Elecciones europeas 2014: el nuevo eje austro-francés

DípticoAyer, después de unas elecciones cuyos resultados no le han gustado a casi nadie, había dos líderes que tenían algo que celebrar: Strache y Marine Le Pen. Aquí, la historia de su idilio.

26 de Mayo.- Bruselas. 8 de Junio de 2011. Hoy hace casi exactamente tres años se produce la primera aparición pública conjunta de Heinz Christian Strache, líder de la ultraderecha austriaca, y Marine Le Pen, “lideresa” de la ultraderecha francesa.

Es una rueda de prensa con la que los dos políticos se proponen hacer pública su sintonía y la buena salud de la que gozan sus relaciones. Ambos, Strache y Le Pen son eurófobos, ambos ven el islam con notoria animadversión, y ambos aspiran, en sus respectivos países, a ser jefes de Gobiernos radicales y populistas. Ambos son, no hace falta decirlo, dos joyitas visigodas.

Qué malas personas son los periodistas

La excusa de la rueda de prensa es dar noticia de la pretensión de Le Pen y de Strache de sentar las bases para la formación de una fracción ultraderechista conjunta en el Parlamento europeo (la que terminará siendo “Europa por la Libertad y la Democracia”).

Esta fracción no solo agruparía/agrupará al FPÖ y al Front Nationale, sino también al UKIP británico y a la Lega Norte italiana (sigue el catálogo de joyería visigoda). Las conversaciones preliminares que han culminado en la rueda de prensa que nos ocupa han sido organizadas por Andreas Mölzer, en este momento, aún peso pesado dentro del FPÖ.

Strache acude a la rueda de prensa  acompañado por Harald Vilimsky.

La cosa empieza bien. Los dos políticos están a partir un piñón y dibujan un futuro rosáceo en el que una “fracción común de partidos de derechas serios” (sic) dinamitará desde dentro la Unión Europea y desactivará sus aspectos más civilizados, como por ejemplo la libertad de circulación de personas dentro de los territorios de la Unión, la solidaridad interterritorial y la protección a colectivos desfavorecidos o marginados. Ole con ole y olá.

Sin embargo, cinco minutos antes de que se termine el encuentro con los periodistas, los dos líderes ultraderechistas pierden los papeles.

¿Pour quoi?

Un informador de la ORF, televisión pública austriaca, aprovecha para hacer una pregunta incómoda y lanzada con la intención evidente de romper el clima idílico que preside la comparecencia de la pareja. El periodista le pregunta a Strache su opinión sobre la curiosa actitud de algunos miembros de su partido ante el hecho de que se retire a Hitler –a título, afortunadamente,póstumo- el título de hijo adoptivo de cierta localidad austriaca que aún conservaba.

Strache, que sabe que la imagen pública del FPÖ como una formación tolerante con el nazismo es una de las cosas que está perjudicando más el acercamiento a otros partidos, sufre un ataque de cólera. Se encara con el periodista, le llama “nestbesmutzer” (una cosa así como “pájaro que ensucia su propio nido” y que sería traducible por “traidor a los intereses de los suyos”) ante la cara de palo de una Marine Le Pen visiblemente enfadada.

Las razones del corazón

La francesa tampoco tarda en dejar a un lado la corrección, cuando un periodista le pregunta por qué ni Strache ni ella pueden contestar a las preguntas, por muy incómodas que sean, en un tono de voz “normal” (la conversación ha adquirido entretanto tintes broncos) Marine Le Pen dice que nadie tiene por qué darle lecciones ni a ella ni a Strache y viene a recordarle al periodista que ella, cuando comparece, usa el tono de voz que le sale “du potorre”. Al final, los dos políticos, indignados, dejan a los periodistas con un palmo de napias y abandonan la rueda de prensa.

Desde este primer encuentro (público) de 2011, Marine Le Pen y Strache se han visto varias veces más y, presumiblemente, han tenido ocasión de profundizar en un idilio político que muchas personas encuentran siniestro (pero el amor, ya se sabe, tiene razones que la razón no entiende).

Marine Le Pen ha estado incluso en Viena.

Presente estaba, por ejemplo, en el llamado “Baile de los Burschenschafter” de 2012, en el momento en que, según algunos periodistas presentes, y ante la crema de la ultraderecha austriaca y de parte de la extranjera, Strache dijo que ellos (los ultras) eran “los nuevos judíos” y que aquella noche era “la nueva noche de los cristales rotos” (estaba citando, por cierto, quizá de manera inconsciente, a su mentor Jörg Haider, que había dicho lo mismo en otra situación parecida).

Las declaraciones trascendieron y Strache se vio metido en un buen lío. Pero es que Strache tuvo una época en la que cada vez que abría la boca subía el pan.

En cualqier caso, la sintonía entre la francesa y el austriaco es innegable y la visión del mundo que ambos tienen coincide casi por completo.

A los demás se nos ponen los pelos de gallina al pensar que alguna vez puedan tener algún tipo de poder. Pero ellos son felices, así que forward with the faroles.

Una de las cosas en las que Heinz Christian y Marine están de acuerdo es en su admiración común por el putín de Vladimir ídem. Le Pen, ha llegado a decir que el ruso, con su curiosa visión de la democracia y de la libertad de expresión “está salvando la civilización occidental” (toma Jeroma).

Desde ayer, Marine tiene poder en Bruselas y la sensación de tener en la France la sartén por el mango; Heinz Christian tiene en el parlamento bruselense a un hombre de confianza ¿Qué pasará? Solo lo sabe el tiempo.

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