Amon Göth: el vienés más malvado de la historia

un certificado naziHoy, un genio con raíces austriacas, cumple años. Otro vienés, al que él contribuyó a hacer famoso, nos ayudará a hacerle un homenaje.

18 de Diciembre.- Todas las personas, en todas las épocas tenemos la suerte de compartir nuestro tiempo con unos pocos escogidos: son los genios. A veces, esos genios tienen la suerte de ver reconocido su talento. Otras, no. Hoy, uno de los genios que tenemos la suerte de haber conocido, cumple setenta años. Se trata de Steven Spielberg. Con la excusa del entretenimiento y con un amor inabarcable por el clasicismo cinematográfico, las películas de Spielberg son, desde hace muchos años, espacios personalísimos de reflexión de un hombre que es espectador de su tiempo sin hacerse demasiadas ilusiones sobre la Humanidad. No sé si existe, pero me encantaría que hubiera un libro parecido al que Truffaut le dedicó a otro gran maestro, Alfred Hitchcock o la larga entrevista que mantuvo Cameron Crowe con otro gigante, Billy Wilder.

Desde aquí, desde Viena Directo, quisiera hacerle un homenaje al maestro Spielberg que tiene, como su apellido deja adivinar, raíces austriacas. Los ancestros de Steven Spielberg fueron oriundos de Estiria, en donde se puede seguir su rastro hasta 1835. Antes aún, sus familiares vinieron de Hungría y, antes aún, de Ucrania.

El homenaje que quiero hacerle hoy a Steven Spielberg no pasa por glosar a sus ancestros, sino por glosar a uno de los personajes más logrados de su cine, el comandante Amon Göth, jefe del campo de exterminio de Plaszlow en Polonia, el cual probablemente se haya ganado a pulso el ser considerado el vienés más malo y más hijo de puta de la historia de esta ciudad.

Amon Göth, que en La Lista de Schindler estaba interpretado magistralmente por Ralph Fiennes vino al mundo (para empeorarlo de forma indudable) el día 11 de Diciembre de 1908 (hace una semana hubiera cumplido, pues, los ciento ocho) en una familia muy, pero que muy conservadora (nada que ver con el fascismo, sin embargo). El padre de Amon Göth, que se llamaba Amon Franz, era el dueño de un próspero negocio de imprenta, pero como se pasaba el tiempo viajando, quien en realidad lo dirigiía era la madre. Göth creció en casa de una tía soltera. Nunca fue buen estudiante, a pesar de que sus padres hicieron todo lo posible porque recibiera una educación lo más esmerada posible, e incluso le enviaron a un estricto internado. Como muchos psicópatas (y es obvio que Amon Göth lo era) el chico era incapaz de soportar la frustración y, por lo mismo, carecía de disciplina. Al principio de su adolescencia, dejó de estudiar.

Sus padres le casaron en 1934 pero el matrimonio duró poco. Göth no solo se divorció de su primera mujer, sino que pidió la anulación eclesiástica. La obtuvo cuando ya había apostatado -siguiendo la doctrina de las SS-.

Ya en su adolescencia, frecuentó organizaciones ultras y en 1931 ingresó en el partido nacionalsocialista y en las SS. En 1933, el ascenso al poder de Hitler en Alemania hizo que se entregara más a la causa nacionalsocialista (entonces, por cierto, ilegal en Austria) estando implicado en varios actos de terrorismo de signo ultraderechista. Cuando la policía del estado austro-fascista austriaco descubrió su participación en un atentado con explosivos, emprendió la huida a Alemania, en donde pronto se granjeó una reputación como hombre carente de escrúpulos y de fanatismo nazi sin igual. En Alemania se volvió a casar, esta vez por el rito de las SS, con una motorista militar. Juntos, tuvieron tres hijos. En 1940, Amon Göth se enroló en el esfuerzo de guerra y fue enviado a Polonia, en donde construyó un campo para prisioneros judíos que trabajaban para la máquina de guerra alemana. Allí fue en donde trabó relación con el industrial alemán y emprendió una relación con su secretaria, Ruth Irene Kalder, con la que tuvo una hija que aún vive, Monika,la cual le suministró un epílogo curioso a la biografía de su abuelo..

Después de haber estado implicado en la „disolución“ del gheto de Krakovia y de haber trabajado en Treblinka y Sobibor, nombres de infausto recuerdo, fue enviado al campo de Plaszow (el que sale en La Lista de Schinlder) en donde se dedicó a beber como un cosaco y a practicar su inclinación enferma y aberrante al mal.

No solo trataba fatal a los judíos (pobres) sino a sus subordinados y, en parte para financiar su alcoholismo, Göth le daba también al mercado negro. Por sacar tajada, fue detenido por la Gestapo en Viena, en 1944, aunque después de interrogarle le soltaron. Paradójicamente, las actas de ese interrogatorio serían utilizadas después en Nuremberg para condenarle a muerte.

Göth vivió el final de la guerra en un hospital militar austriaco, y allí fue detenido por la policía militar americana, que se lo llevó primero a Munich y luego al campo de internamiento de Dachau. Allí, se descubrió su identidad verdadera. La justicia polaca le condenó en 1946 a la horca al quedar probada su participación directa o indirecta en la muerte de casi diezmil personas.

A principios de este siglo, siguiendo la senda de La Lista de Schinderl, la hija que Monika, la hija de Amon Göth, tuvo con un nigeriano publicó un libro contando su pasado. Se llamaba „Mi abuelo me hubiera mandado fusilar“. Y, desgraciadamente, no era una exageración.

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