Diciembre de 1921: la noche más larga

Burgenland, Austria. AtardecerHoy, la noticia del día en Austria(y en España) son las elecciones regionales en Cataluña. Hace casi exactamente un siglo, en Austria también se vivió una noche tensa.

21 de Diciembre.- La noticia, hoy, en España (y también en Austria, dadas las ramificaciones que el resultado puede tener en el devenir futuro de la Unión Europea) son las elecciones regionales en Cataluña (España). Los medios españoles llevan prácticamente desde que se abrieron los colegios electorales transmitiendo en directo y tratando de entretener la tensa espera haciendo cábalas a propósito de qué es lo que pasará mañana (menudea, naturalmente, la horrorosa expresión „el día después“).

Pues bien: hace casi exactamente un siglo (lo que son las cosas), o sea, la noche del 16 de Diciembre de 1921, salvando las distancias tecnológicas, se vivía en Austria una noche igual de tensa: la que sucedió al referendum, consecuencia de los tratados de paz que reordenaron Europa tras la segunda guerra mundial, y que tuvo como consecuencia que Burgenland, el territorio en conflicto, pasase a formar parte de Austria.

Fue una pelea a colmillo retorcido, con muchos paralelismos con la que, en estos momentos, se da en la región española.

Intentemos desliar la madeja: en 1918 termina la primera guerra mundial y, con el fin de las hostilidades, salta por los aires la Europa que, con pocas modificaciones, había estado vigente durante el largo periodo de estabilidad que abarcó todo el largo reinado del emperador Paco Pepe. O sea y, grosso modo, la Europa del siglo XIX.

Las potencias vencedoras se ponen a la tarea de reordenar el continente. Con varias cosas en la cabeza: en primer lugar, que las potencias vencidas no puedan volver a levantarse. Aniquilarlas sobre todo desde el punto de vista económico (decisión que se revelaría más tarde como desastrosa). Por otro lado, atajar el bolchevismo. No solo el de la revolución de los soviets, sino las diferentes revoluciones que, con mayor o menor intensidad, fueron reventando conforme el descontento de las poblaciones vencidas se materializaba en rencor hacia las vetustas monarquías que habían dejado al continente desangrado.

Por si fuera poco, y el panorama no estuviera ya suficienemente complicado, los movimientos ultraconservadores y ferozmente nacionalistas, girones de lo que habían sido los antiguos estados beligerantes también estaban presentes y haciendo de las suyas.

En esta situación, los países vencedores de la guerra, la llamada Entente, se sentaron en el Versalles, cerca de París, para elaborar un armazón para la paz. En los primeros esbozos de lo que, más tarde, fueron los acuerdos que tomaron su nombre del palacio en donde, hasta la revolución francesa, tuvieron su corte los Borbón franceses, estaba previsto conservar las fronteras históricas entre Austria y Hungría. O sea, entre el país que correspondía aproximadamente a lo que hoy conocemos como Austria, y todas las demás partes que habían pertenecido a Austria-Hungría y que se habían desgajado del tronco principal al obtener su independencia.

Sin embargo, existía un problema, y era que étnica e idiomáticamente la cosa estaba bastante mezclada (como era natural después de siglos de ser Burgenland zona de paso y fronteriza). Había zonas germanohablantes (sobre todo alrededor de la ciudad de Ödemburg, la actual Sopron) y había zonas de mayoría magiar.

Mientras los diplomáticos trabajaban en construir las bases de los futuros acuerdos, tanto Austria como Hungría cambiaban muy deprisa y, en muchos casos, de manera tumultuosa.

En Austria se fundaba la primera república, al frente de la cual estuvo, en sucesivos gobiernos, el socialdemócrata Karl Renner, en tanto que Hungría se entregaba a experimentos políticos de signo soviético, que terminarían forzando el curso de la trayectoria política de Hungría hacia el extremo del nacionalismo y del ultraconservadurismo, a través de un régimen autoritario que se consolidó en la figura del mariscal Horthy.

Esta fuerte inestabilidad en Hungría, así como el delicado equilibrio de quid pro quos que regía el dolorido tejido político europeo de la época (con Italia presionando a favor de los países eslavos, y estos, asimismo, presionando para que se castigase a Hungría por haber invadido con un „Ejército Rojo“ partes de lo que después sería Burgenland) hizo que los aliados decidiesen repartir lo que más tarde sería Burgenland en dos zonas: una germanoparlante, prometiéndole a la nueva república austriaca esta parte y otra de mayoría magiar.

La historia demostraría que la cosa no iba a ser tan fácil como los aliados se lo imaginaban.

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2 Responses to Diciembre de 1921: la noche más larga

  1. Ernesto Pastore dice:

    Resumiendo, si EEUU hubiera aceptado la idea coherente propuesta por un grupo pensante para los dos imperios, de mantener las monarquías como parlamentarias verdaderas sin resabios de absolutismo, con un príncipe infante en cada una(un nieto de Guillermo y el hijo mayor de Carlos), con sus respectivos Consejos de Regencia constituidos por lideres de ideas republicanas y parlamentarias de todos los partidos, más un Parlamento, evitando las inestabilidades de la República de Weimar, la posibilidad de que no aparezca un Hitler entre la dura vida de postguerra habría sido interesante y podria haber evitado la II Guerra Mundial. Pero EEUU está también constituido por seres humanos….””seres humanos…no se puede ser nada peor “”[Mark Twain]. …con toda sus ideas de poder, dominio y más sobre tierra semi destruida de posguerra.-

  2. ANGEL GOMEZ dice:

    ¡¡HOLA!! Siento señalar un fallo. Horthy, no fué nunca mariscal, puesto que pertenecía a la marina, en concreto a la autro-hungara. Creo que llegó a ser almirante. También le fué concedido el título de chambelán, por tu amigo Paco-Pepe, del que fué un gran colaborador. ¡¡SALUDOS!!

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