Speeddating en turquesa

El turquesa y el azul van a ser los colores de moda en este invierno. Lo que ha empezado como una speed date, lleva camino de cuajar.

24 de Octubre.- Siguiendo casi punto por punto el horario previsto, el tren de la nueva coalición austriaca ha hecho su entrada en la estación del tiempo.

Hoy, por separado, los dos dirigentes que son la cabeza de los dos partidos que la compondrán se han dirigido a la prensa para dar mensajes que eran de sintonía, pero que también eran un poquito diferentes.

Antes de entrar en ello, recapitulemos: durante el fin de semana, como ya saben mis lectores, Sebastian Kurz se ha reunido con los jefes de los partidos que tienen representación parlamentaria en la nueva cámara de representantes.

Las reuniones han sido un poquito speed date, las cosas como son (de todas maneras, todo el mundo sospechaba que las cartas estaban repartidas desde hace meses). Un poco paripé, vaya.

-Hola, qué tal, yo soy Sebastian.

-Yo Heinz Christian ¿No me conoces?

-Si yo hubiera visto una cara como la tuya antes, estoy seguro de que no se me hubiera olvidado.

-Zalamero.

-No tienes por qué ser modesto, barbián.

-¿En tu casa o en la mía? Mira que yo te puedo ofrecer lo que nadie te puede dar.

-Espérate que tengo que hablar antes con todos los representantes de las fuerzas políticas para que se vea que no excluyo a nadie.

-Venga va, pero aquí tienes mi número de teléfono…Por si un día te acuerdas de mí, machote ¿Te he dicho que me vuelven loco tus orejas?

-Eso se lo dirás a todos.

-Eso se lo digo a todos los que tienen las orejas tan bonitas como tú.

Y así.

Una vez repetido este diálogo de las orejas con todas las fuerzas políticas, Sebastian Kurz pasó la tarde del domingo jugando con los Clics de Playmóbil y con los Lego („Construye tu propio Hofburg“) y ayer por la tarde se fue a ver al Presidente de EPR, Van der Bellen. Llamó al telefonillo. Sonó al otro lado, metálica, la voz malhumorada del Jefe del Estado austriaco:

-¿Quién?

-Soy yo.

-¿Y quién diantres eres tú, si se puede saber? -desde que conoce el resultado de las elecciones, el Presidente Van der Bellen no está de muy buen humor.

El Sebas, señor Presidente.

-Sube, anda, que me estoy haciendo un té de escaramujo, pero tengo una Fanta en la nevera, que sé que te gusta -y luego, se volvió a su mujer y, desde la calle, Sebastian pudo oir claramente un exabrupto: qué querrá este a estas horas….

El señor Presidente y el que aún no es canciller de EPR, se sentaron a la mesa camilla y mantuvieron un tete-a-tete, después del cual no hubo declaraciones a la prensa. Hoy por la mañana, sin embargo, como decía Jose María García, estalló la bomba informativa.

Se convocó a los medios y los interesados anunciaron que el FPÖ y el ÖVP iban a iniciar las conversaciones para coaligarse y que las negociaciones no solo serían vigiladas intensamente por Kurz –entre partida y partida del Tragabolas– y Strache -de los pasatiempos de Strache nada se sabe, y algo me dice que mejor no pensar en cuáles pueden ser- pero que las mantendría una comisión mixta compuesta de lo más granado del ÖVP -del nuevo- y lo más coriáceo del FPÖ -del de siempre-.

Ante los periodistas, Kurz se mostró confiando en que Austria recibiría pronto ¿Quizá por navidad? Un nuevo gobierno para iniciar el proceso de reformas que él piensa que es necesario. Que no era por reformar, que reformar pa ná, es tontería. Que él iba a tocar lo que no funciona y a modernizar lo que se ha quedado viejo (en este país, que no es muy amigo de novedades -y por eso le ha votado a él- ya veremos cómo le sale).

Strache, en cambio, ha dicho que bueno, que él no está tan interesado en que el Gobierno se forme rápido sino en que se forme bien (igual que en las speed date, que él no es un hombre fácil, que él no es de un polvo de una noche y luego olvídame y si te he visto no me acuerdo).

Una cosa han tenido los dos en común. Durante todas sus conversaciones con la prensa han hablado siempre de Türkis-Blau (o sea, Turquesa-Azul, los dos colores de las imágenes corporativas de los partidos) y no Schwarz-Blau, como sí que han dicho los periódicos tradicionales (Die Presse, por ejemplo). Naturalmente, es una cuestión de marketing político que de ningún modo carece de importancia. En la mente de todos los austriacos, la anterior coalición entre la derecha y la ultraderecha trae el recuerdo de un rosario de escándalos, latrocinios y corrupciones que aún siguen sub iudice.

Es muy probable que las negociaciones sean más lentas de lo que Sebastian Kurz desearía porque desde la ultraderecha se quiere que todo quede atado y bien atado antes de que el nuevo Gobierno empiece su andadura, y una de las cosas que quieren atada es que Strache sea „menistro“ y no cualquier „menistro“, sino „menistro del interior“.

Se dice también que Van der Bellen no está nada contento con la idea, porque piensa que dejar en manos de la ultraderecha un departamento por el que pasa tanta información sensible sobre la vida de los ciudadanos austriacos puede ser peligroso. No parece que vaya a tener mucho éxito

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