Crying in the chapel

CapillaUn grupo de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid han montado la mundial por una capilla. Un pretexto prefecto para reflexionar.

23 de Julio.- Querida Ainara (*) : La mente de los niños es un misterio. La otra tarde, me contó tu abuela que, hablando contigo por teléfono, le habías pedido que te buscara cuándo era tu santo, para acordarte. Habló otro santo, San Google esta vez, y se averiguó que celebras tu onomástica en Abril, si no recuerdo mal.

Supongo, Ainara, que no tienes ni idea de lo que es un santo o una santa y que, para ti, se festeja más el nombre que otra cosa. O sea, que para tí, el día de Abril de Santa Ainara será el día en que se celebra el afortunado hecho de que haya muchas niñas que se llamen igual que tú. Tampoco sé si en el colegio os enseñan religión, pero sé que no te han apuntado a catequesis.

Tengo que confesarte que, a pesar de ser creyente, si tuviera hijos, no sabría qué hacer en cuanto a su educación religiosa. Probablemente procuraría que fuese una cosa doméstica.

Por un lado, me parece que el oficio de buena persona se aprende básicamente en casa de cada uno por imitación, y no creo que, para eso, haga mucha falta tener demasiada idea de los dogmas (es más, todos conocemos a personas que se precian de ser muy religiosas y que luego resultan ser  más malas que una salmonela) . Por otro lado, pienso que la religión, católica en particular, forma parte de la cultura europea y que, como se estudia (o se estudiaba, vete a saber) la mitología griega, los creyentes y los que no deberían estudiar la mitología cristiana, tan influyente.Con sus magos de Oriente y sus santos que hacen andar a los cojos y reviven a los fiambres, aunque solo fuera porque, sin tener ni idea de ella, los cuadros que se guardan en el Museo del Prado o en el Kunsthistorisches Museum no son más que cromos antiguos de una colección de jeroglíficos.

Tengo tambén que confesarte que, cada vez que escucho reivindicar a la clerecía la enseñanza de la religión en las escuelas, tengo una sensación extraña, como si reivindicasen que a los niños no se les informe de que los reyes son los padres, una pretensión como de mantener a la gente en una inopia que, me parece, no es beneficiosa para nadie. Me rebelo instintivamente, porque pienso que las creencias, maduramente sentidas, tienen que ser otra cosa. Son, de hecho, otra cosa. Mucho más profunda que las cuatro cosas que yo aprendí en la catequesis.

También me parece como si los clérigos pensaran que los que no creen, o los que creen en otras religiones, “no tuvieran principios” o como si los únicos válidos fueran los principios suyos. Aunque claro, esto es una estrategia de marketing que funciona desde que el mundo es mundo: anular a la competencia. Y, por otra parte, dirán ellos, si empezamos a admitir que Dios, gracias a Él, no es solamente católico, podríamos empezar a sembrar el virus de la duda y la podríamos liar parda.

Creo, en todo caso, que Dios, las creencias, no deberían imponerse nunca y, si fuera Papa (cosa harto improbable que suceda porque no tengo ni los contactos ni la capacidad de fingimiento necesarios) tomaría las medidas oportunas para que la Iglesia a mi cargo cesara en toda labor de proselitismo a la voz de ya.

Cualquier labor de adoctrinamiento en el sentido que sea me parece, no ya contraproducente, sino de una mala educación extrema.

Muy al contrario, instruiría a los cristianos para que fueran ellos, con su modelo de vida, siendo benéficos y demostrando que Dios es amor pero, sobre todo, humor y risas, atrajesen a otros a ser lo mismo que ellos, y a portarse con benevolencia, generosidad y humildad, sin reprender nunca a nadie, tratando de confortar a los que sufren, dudando siempre de las propias certezas, sacrificando el bien personal por el bien común, hasta aquel extremo que sea necesario. Incluyendo el de ofrecer la propia vida a cambio del salvamento de la de otros.

A esto creo que se reduce todo y creo que esto se puede hacer sabiéndose el credo y sin haber rezado nunca en la vida el padrenuestro (de hecho, una parte muy considerable de la gente buena del planeta no tiene ni idea de rezar el padrenuestro), lo mismo que uno puede ir a bañarse al río con el bañador puesto o en bolas y las dos opciones son perfectamente válidas siempre que no se moleste a nadie.

Yo, personalmente, soy creyente pero me baño en bolas. Habrá otros que elijan otras combinaciones

Si tuviera hijos, no sé qué haría con respecto a su educación religiosa, pero sí que tengo claro una cosa: si dependiera de mí, en las Universidades no habría capillas, ni mezquitas, ni sinagogas ni pagodas budistas. Porque creo que simplemente no pintan nada en esos recintos y los europeos nos hemos batido el cobre durante muchos siglos (¡Nuestro trabajo nos ha costado!) para que así sea.

Cuando una persona llega a la Universidad, lo mismo que tiene que saber escribir correctamente en su propio idioma, tiene que haber terminado ya esa etapa de formación espiritual. Por lo tanto, su religión tiene que pertenecer a un ámbito fuera de lo académico y, si quiere rezar o ir a misa o postrarse en dirección a La Meca, puede hacerlo y el Estado debe garantizar que pueda hacerlo, pero no parece que deba en horas de trabajo.

El de un estudiante, es estudiar. Y la fábrica donde trabaja un estudiante es la Universidad ¿Le parecería normal a alguien, en el siglo XXI, que en una fábrica de SEAT de la zona franca hubiera una iglesia o una mezquita o una pagoda? ¿Por qué una universidad debería ser una excepción a esto?

Terminando esta carta, Ainarita, te diré que soy consciente de sus contradicciones. Mi única defensa es decirte que estoy muy orgulloso de no ser de una sola pieza.

Besos de tu tío

 

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2 Responses to Crying in the chapel

  1. Barbara dice:

    Entre todas las cartas que hasta ahora le has escrito a Ainara, esta es mi favorita!

    Un abrazo,

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