Hacer lo que te gusta

Siempre es un placer hacer esas cosas que uno sabe que se le dan bien; ya sea por dinero o, como en este caso, por aprender sobre el oficio.

11 de Enero.- De vez en cuando, me gusta combinar los encargos profesionales con sesiones en estudio, en las que intento probar cosas que luego aplico a los clientes que pagan. Para hacerlo acudo a “modelos” que, amablemente, posan para mí. Los modelos son de dos tipos: gente más o menos profesional que necesita agrandar su portafolio y a los cuales encuentro por internet (hay foros dedicados a esto) o, directamente, amigos míos, que se prestan.

Franky(Por cierto, siempre estoy buscando caras nuevas, si hay modelos en la sala y les apetece pasar un buen rato posando, que me escriban un mensaje; no es necesaria experiencia previa y los que lo han hecho ya, generalmente salen diciendo maravillas, por no hablar del lujo de conseguir fotos profesionales gratis; seguimos).

Estos trabajos también me permiten reflexionar sobre “mi arte” de otra manera en la que lo hago cuando tengo clientes de pago, los cuales, generalmente, suelen tener una idea muy precisa de lo que quieren o de lo que les hace falta y en donde el espacio para mi creatividad personal es menor.

Ayer estuve haciendo una sesión de estas con Franky, un chico austriaco majísimo con el que contacté a través de un grupo de Facebook en el que los fotógrafos encontramos modelos.

Light flare

El trabajo fue muy agradable, no solo porque siempre gusta tener la sensación de estar haciendo algo que a uno se le da bien (y creo que tanto Franky como yo, cada uno por nuestro lado, la teníamos mientras estábamos haciendo las fotos) sino porque, incluso en el estudio, yo no pierdo cierto prurito periodístico que creo que es parte de mi ADN como fotógrafo. O sea, que el fotógrafo, aunque haga fotos de modelos o de moda, o “artísticas” es, ante todo, un espejo y tiene el deber de documentar, de detener el tiempo, sobre la cara o el cuerpo que está fotografiando.

Por esta razón, a mí no me gusta dirigir a los modelos excesivamente. Si acaso, les corrijo alguna postura cuando no me va bien la luz, pero poco más, porque pienso que cada persona es una historia y que, lo que no tenga ya el modelo puesto, desde el punto de vista de las experiencias de la vida, de la mirada, poco podré yo ponerle y que, además, hacerlo, sería “falsificarle” y lo falso, en esto como en todo, siempre queda mal, porque se nota.

Debido a esta manía mía de la autenticidad, prefiero trabajar con gente un poquito mayor. Adulta. Salvo excepciones, a mí una cara de veinte años no suele decirme mucho, porque a los veinte años, como dijo aquel, todos tenemos la cara que nos han dado nuestros padres. Diez años más tarde, empezamos a tener la cara que nos ha dado la vida. Muchísimo más interesante se mire por donde se mire.

FrankyDetrás, naturalmente, también hay un concepto filosófico. El racismo del siglo XXI es la juventud y eso uno solo empieza a notarlo cuando, como es mi caso, empieza a dejar de ser joven. Detrás de uno se cierran (absurdamente en la mayoría de los casos) puertas que no tendrían por qué cerrarse y eso a la gente le da miedo, y por lo mismo trata de estirar la juventud (o lo que ellos piensan que es la juventud) hasta límites absurdos, y de ahí, para arriba. La responsabilidad se vuelve líquida y los adultos “adulescentes”. Aunque bueno, nos estamos alejando mucho de lo que era el principal propósito de este artículo: el anunciar que, para Foto Bernal Vienna, ayer quedó inaugurada la temporada 2017. I will keep you posted!

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