El FPÖ cumple sesenta años

FPÖTal día como hoy, hace sesenta años se fundaba, en el corazón de Viena, el FPÖ. Le echamos un vistazo a „los genitales“ de la formación ultraderechista.

5 de Abril.- El partido que, más que probablemente, tendrá la llave del Gobierno en las elecciones austriacas -ya la ha tenido en varios Bundesländercumple hoy sesenta años de existencia. Naturalmente, me estoy refiriendo al FPÖ, la formación ultraderechista, ultranacionalista y abiertamente populista que, de no ser nada, aspira en los últimos tiempos a entrar en „el olimpo de los diésel“.

El cincuentenario, en 2006, se celebró bajo el signo de la desunión. En aquel momento, había dos partidos ultraderechistas en Austria, el FPÖ y el Bzö, la escisión que gobernó en Carintia hasta que, en octubre de 2008, Jörg Haider, su lider, se estampanó contra un muro de hormigón después de haberse bebido hasta el agua de los floreros en compañía del que, a partir de entonces, sería más viuda suya que su viuda oficial, el hoy desaparecido Stefan Petzner.

Quién iba a decirnos a todos (particularmente a Haider, el pobre) que menos de diez años después iban a estar todos los ultraderechistas a partir un piñón y que incluso el candidato que llevan a la presidencia de EPR iba a estar tan bien colocado en las encuestas (segundo, a poca distancia del „verde“ Van der Bellen).

Pero retrocedamos.

Si los partidos, como las personas, llevan lo que son, como dice una tía mía „en los genitales“, la verdad es que mirarle los genitales al FPÖ da bastante miedito.

Lo que hoy es el FPÖ nació en 1956, en una sesión constituyente en el café Landtmann, de Viena, bonito establecimiento (y con mucha solera, que dirían en „Madrid Directo“) que está al ladito del Burgtheater (antiguo teatro de la corte).

La formación nació como una especie de evolución natural de la VdU, o alianza de los independientes, por sus siglas en alemán, que era algo así como un cajón de sastre lleno de gente que no había podido integrarse en las dos fuerzas mayoritarias con las que los aliados, como hicieron en España años más tarde (aunque de manera, obviamente más sutil) trataron de ordenar el tráfico político en la naciente segunda república austriaca, deficientemente desnazificada y, por si fuera poco, a tiro de piedra del telón de acero.

Aquí quizá convenga aclarar que, a pesar de que el FPÖ recogió a los nazis más obvios, tanto el ÖVP como el SPÖ también recogieron a antiguos nazis en sus filas. Era normal en el contexto de aquellos tiempos: a diferencia de Alemania, en donde la desnazificación fue exhaustiva, al intentar hacer lo mismo en Austria los aliados se dieron cuenta de que, si apartaban del Gobierno a todo aquel que hubiera tenido el carnet del partido nazi, no tenían mimbres para que la República Austriaca la llevase gente con un poco de experiencia (sobre todo en puestos que no cantasen mucho, pongamos de subsecretario para abajo). Así que en Austria, haciendo de tripas corazón, la desnazificación llegó a los que se habían pringado tanto que era imposible obviar su papel y a los demás se les hizo entender que se reciclasen en demócratas de toda la vida y punto (en España, de la noche a la mañana, en 1975, empezaron a salir monárquicos, demócratas y habitantes del exilio interior hasta debajo de las piedras, y es que los políticos, señora, tienen niños, y los niños de los políticos también tienen el mal vicio de comer caliente por lo menos tres veces al día).

Dicho esto, el primer secretario general del FPÖ fue un tal Reinthaller, el cual, visto en foto, ya da miedito, y más da cuando uno se entera que había sido capitán de brigada de las SS antes de meterse a político y que, tres años antes de ser miembro fundador del FPÖ había sido condenado por apología del nazismo. No era extraño, porque este también parecía llevar el nazismo en los mismísimos genitales. Había sido Ministro de Agricultura en el Gobierno títere de Seyss-Inquart (uno de los que, en Nuremberg, sintió el rasposo tacto de la soga en su cuello) y terminó siendo diputado del Reichstag. Como muchos de los otros componentes de la VdU y del FPÖ actual, particularmente los más escorados a la ultraderecha, Reinthaller era pangermanista y estaba convencido de que Austria debía integrarse en la Gran Alemania.

A pesar de estos principios y de la humildad que, durante años, tuvieron los resultados electorales del FPÖ (durante décadas, hasta los ochenta, no pasaron del seis por ciento de los sufragios) casi desde el principio los dos grandes partidos vieron a la pequeña formación ulraderechista como una especie de „fiel de la balanza“ que, en casos de resultados ajustados o en minoría, empujaba el Gobierno para un lado o para otro, ora a la izquierda con el SPÖ, como sucedió, por primera vez, en 1970, que no le hizo ningunos ascos a los apoyos de la ultraderecha, ora a la derecha, con el Gabinete Schüssel, ya en los noventa cuando, al entrar la ultraderecha en el Gobierno austriaco se produjo un escándalo internacional que llevó a que, la manifestación de repulsa resultante, hiciera que el Gobierno, por primera vez en su historia, tuviera que jurar su cargo llegando al Hofburg por un paso subterráneo que empieza en el Parlamento y que pasa por debajo de la Heldenplatz (paso subterráneo, por cierto, que sirve a la ciudad de Viena como depósito de elementos escultóricos en desuso o que están esperando un uso en algún momento).

En 1986, sucedió el hecho más importante en la historia moderna del FPÖ: un joven Jörg Haider, alcanzó la jefatura del partido y, armado con una desfachatez y, por qué no decirlo, un talento hipnótico para la política, le hizo a la vieja marca filonazi un rebranding que la llevó, a la postre, a ser lo que es hoy. Aunque quizá esta sea materia para otros artículos. Tiempo habrá.

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2 Responses to El FPÖ cumple sesenta años

  1. José Ignacio dice:

    ¡Contigo da gusto aprender!

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