeada por la Historia, decidió prescindir de ella y sus falsas promesas de grandeza y gloria para entregarse sin afectación a los placeres mundanos que le procura su prosperidad.

Ayer, mientras me diluía entre una masa de jubilosos manifestantes que, ondeando banderas o posters del ministro de defensa al grito de Masr!(Egipto) o Horeyya! (libertad), caminaban en dirección a la Plaza Tahrir para celebrar la caída de Mohamed Mursi; mientras Ahmed, el adolescente de Imbaba, me pedía que le felicitara por el derrocamiento del presidente; mientras los padres aupaban a sus hijos a las tanquetas para sacarles fotos con los héroes del día; mientras grupos de jóvenes con las caras pintadas con los colores de la bandera egipcia cortaban el tráfico en la Avenida Mossadak, Midan Doha o Midan Opera y se subían a los capós de los coches para cantar, bailar o gritar de alegría; mientras los orondos policías que normalmente sestean en las puertas de los bancos alzaban el puño en señal de victoria y el sonido de los cláxones se mezclaba con el estallido de los fuegos artificiales, los ocasionales disparos al aire y los gritos y cánticos en común expresión de euforia, dos pensamientos sin aparente conexión se me cruzaron por la cabeza.

El primero era fruto del miedo. Rodeado de manifestaciones de júbilo en la tenuemente iluminada calle que corre paralela a la Opera de Cairo, vi a un hombre de mediana edad vestido con la tradicional galabiyya y una larga barba que le delataba como salafista. Caminaba a paso rápido junto a su familia, ajeno a las celebraciones, mirando al suelo y procurando pasar inadvertido. Aquel hombre, visiblemente abatido, me hizo pensar en el reverso de aquella euforia: los Hermanos Musulmanes y los salafistas que, rodeados por tanquetas, se congregaban en la Universidad de Cairo y Naser City y juraban defender con su sangre al depuesto presidente Mursi, el primer presidente democráticamente elegido en la historia de Egipto.  Y ahora qué?, me preguntaba. Un país polarizado  en el que una mitad se siente agraviada por la otra mitad difícilmente puede llegar a acuerdos. Se necesitaría la generosidad, la amplitud de miras de la que ambas partes carecen: unos porque creen que los preceptos religiosos deben regir la vida de todos los egipcios, musulmanes o no; otros porque creen que con manifestaciones y golpes de estado pueden hacerse con el poder que no son capaces de ganar en las urnas.  La incertidumbre, la única certeza con la que contamos en esta vida, permea un Egipto donde los continuos inshallahs (si dios quiere) que trufan cada conversación denotan que se vive al día, que la muerte es una posibilidad constante,  que nadie da el futuro ni su vida por descontado.

El segundo pensamiento fue más extraño: Viena. Quizá fue la visión del Nilo o acaso la persistente sensación de incertidumbre que se había apoderado de mí en los días previos al golpe, mientras, pese a la lancinante curiosidad, vivía encerrado en casa, pegado a las noticias de Al Jazeera y la pantalla del ordenador, asomándome a la terraza para ver los helicópteros sobrevolando la ciudad o buscar infructuosamente indicios de lo que estaba sucediendo afuera.

Viena surgió como contrapunto: la capital de la certidumbre.  Aunque nadie está libre de los golpes del azar, la muerte en Europa se concibe como el final de una larga vida. Si nada se tuerce, un europeo medio vivirá hasta los ochenta años, disfrutará de su jubilación y verá a sus nietos crecer. Esa certeza, débil como todas, es la que nos permite hacer planes de futuro, suscribir seguros de vida y planes de pensiones, planificar las vacaciones, ahorrar…el aburrimiento de una vida sin sobresaltos, el discreto encanto de la previsibilidad.

No está de más recordarlo en estos tiempos convulsos en los que proliferan los gurús de la destrucción o aquellos que claman por el retorno a paraísos perdidos que nunca existieron salvo en su imaginación.

Egipto no cree en promesas de futuros paraísos, ni sueña, salvo excepciones, con fantásticos viajes a ninguna parte. Quiere estabilidad, un mínimo orden que le permita vivir una vida digna, sin humillaciones. Ese fue el motivo por el que miles de personas se echaron a la calle el 25 de Enero de 2011 y el 30 de Junio de 2013 y que llevó a millones de personas a celebrar algo tan extraño como un golpe de estado.

 

Nacho

Ignacio Delgado estudió en Bucarest parte de su licenciatura en periodismo. Actualmente, vive en El Cairo.

Articulo publicado en Política/Economía con las etiquetas: , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

3 Responses to Viena Directo te lleva donde está la noticia

  1. ana dice:

    Un golpe de estado en un país sin tradición democrática resulta doblemente sorprendente y q además , en vez de permanecer en sus casas se ha lanzado a la calle a celebrarlo. Curioso.

  2. Javi dice:

    Personalmente no me resulta curioso. En todo pais dividido siempre te encontraras que los que salgan a la calle en una ocasion se quedan en sus casas en la siguiente, y viceversa. Ignacio Delgado, impresionante cronica. Por que no leo columnas como esta casi nunca en los medios hispanos?

  3. Gonzalo dice:

    Gran testimonio Ignacio. En Europa hemos matado el alma con el elixir del bienestar, ya no se lucha, ni siquiera contra las pasiones, sólo se discurre plácidamente. En Egipto la gente no es mejor ni peor pero se obligan a una existencia critica donde todo está por venir, donde puede pasar de todo, pero también se vive esperanzado.

    Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.