Estar integrado

WeloveviennaHoy, el Gobierno austriaco, ha hecho un anuncio; un criterio de permanencia para los refugiados va a ser el de „estar integrado“ pero ¿Qué es eso?

26 de Enero.- Anoche, antes de dormir, leía yo lo siguiente:

La primera vez que escribí una carta a Azorín se me ocurrió excusarme, como es uso, diciendo que no tenía el honor de conocerlo personalmente; pero apenas escrita esta frase, volví sobre ella, casi escandalizado: ¿No conocía yo personalmente a Azorín, después de leerlo quince o veinte años? ¿No es personal la relación que tiene el lector con el autor? ¿Y a la inversa? (…) La obra intelectual -literaria, científica, artística- nace siempre en zonas de la vida personal, si la obra es auténtica. El lector o el gozador de la obra de arte tiene, pues, acceso a la persona misma del creador; esto hace posible que sienta por éste amistad, que puede ser muy viva y que se nutre -ya que la amistad exige reciprocidad- de lo que el autor da en esa obra. Pero este -se dirá- lo da impersonalmente, es decir, a nadie determinado. Es mucho decir; transpersonalmente quizá sería más justo. El escritor que no es un irresponsable o un fatuo escribe para alguien (…); el horizonte de los lectores, aunque impreciso, tiene suficiente concreción en la mente del escritor, a poco perspicaz que este sea. El tipo de hombre que probablemente lo va a leer, su sexo y edad, el nivel medio de su cultura, sus exigencias y, lo que es más importante y, por eso mismo, rara vez pensado, la altura de sus esperanzas“.

La cita, cuya longitud espero que me hayan disculpado mis pacientes lectores, es de „El intelectual y su mundo“ de Julián Marías y no solo es un modelo de prosa agradable y con sustancia sino que, además yo, como escritor, me identifico con ella totalmente.

Yo siento que entre mis lectores y yo existe una conexión afectuosa que, en algunos casos, va hacia la amistad. Si bien se mira no es extraño. Al escribir todos los días ya desde hace años y al contar en muchos artículos cosas de mi vida diaria, hay muchos lectores que tienen la misma sensación que si me conocieran personalmente y no es raro que me paren por la calle personas que se dirigen a mí de manera muy amistosa, poniéndome en un aprieto sin ellos quererlo, porque como soy un despistado tremendo y un desastre para las caras, a mí me parece que debería conocerles a ellos pero luego resulta que no, que es la primera vez que nos vemos.

Esta relación peculiar se manifiesta también por escrito.

Una persona que lee el blog me ha escrito estos días pasados preguntándome sobre un aspecto práctico de la vida en Viena y, en el intercambio de correos electrónicos, ha aparecido esta cuestión: ¿Qué es eso a lo que suele llamarse „estar integrado“?

Ayer hablábamos de los refugiados. Hoy, el Gobierno austriaco ha dado a conocer que va a endurecer las normas para permitir que los refugiados se queden en Austria y uno de los requisitos va a ser el „estar integrado“ pero ¿Qué es eso? Personalmente, pienso que definirlo no es nada fácil y no me gustaría estar en el pellejo del funcionario que, en un futuro, tendrá que decirle a una familia de refugiados: „vosotros os quedáis, que estáis integrados; pero vosotros os váis, que no veo que os hayáis integrado mucho“.

La única referencia que yo tengo es la mía propia (y perdonarán mis lectores que ponga al burro delante, para que no sufra ninguna espantada) ¿Estoy integrado yo? Pues diría que sí pero mi modelo personal de integración, como llevo diciendo desde que empecé a escribir este blog (vamos, es que una de las primeras entradas ya se llamaba así) es el de ver la oportunidad que los inmigrantes tenemos de poder disfrutar de lo mejor de los dos mundos.

O sea, que yo ejerzo mucho de español (como soy un poco zorrete, también ejerzo de español de la manera en que sé que les gusta a los austriacos). O sea, que yo maltrato un poquito la gramática cuando hablo alemán, digo „hombre“ y „vale“ cada tres palabras (al principio fue por pura ignorancia, y ahora lo sigo diciendo porque creo que es una de mis señas de identidad) me río y gesticulo con las manos más que ellos, etcétera; y trato, sobre todo, de no aparentar lo que no soy; pero también ejerzo mucho lo que podríamos llamar „mi austrianismo“ y me gusta hacer lo que ellos hacen, mi curiosidad por el país es inagotable (para muestra, las tresmil y pico entradas que preceden a esta).

Pienso también que el negocio de estar integrado reside y de manera muy importante, también en cómo te ven los otros. O sea que, en mi opinión, sabes que estás integrado cuando la nacionalidad tuya o tu acento se convierten en un detalle curioso al que nadie le presta atención; o mejor: cuando los austriacos hablan delante de ti sin hacer ninguna diferencia especial.

No sé ¿Qué pensáis vosotros?

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