Vamos a leer el informe Aslan (tralalá)

Hace días Sebastian Kurz lanzó un mensaje a sus votantes hablando de los parvularios musulmanes. Parece que mintió un poquito ¿A sabiendas?

5 de Julio.- Recordarán mis lectores que, en el curso del proceso que terminará por llevar a Sebastian Kurz a ser el canciller más mozo que ha conocido EPR, el joven político se pronunció en favor de eliminar las guarderías islámicas mediante el procedimiento (efectivo, sin duda) de cerrarles el grifo de los fondos. Alegaba que en las guarderías islámicas se les enseñaban a los niños cosas malas y que no favorecían que las personas de religión islámica se integraran en la cultura austriaca.

La propuesta de Kurz levantó, como es natural, una considerable controversia, de la que ya dimos cuenta en episodios anteriores de este serial.

Las declaraciones de Kurz, según ha trascendido, se basaban en un informe elaborado por el que, por lel que se conoce que debe de ser el profesor Bacterio del Ministerio de Integración. El autor del informe fue un tal profesor Aslan y data (el informe) de 2015.

Cuando se publicó el informe original fue bastante criticado por la gente de la rama del saber a la que el profesor Aslan pertenece. Se le acusaba de haber sido digamos que poco riguroso con su trabajo de campo y de haber redactado el famoso informe equipado con más prejuicios que un redactor de asuntos religiosos de Rusia Today..

Las objeciones llegaron hasta un punto tal, que Aslan aceptó que su estudio era manifiestamente mejorable y se comprometió a revisarlo en colaboración con la ciudad de Viena.

El nuevo informe Aslan se presentará en Septiembre y por lo mismo resulta muy sospechosa la prisa con la que los funcionarios del Ministerio de Integración utilizaron el viejo para servir de materia a la documentación que se aportó para demostrar que las afirmaciones del señor „Menistro“ eran ciertas y que todos los jardines de infancia mahometanos eran, en realidad, viveros de pequeños musulmancitos recalcitrantes. Con lo que no contaron ni los funcionarios ni Aslan fue que, gracias a una capacidad muy práctica del procesador de textos que todos utilizamos,el modo corrector, hasta la abuelita Elfriede podía ver dónde el texto original de Aslan había sido „aliñado“ para que sirviese a los propósitos que querían los funcionarios, los cuales propósitos no eran otros, según parece que asociar en la misma (escandaliada) frase niño-guardería-islamista-adoctrinamiento y !Pum! (por las bombas.

El maquillaje al que había sido sometido el texto del informe Aslan fue descubierto por los avezados redactores del diario FALTER.

La mayoría se centraba en pequeños detalles formales, pero también había cambios diseñados para „afilar“ el texto. Por ejemplo: en una frase original del texto se decía que los rasgos preferidos por los padres musulmanes a la hora de elegir un parvulario para sus hijos eran que favoreciesen „valores como el respeto, la confianza, la individualidad del niño, la higiene, la satisfacción del niño, la puntualidad (…) la independencia y la transparencia en las reglas“.

Al leer esto, un funcionario debió de llamar al profesor Aslan y debió de producirse un diálogo parecido a este:

-Profe ¿No le parece a usted mucha mandanga todo esto?

Aslan debió de mirar al techo.

-Es que la frase me había quedado superchula.

-Desengáñese, que esto así no tiene pegada. Esto no vende. No lo va a leer ni el gato.

Aslan debió de suspirar:

-Venga, va. Cambiélo.

-¿Y qué pongo? -el funcionario debió de guiñar un ojillo pícaramente.

-Ponga…Ponga que los padres buscan que los parvularios fomenten los valores islámicos apartándoles de la cultura mainstream -y el profesor guiñó otro ojo.

Y esto debió de ser más o menos así -quizá más sutilmente- porque preguntado Aslan si era conocedor de las modificaciones introducidas en su texto contestó que naturalmente, que lo contrario le hubiera parecido insultante (persönliche Beleidigung, fueron sus palabras).

La duda, naturalmente es ¿Sabía Sebsatian Kurz que estaba echando gasolina al fuego de los prejuicios y el racismo, por mero interés electoralista? La oposición, como es lógico, dice que sí (menos el canciller Kern, el cual, por cierto, le ha echado un capote a su ministro de asuntos exteriores). En el nuevo ÖVP, llamativamente, no dicen que no, sino que „en vez de centrar el debate en lo que importa (esto es, en lo malísimo que es que los críos asistan a parvularios musulmanes) como siempre se discute sobre si la abuela fuma o no“.

¿Y Kurz? ¿Ha dicho algo? De momento, no ha dicho nada, ni es probable que lo haga y todo por una sencilla razón: si dice que sí, que sabía que el informe Aslan era un frankenstein de datos inflados y cogidos por la parte más escandalosa, se le tiraría encima todo el mundo (o sea, los que ya se le han tirado y los que todavía no). Si dice que no, que no tenía ni idea y que solo era un portavoz, quedaría como cierta infanta de España, que firmaba todo lo que su marido le ponía delante sin pararse demasiado a pensar. Entre pasar por malo y pasar por despistado (o algo peor) quizá lo mejor sea callar.

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