EPR, Austria : una historia de bolsillo (6) : Hijos de la luuuunaaaa

Esto de la Historia es una cosa curiosa. Di que tú eres un majara que quiere darle base científica a tus locas teorías y de pronto te encuentras con una cultura.

27 de Mayo.- El núcleo inicial de la colección del Departamento de Prehistoria de la Universidad de Viena lo forma una colección de 24.000 objetos que, en 1912, no se sabe si antes o después de que el Titanic se fuera al fondo del mar, compró el Ministerio de Instrucción Pública imperial compró a un caballero que nació en una aldea de Baja Austria. El caballero, que había muerto tres años antes de la adquisición, se llamaba Matthäus Much. En el Museo de los Palafitos de Mondsee cuelga un retrato suyo, que le muestra ya anciano, con barba de prócer y mirando al infinito de la Historia. Tiene, en el retrato, que es una fotografía coloreada, un cierto parecido con Charles Darwin.

Durante su vida, Much publicó muchísimo y pasa por ser el conservador de monumentos más destacado de su tiempo. Gracias a sus buenos contactos con arqueólogos locales de toda Austria estaba informado rápidamente de todos los nuevos hallazgos que se producían, por lo cual, desde su puesto en la cúspide de los órganos de conservación de patrimonio de la administración imperial, podía actuar rápidamente y evitar que se perdieran valiosos vestigios de la prehistoria de Austria.

Naturalmente, los científicos, aunque se ocupen de un campo del saber aparentemente tan neutral como pueda serlo la edad de los metales, no son necesariamente santos ni tampoco son inmunes a las tensiones de su época. Much, por ejemplo, estaba muy interesado en la prehistoria porque su objetivo era probar que Europa había sido siempre el hogar de la raza aria (la cual él suponía que había llegado a Europa originariamente desde el Valle del Indo). Much, lo mismo que sus correligionarios, a los que podríamos llamar „protonazis“ (uno de las cabezas de este movimiento era un tal Georg von Schönerer, que fue una de las influencias capitales en el pensamiento de Hitler) estaban convencidos de que los primeros germano-arios habían sido un pueblo cuyo asentamiento primordial había estado en el norte de Alemania y que por lo tanto habían sido los europeos más puros. Cada vez que le nombraban a Much los pueblos eslavos como a los primeros habitantes de Europa se le erizaban las barbas, ya que él, como todos estos señores y luego, más tarde, los nazis, consideraban a los eslavos como personas inferiores desde el punto de vista racial.

En el curso de los intentos de darle algo de base científica a estas teorías tan majaras, Much, en sus expediciones de las temporadas 1870 a 1872, descubrió la llamada Cultura del Mondsee.

En este lago (Mondsee puede traducirse como Lago de la Luna), cuyo paisaje, por hermoso, parece dibujado por un niño, Much descubrió restos de palafitos y entre los palafitos, fragmentos de cerámica y de objetos de cobre que pudieron ser datados entre los años 3800 a 3300 antes de la Era Común (para que mis lectores se hagan una idea, la pirámide de Keops se construyó unos mil años más tarde, más o menos hacia el 2500 antes de la Era Común).

Los palafitos son edificaciones que están construidas sobre estacas que se clavan en zonas de aguas tranquilas, como lagos, aunque también los hay a la orilla del mar. La palabra deriva del italiano palafitta y parece que ha sido una forma de edificación bastante utilizada por la especie humana, dada la extensión de los palafitos alrededor del mundo.

La cultura del Mondsee cubría un área geográfica aproximadamente a lo que hoy sería la región de Salzkammergut y poco se sabe de sus componentes, salvo que vivían en zonas lacustres como el Mondsee y que fabricaban un tipo característico de cerámica cuya pieza más representativa era una jarra con forma de pera y un asa con forma de banda y que conocían la metalurgia del cobre.

A pesar de ser una forma cultural local, aquellos primitivos austriacos tenían contacto con otros núcleos culturales de su entorno como el grupo de Altheim o la cultura de Münchshof.

Por cierto, el hijo de Much, Rudolf, fue también un destacado historiador pero no quiso, como su padre, dedicarse a la edad de los metales, sino a la Edad Media (a lo mejor por aquello de evitar las comparaciones). La obsesión con la raza aria, sin embargo, sí que la heredó y como su padre estuvo muy en contacto con los llamados „Deutschnationalen“. No está probado que fuera, además de fan de la raza aria, antisemita. Por un lado, tuvo una trifulca académica en la que, según dicen los testimonios contemporáneos, le perdió el respeto a otro colega judío, que no compartía la perra que tenía este señor con el tema de los pueblos indogermánicos. Parece que, en privado, le llamó de todo y entre las cosas que le llamó estuvieron varias relacionadas con su ascendencia judía.
Por otro lado, tuvo una relación inmejorable con otros judíos e incluso su más cercano colaborador, con el que publicó varias cosas a cuatro manos era judío. Sea como fuere, en el patio de honor de la Universidad de Viena, la augusta alma mater junto al Ring, se puede ver un busto de bronce de Much junior. Quizá cuando, si Dios quiere, lleguemos a la edad media, tengamos ocasión de volver a hablar de él.

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