Los partidos austriacos ante la crisis ucraniana

GrafosContinúa la crisis ucraniana y, no lo olvidemos, estamos en plena precampaña electoral para las elecciones europeas.

4 de Febrero.- Antes de empezar con el tema de hoy (que también es, bastante, el de ayer) quisiera traer a mis lectores un rayo de esperanza. Recordarán todos que, en el último Opernball, hubo tangana. Un borrach(uz)o se acercó a un presentador alemán y, con la lengua pastosa típica de los beodos, le increpó hasta que otro asistente al baile, llevado por un sentido encomiable de la amistad, le puso al ebrio la cara como un pan.

Pues bien: según han informado los medios de EPR mediante sendas notas, agresor y agredido ya han hecho las paces (no hay nada que no consiga una buena jarra de agua fresca y un par de cafés solos, infalible medicina contra los efectos de la resaca).

Así pues, si estos dos señores han podido reconciliarse, quién sabe, quizá en Crimea tampoco llegue la sangre al rio (o sea, al Mar Negro) y triunfe la cordura y no termine esto con un hongo nuclear sobre cualquier ciudad europea (Dios no lo quiera).

En fin.

El político ante la prensa

Continúa la crisis en Taulide (Crimea es el nombre tártaro –musulmán- y a Catalina la Grande, que fue la que puso este trozo de tierra en la Historia, no terminaba de gustarle y prefería el topónimo cristiano).

Hoy, en la guerra de comunicación que casi siempre anticipa a las que se libran con granada y pistolete, hemos asistido a la aparición pública en rueda de prensa de Vladimir Putin (ese hombre con el que siempre surge la tentación de cambiarle la sílaba tónica a su apellido).

Más que lo que ha dicho (sin ningún interés porque se trata de las mismas consignas propagandísticas que la prensa afecta lleva repitiendo desde el principio de los hechos, ver The Voice of Russia) a mí me parece muy interesante el lenguaje corporal del premier ruso y, en general, la escenificación de todo el asunto.

Putin ha comparecido ante la prensa sentado en una silla, notablemente despatarrado, manos en los reposabrazos de la silla –una de esas sillas horrorosas, falsamente antiguas que menudean en los salones de los dictadorzuelos que peregrinan al Kremlin y se hacen fotos en chandal con Putin-, la espalda apoyada en el asiento (notable relajación), culo muy avanzado hacia el borde de la silla. En fin, sobran las palabras.

Los partidos austriacos ante la crisis

Tan sintomática como la actitud del ruso frente a la prensa –actitud que denota la concepción y, sobre todo, el miedo que Putin le tiene a la prensa- ha sido la actitud de los partidos austriacos con respecto a lo que está pasando. Notable unanimidad “anti-Putin”, proeuropeista, pro “democracia” en Ucrania (aunque uno sospecha que la idea que tienen en Bruselas de la democracia en Ucrania es cualquier cosa que no huela a Rusia) en fin, el pack completo en todos los partidos grandes menos…A ver, ¿Lo hemos adivinado? ¡Naturalemente! La ultraderecha. El FPÖ se ha alineado en contra de las tesis de la Unión Europea y ha abrazado la doctrina rusa de que, lo que Putin está haciendo en Crimea, es poner orden.

No hay que olvidar que nos encontramos en plena precampaña electoral para las elecciones europeas. Y que el FPÖ, según las encuestas, tiene una ligerísima ventaja sobre los otros dos partidos.

Las elecciones europeas son unos comicios curiosos porque siempre se interpretan, interesadamente, por supuesto, a nivel local. Visto desde este prisma, la decisión del FPÖ de posicionarse en contra de la corriente general es absolutamente coherente.

Por un lado, posicionarse de una forma diferente no cesa de ser un esfuerzo por fortalecer “la imagen de marca” del partido (por no hablar de que la ultraderecha está segura de que la Unión Europea es la parte débil de este asunto y apostando por Putin piensan que apuestan por el caballo ganador).

Por otro lado, al posicionarse a favor de Putin, la ultraderecha insiste en la línea de poner en cuarentena “el parlamentarismo”, el diálogo, la diversidad de opiniones.

Para la perezosa mentalidad ultra, no hay espectáculo más penoso que el conflicto de opiniones contrapuestas y, ojo, no hay mayor signo de flaqueza. En un partido ultraderechista, todos los esfuerzos consisten en dotar al líder de una apariencia de infalibilidad. Es el punto débil lo mismo del Front National de Marine Le Pen que del FPÖ de Strache o del BZÖ de la era Haider: la necesidad de tener al frente a un líder carismático que dé una serie de ideas claras y simples, consignas que seguir. Los partidos ultras son, casi por definición, “carismatocracias”.

En este sentido, la posición pro-Putin también resulta casi obvia. Putin es el ideal a alcanzar: un político que habla practicamente en consignas, que no razona (o razona escasamente y siempre por motivos muy facilmente rastreables), al que le da igual ponerse el mundo por montera a la hora de conseguir sus objetivos, que desprecia a los disidentes (o los encarcela o los silencia) ni siquiera porque los disidentes tengan en ningún momento ni la más remota posibilidad real de hacer arañazos en su poder –mira las Chichis Rebeldes, qué posibilidades tienen de nada, las pobres- sino porque representan el recordatorio de que hay otras maneras de pensar diferentes de la suya.

En el sistema de pensamiento de la ultraderecha, Putin es el político-héroe que se despatarra ante la prensa y presenta al mundo hechos consumados. Fuerte, masculino, el macho alfa que dirige la manada de gorilas, mientras que los políticos bruselenses son los grillos de esa olla en la que se reacciona despacio (a veces, demasiado despacio) porque se intenta poner de acuerdo a la gente en una posición común; algo peligroso por confuso, porque no hay una cabeza ni un líder omnímodo al que jurar lealtad.

En el fondo, la crisis de Ucrania es como el mundo de un tiempo a esta parte: la lucha entre dos maneras de estar frente a la realidad.

 

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2 Responses to Los partidos austriacos ante la crisis ucraniana

  1. primo N. dice:

    En resumen y parafraseando a Bertrand Russell: «El problema que tiene el mundo es que los tontos y los fanaticos siempre estan seguros de si mismos, mientras que la gente inteligente esta llena de dudas.»

    Otro problema, anadiria un servidor, es que los humanos solemos preferir los atajos (los hombres fuertes, los machos alfa, esos que prometen mano dura y resolver los problemas a canonazos, como Fraga con la inmigracion), aunque sepamos que el camino mas largo (el dialogo, la negociacion, la cooperacion y el consenso) proporciona generalmente soluciones mas duraderas. Parece que ultimamente los partidarios de los atajos cotizan al alza: los euroescepticos (nuevo nombre para los ultranacionalistas y/o fascistas de siempre que se han reinventado como inconformistas que caminan a contracorriente proponiendo como solucion a los problemas de Europa algo tan nuevo como el nacionalismo decimononico y levantar muros cada vez mas altos) parece que ganaran no pocos escanos en el parlamento europeo con su rancio discurso del miedo y sus criticas a algo que, lejos de ser perfecto, le ha dado a Europa un largo periodo de paz y prosperidad (curiosamente, esa UE es fruto del dialogo y la cooperacion). Ya se sabe, en politica, los atajos (echemos a los inmigrantes, salgamos de la EU, volvamos al estado-nacion) son mas faciles de vender que los largos caminos sin explorar (sigamos cooperando, progresemos hacia una mayor integracion, abramos fronteras).

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