Mi abuelo tenía un barco (mecachis en la mar)

Barcos en alta marUn grupo de los llamados identitarios está escribiendo un nuevo capítulo de la historia universal del esperpento. Tan largo, que lo cuento en dos post.

27 de Julio.- dentro de los grupúsculos de la ultraderecha, los autodenominados „Identitarios“ son los más „cuñaos“.

En Austria y en Alemania son un puñado de gentes a las que, en general, uno tiene la sensación de que les falta un verano (a ver, seamos serios: ninguno de sus compañeros de ideología andan demasiado bien del tiesto, pero estos son todavía más limitados si cabe).

A fuer de pocos y de lo nulamente influyentes políticamente hablando que son -afortunadamente- lo que son, eso sí, es muy ruidosos, y se dedican a lo que los antiguos comunistas soviéticos llamaban „agitprop“ o sea, a la agitación y propaganda, con cierto éxito. O sea, que consiguen que los medios de comunicación les hagan un poco de caso.

La primera actuación conocida de esta cofradía fue en los primeros tiempos de la llegada de demandantes de asilo a Austria, allá por 2013, cuando un grupo de aquellos pobres se encerraron en la Votivkirche para pedir mejores condiciones de vida en Austria -vivían los pobres, entonces, en contenedores situados en puntos de Burgenland cercanos al lugar en que Jesucristo perdió el mechero-.

Después, los identitarios, un grupo que en Alemania está en el punto de mira de las autoridades por ser presuntamente neonazi (en Austria aún lo están decidiendo), han ido orquestando diversas acciones, como por ejemplo interrumpir una representación teatral en la que unos refugiados, actores aficionados, representaban un texto de Elfriede Jelinek, para susto de los pobres cómicos e indignación -lógica- de la platea.

La tesis fundamental de los identitarios es que, a fuerza de dejar pasar a personas de otras razas y religiones a la sacrosanta Europa, la identidad nuestra europea, algún día, se disolverá hasta que no quede de ella ni la raspa. Por esta razón, afirman ellos, es necesario preservar la „identidad“ europea (naturalmente, blanca, cristiana y demás) de estas influencias foráneas. Tarea para la que ellos, naturalmente, creen estar tan capacitados como impedidos están los políticos del continente europeo, que están propiciando una nueva invasión de los bárbaros.

O sea, el viejo cuento de „nosotros, la gente“ contra „la casta“. Qué pereza.

No es nada nuevo. Las mismas cosas ya las decían los nazis en el siglo pasado y, aún antes, los protonazis, los nacionalistas alemanes del último tercio del siglo XIX, solo que cambiaban a los refugiados por los judíos.

La última de las acciones de la cofradía ha sido alquilar un barco, un navío llamado C-Star y echarlo a navegar por el Mediterráneo frente a las costas del norte de África, al objeto de cazar pateras con personas que intentan llegar a Europa y devolverlas (a las pateras y a las personas) a su lugar de origen.

La historia del C-Star y todas sus peripecias daría para tres posts, pero voy a intentar reducirla un poco al objeto de hacerla comprensible.

Aviso que, como sucede alrededor de todo este mundo de la ultraderecha, es bastante difícil separar la verdad de las fantasmadas y rumores que los propios identitarios hacen circular para que no se note tanto que son una pobre gente.

En fin: según parece, las dos cabezas -es un decir- de esta „misión“ que tiene un poco de performance moñas de arte moderno, son el armador de la nave -o sea, el que ha puesto la platita- y el capitán. Ambos, pertenecientes a lo mejor de cada una de sus casas, como podrá verse a continuación.

Según parece, detrás del C-Star y sus alegres muchachos (15 tripulantes entre lo más granado del youtuberismo ultraderechista) está un tal Sven Thomas Egerstrom, un „empresario“ que se supone que, entre sus muchos negocios, tiene también el contrabando de armas. Armas que vende, según dicen, a los piratas de los que están infestados los mares. De nuevo repito: es difícil saber si esto es verdad de la buena o solamente una fantasmada. Porque, si no fuera poco las mentiras puestas en circulación por los identitarios al objeto de engrandecerse, hay también mentiras puestas en circulación por activistas de izquierda al objeto de desprestigiarles, así que es difícil separar el trigo de la paja.

El otro „cerebro“ de la cuestión, es el „capitán“ del C-Star. Según publica la prensa austriaca, el tipo en cuestión es un tal Alexander Schleyer, un alemán que durante un tiempo estuvo afincado en Austria y que (!Oh, sorpresa!) estuvo trabajando hasta hace poco en el grupo parlamentario del FPÖ en el parlamento austriaco.

No son nuevas (ni escasas) las conexiones entre el FPÖ y el grupo de los identitarios. Entre sus filas se ha localizado a varios cargos menores del partido, concejales y cosas así, que tienen como hobby luchar contra la decadencia del mundo occidental.

En lo que las revistonas llaman „sus redes sociales“ Schleyer se burla de los refugiados y les dedica insultos racistas a sus hijos. Como puede verse, un amor de hombre.

En fin: estas diecisiete personas, mas algunos extras se han propuesto, por lo que parece, escribir un nuevo capítulo en la historia universal del esperpento. Pero de eso hablaremos ya mañana, que nos estamos alargando demasiado.

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Un comentario a Mi abuelo tenía un barco (mecachis en la mar)

  1. Bad Vöslauer dice:

    Por lo que parece la tripulación contratada era malaya y al pasar por Chipre han pedido asilo y denunciado a sus patrones por tráfico de personas y con condiciones laborales

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