Nobody is perfect

El ser humano es una fuente constante de contradicciones. A veces, los grandes talentos para unas cosas esconden grandes carencias en otras.

8 de Abril.- Una de las trampas en las que suele caer nuestra percepción de las personas -hasta que tenemos una edad, claro- es la de pensar que, si alguien es bueno en una cosa determinada, superlativamente bueno incluso, esa perfección puede extenderse a otros aspectos de su vida. Suele ser al contrario, sin embargo. Los genios en determinados aspectos suelen ser, vistos en conjunto, personas perfectamente inútiles en la difícil tarea de ser gentes equilibradas o afables en el trato con sus semejantes, e incluso suele suceder que cometen errores garrafales de juicio. A todos se nos ocurren casos. Steve Jobs, idolatrado por muchos como uno de los genios de la tecnología, era una persona lo bastante corta o (lo bastante petulante) como para haber acelerado la evolución del cáncer que padecía al abandonar los tratamientos de la medicina para hacer caso de supuestos curanderos naturistas. Mozart, al que Dios eligió sin duda para que los humanos comprendiésemos la belleza de la creación a través de la música, fue como indivíduo un ser bastante incapaz de administrar su vida. Dalí, otro genio, se hubiera muerto de hambre de no ser por Gala, la cual, por suerte para él, escondía bajo la falda una calculadora. En fin, dejemos la enumeración, porque seguro que a mis lectores se les ocurren más casos.

Lo que vale para el arte, o para el fútbol, o para la música, vale también para ganar dinero. A mí me gusta mucho citar una frase que dice un personaje de Ciudadano Kane, interrogado por el misterioso investigador que quiere averiguar qué significa ese Rosebud que Charles Foster Kane susurra poco antes de entrar de lleno en la división de honor de la historia del séptimo arte:

-Hacer dinero no es tan difícil, si lo único que uno quiere es hacer dinero.

Esta frase le va como anillo al dedo a uno de los hombres más ricos de Austria, el millonario Mateschitz. A mis lectores (sobre todo a los que vivan fuera de Austria) probablemente el nombre no les diga nada, pero Mateschitz es el dueño del grupo Red Bull y, como tal, el responsable de que, en veinte años, la diabetes se convierta en Austria en un problema de salud pública.

Pero Mateschitz, al que se podría considerar una especie de titular del Kronen Zeitung sobre dos piernas, lleva al extremo su identificación con el público que se bebe el mejunje que producen sus fábricas (presuntamente el Red Bull solo lo bebe gente de escaso capital neuronal) que es un constante difusor de las teorías conspiranoicas de la ultraderecha austriaca (recordarán mis lectores que este señor, que también es el dueño de Servus TV, llegó a proclamar que cerraría la cadena debido al inaudito propósito de sus trabajadores de fundar algo parecido a un sindicato).

En una entrevista (llamémosla asíI) concedida al Kleine Zeitung, el millonario austriaco se ha despachado a gusto sobre los refugiados (los pobres) y ha contribuido a la criminalización de un colectivo tan desprotegido como son las pobres personas que, huyendo de las guerras que están asolando Oriente Medio. Piensen mis lectores en alguna teoría tópica y necia de las que se hayan extendido durante estos últimos dos años a propósito de los refugiados. La que sea. Pues Mateschitz la dice en su entrevista. Que si los refugiados no son tales, sino personas que quieren vivir por el morro en Europa aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Que las personas que los defienden no han visto un solo refugiado en su vida (no me resisto a copiar una parte del párrafo que le dedica a los verdes austriacos para que se vea el tenor; palabra de Mateschitz: „die Grüne, die sich mit der Limousine mit dem zusammenklappbaren Fahrrad hinter das Parlament fahren lässt, dort aussteigt und die letzten Meter zum Hohen Haus radelt „; en cristiano: Los Verdes, que se dejan llevar con la limusina hasta detrás del Parlamento y allí despliegan la bicicleta plegable para que la gente les vea llegar en bicicleta a la cámara alta“ Habló Blas, o sea. Pues así, todo).

Naturalmente, Mateschitz lo mismo que Donald Trump, tiene su público. Son ese tipo de gente que piensa que, porque alguien ha encontrado una gallina de los huevos de oro y gana pasta tiene una especie de entendimiento especial para juzgar el mundo y sus circunstancias con más conocimiento de causa que los que tenemos una cuenta corriente modesta.

Suele ser al contrario, por desgracia. Mozart, Maradona, Jobs…La historia está llena de ejemplos.

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Un comentario a Nobody is perfect

  1. Ernesto Pastore dice:

    El sainete de la política y la bicicleta plegable es deplorable así como el “entendimiento especial” para juzgar el mundo. Pero eso no es un pasaporte válido para, por ej., la mafia albanesa de trata de blancas, extremistas religiosos, narcotraficantes, etc. Solamente necesitamos solidaridad y piedad con claridad, lógica, coherencia, tino y transparencia….lo contrario es populismo internacional destructivo.

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