40 días del año 2017

Llega la recta final del año y llegan los balances. El más divertido y curioso es el que ha dado a conocer hoy el Instituto Austriaco de Estadística.

22 de Diciembre.- Estamos en la recta final de este paquete de trescientos sesenta días al que llamamos año. Forma parte de los hábitos de los bípedos implumes, especie a la que pertenecemos sorprenderse, primero, de lo rápido que ha pasado el tiempo desde la última vez que nos comimos las uvas (sorpresa que aumenta, por condicionantes biológicos, conforme va subiendo también el número de velitas que soplamos todos los años) y, después, hacer balance de todas las cosas que han pasado en un lapso de tiempo que, pese a ser corto en apariencia, ha dado muchísimo de sí.

Durante estos días en los que el año hace chimpún, menudean los balances (yo mismo los he hecho muchas veces y aún no sé si este año también lo haré) pero sin duda, el más original, lo ha hecho el Instituto Austriaco de Estadística, en forma de una encuesta en la que se ha preguntado a 2017 ciruelillos y ciruelillas, entre los 14 y los 69 años, por la cantidad de veces que han hecho ciertas cosas durante este año que se dirige lento pero seguro, a su final.

A pesar de que las medias aritméticas, entre las mediciones estadísticas, es la que calcula las cosas más a bulto, los resultados de la encuesta tienen su gracia, y ayudan a conocer un poco mejor a este pueblo que nos acoge.

Así pues, vamos a dar algunos datos.

Durante el año 2017, como media, los austriacos han estado 7,5 veces más borrachos que una cuba. Considerando la tolerancia que este pueblo ejerce sobre el consumo de alcohol, la verdad es que a uno le parecen pocas siete veces y media. Aunque claro, no es lo mismo el grado de castigo del hígado de un chaval de dieciocho que de la tía Hildegard, que vive en Kleinendorfen, pero bueno. De cualquier manera, los hombres se han mostrado más propensos a estar moñas que las señoras (la consabida sensatez de la mitad femenina de nuestra especie). Las señoras solo han cantado los campanilleros en 3,5 ocasiones durante este año. Si eliminamos 2 (Navidad y Nochevieja) la verdad es que no está mal el record: una borrachera y un achispamiento.

Lo mismo puede decirse en relación al tema sentisexual. Según la encuesta, el austriaco medio (y la austriaca media) se ha entreacostado este año con 2,4 personas; alguno de mis lectores se preguntará dónde estaban sus 2,4 y habrá que contestarle que, dado el mecanismo de formación de las medias aritméticas, lo más probable es que haya algún pájaro o alguna pájara que se haya alzado con 4,8 parejas (!Ay, Tinder, qué gran medio de progreso!). Pero no todo han sido jolgorios y zapatetas, como decía Don Pantuflo Zapatilla, padre de los gemelos Zipi y Zape; porque, a pesar de haberle puesto el zumo de pomelo (inevitable desayuno que sucede a una noche de sanos coitos) a 2,4 parejas, los austriacos medios han sufrido 3,5 veces de mal de amores durante este 2017. Concepto este asaz enigmático porque ¿Cómo se sufre de 0,5 penas de amor? ¿Es que se sufre poquito tiempo? (por ejemplo entre el café y la comida de mediodía) ¿Es que se sufre superficialmente nada más? (por ejemplo, se sufre una pena de amor mientras se está conquistando a la siguiente pareja). Pues no lo sabemos, porque los científicos austriacos se conoce que no se rigen por las mismas reglas que el resto de nosotros.

Los austriacos han disfrutado así mismo de algo menos de veintidós baños de cuerpo entero (en bañera y con velas y lucecitas de colores). No se tienen referencias a propósito de las duchas. La buena educación pide que supongamos que fueron 365 (mínimo) pero ciertos estudios de campo en los transportes públicos vieneses indican que durante las épocas de más calor algunos ciudadanos y ciudadanas de Esta Pequeña (pero salada) República hicieron una pausa en el cumplimiento de estos hábitos civiles (cimiento, quién lo duda, de una convivencia que no lleve al pernicioso independentismo) y el canto a sobaquina indicó que, en vez de 365 fueron quizá 340 o 200 las abluciones realizadas.

Entre los 14 y los 19 los austriacos leyeron, como media 6,6 libros al año (!Vergüenza! !Miseria! Así se explica uno los resultados de ciertos comicios) en tanto que las personas de edad más provecta, o sea, entre 60 y 69, leyeron casi el doble.

Fueron los austriacos al cine 3 veces y pico y fueron a un concierto (así, el sector cultural austriaco seguirá siendo carne de subvención). Demostraron los austriacos, eso sí, ser considerablemente hospitalarios. Recibieron en su casa algo más de veintisiete visitas (al pico decimal lo echaron a la calle después de media hora) y asistieron a cuatro cumpleaños (llegaron tarde, según afirmaciones propias, en bastantes ocasiones).

Duarante el año, los austriacos dejaron de ver la televisión sesenta y tantos días (en España, eso sería imposible, sospecho) pero no pudieron vivir sin internet. Apenas nueve días en total aguantaron los jóvenes sin cibernabegar por el ciberespacio.

En general, y pese a la fama de cascarrabias que tienen mis convecinos, los austriacos fueron razonablemente felices durante este año que termina. Como media, repetirían cuarenta de sus días. Oyes, no está mal.

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