Episodios de una guerra interminable

Como sucede todos los años, el FPÖ ha celebrado su tradicional „encuentro de año nuevo“. No han dejado títere con cabeza.

14 de Enero.- Todos los años, por estas fechas, el FPÖ, fuerza ultraderechista austriaca, celebra su tradicional „encuentro de año nuevo“ (que es como si el concierto de año nuevo lo tocase entero Andreas Gabalier: ese es el nivel).

Este año, ha sido en Salzburgo, en donde se han reunido 4000 simpatizantes del partido a pesar de que hacía un tiempo de perros en la región y nevaba a todo meter.

Antes de haberse celebrado, el encuentro ha dado para dimes y diretes. El cartel anunciador se cambió por lo menos tres veces, siempre para hacer la figura de Heinz Christian Strache, líder del partido, más grande y así, quedara suficientemente resaltado su estatus como líder de un partido que, como todos los de su clase, juega al macho alfa (Marine, nena, no te ofendas). El problema era que, en los primeros carteles, Hofer, La Sonrisa del Régimen, y candidato a la presidencia de EPR, aparecía con el mismo tamaño de Strache. Dado que todas las encuestas dicen que Hofer es mucho más popular que Strache (ejerce de poli bueno) las lenguas de vecindonas empezaron a decir que si no había guerra de egos en el partido azul. Por activa y por pasiva, tanto Strache como Hofer lo desmintieron (Strache, de manera bastante bronca, en el plató de la ORF en una entrevista que le hizo Armin Wolf) sin embargo, de estos desmentidos, como pasa siempre (y Goebbels sabía muy bien) la gente se queda con aquello de que, cuando la corriente fluvial emite sonidos es que algún caudal tiene.

Volviendo a Salzburgo: el encuentro anual del FPÖ tiene, naturalmente, la misión fundamental de que el líder del partido se dé un baño de multitudes y que las multitudes, asimismo, se sientan encantadísimas y felices de haberse conocido y acaricien ese momento en el que sus caudillos (dicho sea con perdón) se sienten en el Hofburg y, por fin, „se ponga un poco de orden“. A ello, por lo menos en el plano de la oratoria, se han puesto Strache y sus boys.

Dando estopa, o sea.

Como el acto es visto, decíamos ayer, como el proverbial pistoletazo de salida para la eterna campaña electoral (en el FPÖ les pasa como a los comerciales de Herbalife, que siempre están a la tarea) los objetivos de los oradores han sido aquellos dos políticos austriacos que, en una hipotética confrontación electoral futura, más pupita pueden hacerle a Strache. Por un lado, el canciller Kern (el cual, esta semana, también se puso a „campañear“ y dijo lo del Plan A) y, por otro lado, Sebastian Kurz, el que pasa por ser la figura emergente del conservadurismo austriaco.

Mientras corría la cerveza y se agitaban las banderitas austriacas (ya se sabe que el alcohol propicia todo tipo de delirios amorosos, cambie usted „Asturias patria querida“ por el land que más le provoque) Strache se ha metido con el canciller y su plan, acusando a Kern de sobreestimar mogollón sus propias capacidades.

Strache sabe que Kurz tiene muchas cosas que a él le faltan: es joven, tiene perfil de estadista internacional y, sobre todo, cuando habla, no mueve la cabeza para arriba y para abajo como aquellos perros con un muelle dentro que nuestros abuelos llevaban en el parabrisas trasero del coche; el hecho de que, en este momento, Sebastian Kurz esté integrado en una formación, la demócrata cristiana, cuya base electoral sufre un lento pero sostenido desgaste, no le quita a Strache la intranquilidad que siente con respecto al Ministro de Asuntos Exteriores austriaco.

Según él, las propuestas de Kurz (la cíclica, la de prohibir los velos islámicos en el ejercicio de los trabajos públicos y la de reducir a la mitad el límite de refugiados que pueden pedir asilo en Austria) son „copias baratas“ de propuestas ya hechas por el FPÖ anteriormente.

Strache ha dicho que Austria no necesita inmigración (Zuwanderung) sino que necesita „Minuszuwanderung“ ( o sea, una inmigración negativa) y que hay que echar de Austria a todos los extranjeros malísimos. Es de suponer que, tras esta aseveración, la multitud congregada haya rugido de placer. Aunque bueno, quizá no hubiera debido escribir esto. Es obvio que Strache no se refería a nosotros los españoles, los extranjeros „güeno“, ni tampoco a los rusos, que son unos extranjeros que a él le encantan. Bien mirado, es un alivio.

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Un comentario a Episodios de una guerra interminable

  1. Ernesto Pastore dice:

    Si los que rugieron son una multitud, habría que escucharla. Y tener una inmigración controlada para evitar recibir todos los inmigrantes que expulsan sus propios países debido a sus inconductas delictivas, no es un disparate. Tus palabras suenan a populistas trotskistas arengadores, con falsos RELATOS como los de la Venezuela Chavista Madurista y la Argentina Kirchnerista. Claro que si tu piensas que todos los austríacos son vagos holgazanes delincuentes, entonces sí, no habría problema de recibir a inmigrantes semejantes. Se enriquecería la vagancia, delincuencia y criminalidad austríacas.

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