Las ollas

A veces, personas que en apariencia no tienen nada que ver, resulta que son muy similares. Hoy contamos (solo un poco) lo de Conchita.

16 de Abril.- La vida es una novela de aventuras. Nunca se sabe en dónde te puede esperar una sorpresa agradable.

Hace algún tiempo, un domingo, pasé cerca del Schloss Rohrau, en Niederösterreich. Como soy curioso, decidí entrar. Descubrí que dentro hay un museo que es privado. No vale gran cosa, que yo recuerde. Los mismos cachivaches barrocos que en muchas otras casas señoriales de Austria. Cuando estaba a punto de irme, harto de pasear por salas en penumbra llenas de chucherías en urnas de cristal, me topé con un cuadrito (bastante legañoso, no es criticar) en donde había un papel enmarcado, medio comido por los siglos. Como tengo alma de trapero me acerqué y leí la firma al pie. Era un autógrafo de Teresa de Jesús. Me dio una alegría grandísima. Como si me hubiera encontrado a una vieja amiga.

Y en verdad lo es. Desde que descubrí a Santa Teresa, cuando tenía poco menos de treinta años, sus obras (en particular Las Fundaciones) me han acompañado mucho. Por lo menos una vez al año, vuelvo a ellas y me gusta ver que, en cada edad, Santa Teresa me dice una cosa distinta. También son un pilar muy importante para Viena Directo. Cada vez que el desánimo o la pereza me acechan („quién va a echar de menos tu artículo si no escribes hoy“) es Santa Teresa la que acude en mi rescate („metaflóricamente“ hablando, por supuesto). Y es que pienso que si Teresa de Ahumada, que no en vano es la patrona de los escritores, las pasó moradas escribiendo sus moradas, esto mío no puede llamarse esfuerzo de ninguna forma. Asimismo, lo que Santa Teresa nos enseña es a no poner atención si a uno le leen uno, cien o doscientos. Al fin y al cabo, Teresa de Jesús escribió (en principio) practicamente solo para su confesor. Lo principal es hacerlo como ella, para decir cosas que uno sienta y necesite decir y luego el resto viene solo. Además, con lo atomizada que está la audiencia en internet, al final uno termina teniendo más o menos los mismos lectores que tenía Santa Teresa sobre poco más o menos.

Teresa de Jesús enseña también otras cosas utilísimas: a no rendirse, a ser amable en las dificultades, a olvidarse de las propias y prestar atención a las ajenas, porque Teresa de Jesús era una gran psicóloga, una persona que partió de la introspección para entender la mente humana y los resortes del carácter de un modo muy penetrante, muy vivaz, un ser que sabía que hay que dar una de cal y otra de arena en muchas ocasiones y, sobre todo, eso tan útil para nosotros, los emigrantes, es mi muleta cuando me siento un bicho raro al que le cuesta hacerse entender. También ella fue una mujer a la que sus contemporáneos no entendieron demasiado pero ella nos enseña que, en esto, como en todo, el negocio está en resistir. Porque el que resiste (en esto, como en todo) gana.

Hoy, sin embargo, me he acordado de Santa Teresa por otra cosa.

Resulta que ayer estaba yo trabajando en el jardín y, para entretenerme, busqué (casualmente) un documental sobre Santa Teresa. Me salió una monja carmelita, que ha hecho vídeos en los que les cuenta a sus hermanas cosas. Les da charlas, vaya. Había unos vídeos comentando los libros de la fundadora. Me los puse y, aunque tuve que hacer abstracción del tono (algo irritante, esos chistecillos resecos y blancos de catequista que va de „moelna“) la verdad es que me enteré de muchas cosas que no sabía. La curiosidad me picó y pinché en otro vídeo de la monja locuaz. Se titulaba „¿Qué es la new age?“. Antes de entrar en harina, la carmelita se ponía a enumerar los males del mundo empezando por la mitificación de la tecnología y la ciencia.

-Yo no estoy en contra de la tecnología y la ciencia ¿Eh? Que quede claro -repetía. Hombre, faltaría más: sin ciencia y sin tecnología no hubiera habido Youtube.

Se ponía luego a enumerar lo que, según ella, eran los efectos perversos de la ciencia y de la técnica (y yo, cada vez con más pereza) que si el materialismo, que si la secularización, que si…El SIDA. ¿El SIDA? Valiente idiotez. Y quité el video. Santa Teresa era muchísimo más moderna que alguna de sus hijas.

Hoy, al leer que Conchita Wurst es seropositivoa me acordaba yo de la monja esta de ayer y no podía por menos que pensar que habrá mucha gente que piense como ella, porque el mundo está lleno de imbéciles, como sabemos todos. Y aunque Conchita Wurst se ha visto obligada a hacer público su historial médico un poco por güevos, las cosas como son(un ex la estaba chantajeando con hacer pública esta información), en la manera de hacerlo, en la inteligencia de su argumentación, he visto la misma solidez, los mismos arrestos que en Santa Teresa. Y he pensado que, a pesar de ser dos personas distintas, habitantes de universos que no se tocarán nunca, Santa Teresa y Conchita Wurst se hubieran entendido perfectamente.

Cuando a Santa Teresa la denunció una señora noble de Sevilla ante la Inquisición, la respuesta de Santa Teresa fue que se ventilara todo lo más posible, que „las ollas, cuanto más se tapan, más hierven“.

Pues eso.

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