La crisis verde

Entre la guerra y la revolución, Los jóvenes Verdes austriacos han elegido, de momento, la segunda. Y su líder está en un problema (gordo)

5 de Abril.- Una de las causas de que la República Española perdiera la guerra civil contra un grupo de altos mandos militares insurrectos aproximadamente fascistas o simpatizantes del fascismo, fue que, durante los primeros momentos tras la insurrección (semanas, meses) en vez de enfocar la cuestión de forma práctica, o sea ¿Qué hacemos para ganar la guerra? Hubo una parte de la fracción republicana que perdió un tiempo precioso haciendo el tonto (digámoslo claro) y preguntándose ¿Qué es prioritario, hacer la guerra o la revolución? De modo que “los otros” tuvieron muchísimo tiempo para, cómodamente, recabar el apoyo de las potencias fascistas y, con pasta fresca, tecnología militar punta y petróleo en abundancia, emprender una guerra en la que, como luego se demostró, no se pretendía solamente la obtención del Poder, sino aniquilar con fría precisión cualquier foco potencial de resistencia futura.

La Historia nos enseña que este es solamente uno de los episodios en los que las fuerzas progresistas, en vez de haberse concentrado en lo que deberían concentrarse, se han dedicado a darse meneos entre ellas como los títeres de cachiporra, para regocijo de “los malos” que asisten al espectáculo comiendo pipas.

Después de las últimas elecciones presidenciales, que se saldaron con la victoria de VdB, señor que fue, durante mucho tiempo, el portavoz de Los Verdes austriacos, Eva Glawischnig, la actual portavoz del partido, se personó en el plató del telediario de la ORF y trató por todos los medios (lógicamente) de que se asociara el triunfo del único decente de los dos candidatos con la organización de la que ella está al frente.

Hasta aquí, todo fenomenal. Ella, que es tan guapa y tan lista, que tiene un marido perfecto que no es príncipe ni dentista, pero que de abdominales pétreos y dos niños monísimos (lo sé, porque los he visto, y son unas criaturas supermajas) se veía a sí misma reforzada como “lideresa” y dispuesta a arrebatarle el trono de la oposición a los discípulos del malvado Sauron.

Sin embargo (ay) cuando más felices se las prometía ella, una serie de decisiones digamos extrañas combinadas con cierta tendencia a la disolución presente en su partido, la han puesto en un aprieto (gordo, además). Vamos a ver si consigo explicarlo medio bien.

Veamos: en Austria hay un organismo que se llama la ÖH, que es una especie de consejo en el que están representados funcionarios y estudiantes de las Hochschulen. Bien: para elegirlos, hay unas elecciones, en las que la participación suele ser bastante birriosa (un 26% la última vez) pero que tienen su campaña electoral y su todo. Las organizaciones juveniles de los partidos, naturalmente, se presentan, directamente o por otras organizaciones interpuestas. Y aquí es donde viene el lío. Recomiendo atención especial al lector, para que no se me pierda.

Los Verdes de mi Eva Glawischnig de mi soul tienen una organización juvenil, los Jóvenes Verdes, que es (era) una de las columnas vertebrales del Partido, con más de 20.000 miembros. Bien. A las elecciones del ÖH se presentan dos organizaciones a las que Los Verdes, a través de sus jóvenes, podrían dar apoyo. Una se llama GRAS “Grünen und Alternativen Student_Innen”, Estudiantes Verdes y Alternativos y la otra se llama, a secas, Grunen Studierenden (o sea Estudiantes Verdes). Vale. Los GS son una escisión de GRAS (advertí que la cosa se ponía chunga cubata llegados a este punto). Los GS se separaron de los GRAS porque en los GRAS todas las decisiones se deben tomar por unanimidad. O sea ¿Que hay que comprar una tapa de Wáter? Por unanimidad ¿Que hay que decidir si los informes se imprimen con tinta roja o con tinta verde? Por unanimidad. Y así.

Los GRAS son relativamente pequeños, más que nada porque debe de ser un coñazo andar debatiéndolo todo (de la eficiencia, no hablemos). Los GS debieron de enfadarse en su momento, y se escindieron, y en ellos, las decisiones se toman democráticamente, pero según yo tengo entendido, con la mayoría simple basta.

Con esta información, si cualquiera de mis lectores tuviera que elegir, supongo que la cosa estaría clara. Pues bien: aquí viene el divorcio. La organización de los Verdes Jóvenes ha decidido democráticamente que apoya a los GS (más grandes, y de funcionamiento más eficaz) en tanto que la dirección del partido desde Viena, Eva Glawischnig, apoya, por buenas razones sin duda, a los GRAS. Los Jóvenes Verdes, a cuyo mando está una muchacha llamada Flora Petrik, protestaron de esto que consideran una imposición de la central del partido y, por lo tanto de Eva Glawischnig; tras un cruce mútuo de acusaciones que sería muy largo contar aquí (y lo que es peor, muy lioso), Eva le recordó a Flora la disciplina del partido, y a Flora se le hincharon las gónadas y le dijo a Eva que Los Verdes necesitaban más democracia interna y que “nena, tú te has creído que el partido es tu cortijo y de eso nada, igual estaría bien que pensaras en retirarte”.

Eva no quiso ni oír hablar del tema, es más, le dijo que “la puerta está abierta” para quien quiera marcharse (pensando quizá que a Flora le temblarían las canillas) y los Jóvenes Verdes hicieron exactamente eso con lo que las madres de mi infancia amenazaban: o sea, que cogieron la puerta y se dieron el piro. Tras una tensa reunión “de despedida” que selló un curso de acontecimientos que a ninguna de las participantes le venía bien. A los Verdes facción madura, porque perdían uno de sus pilares, la activísima organización juvenil, y a los verdes facción juvenil, porque perdían pasta, locales y medios.

A todo esto, las delegaciones provinciales de Los Verdes están que trinan con la central de Viena y con este debate entre Eva y Flora, que podría parecer una poesía de Góngora si no fuera por la mala leche que se gastan las dos mujeres; porque ven todo este asunto (y con razón) como una cosa absurda que se podría haber evitado. Por lo visto, hay circunscripciones electorales en las que los GRAS no se presentaban y sí los GS, con lo cual Los Verdes se quedaban sin representación. Pero también, hubiera podido ser que hubiera circunscripciones en donde GRAS y GS presentándose unos contra otros, se vieran obligados a competir bajo la misma marca. Una situación molt confusa.

¿La guerra o la revolución? La eterna pregunta.

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