La Unión Europea de la Sra. Stone

Viena. Bandera de la Unión Europea en la presidencia del Gobierno austriacoEn el verano de 2028 la palabra de moda fue „Eurostalgia“. La pesadilla temida por todas las personas sensatas se había consumado.

31 de Mayo.- La palabra de moda en el verano de 2028 fue „Eurostalgia“. En realidad no sonaba muy bien, pero describía perfectamente los sentimientos de millones de habitantes del continente europeo los cuales, prácticamente de la noche a la mañana, habían visto como la Unión Europea se desmoronaba delante de sus ojos sin que nadie pudiera hacer nada para evitarlo. Era la añoranza de tiempos tan felices que, según pensaba todo el mundo, habían quedado enterrados para siempre.

La palabra procedía, como casi siempre, de una película, en realidad, la última gran película que hizo Meryl Streep.

Se llamaba „La Unión Europea de la Sra. Stone“ y estaba basada en un caso real, el de un ama de casa británica que había visto cómo su vida diaria empeoraba cada vez más después del Brexit y terminaba presentándose en una conferencia de prensa de Boris Johnson y le daba un tartazo. Este gesto, que en otros momentos hubiera tenido unas consecuencias humorísticas (memes, la efímera fama en Facebook) le había costado la vida a la Sra Stone. Un grupo de exaltados nacionalistas británicos, componentes de una de las milicias paramilitares de ultraderecha racista (Steel and Honour) , que se habían formado para intentar contener la ira de una población que había visto bajar drásticamente su nivel de vida, la había linchado hasta provocarle la muerte.

Meryl Streep ganó el Oscar por el papel. Su último Oscar.

Casi todos coinciden en que el final de la Unión Europea había tenido dos tipos de causas, externas e internas. Las externas vinieron, como „La Unión Europea de la Sra. Stone“ (Warner Brothers, 2027) del otro lado del charco.

En 2018, el presidente Trump empezó con un laborioso (e irresponsable) proceso de demolición de los controles de seguridad que habían intentado atajar las terribles consecuencias de la Gran Recesión de 2008. Sin las ataduras que coartaban su libertad para internarse en el lado salvaje de las finanzas,los bancos provocaron en noviembre de 2019 una crisis crediticia, por la cual el mundo se vio envuelto en un nuevo apagón financiero, que no hizo más que profundizar las crisis internas que ya tenían algunos miembros destacados de la Unión.

En España, la eterna situación de tablas entre el Gobierno Central de Madrid y la Generalitat, saltó por los aires cuando el Gobierno catalán obtuvo ayuda externa (mercenarios plurinacionales pero, como después se supo, pagados por Rusia) que adiestraron a otra milicia paramilitar al estilo de la inglesa, los llamados Nois, reclutados de entre el ejército de desempleados que había dejado la crisis, y que impusieron un reinado del terror ante el que la Unión Europea quedó paralizada. Esta inacción de Bruselas, impotente para parar lo que a todo el mundo se le antojaba el principio de una guerra civil, conllevó que el Gobierno de Madrid, como protesta, iniciara su salida de la Unión, que se culminó en mayo de 2023.

Italia, otra de las economías más potentes de la extinta UE, también abandonó la que había sido llamada la Casa Común. Esta vez el motivo también fue una disputa territorial. Los separatistas de la Liga Norte, unidos a los euroescépticos del Movimiento 5 Estrellas en una alianza contranatura, desde el punto de vista político, se ayudaron de la crisis económica para propiciar un caos migratorio que hizo que miles de personas, procedentes del sur profundo del país, cruzasen los Alpes e invadiesen Austria primero y luego Alemania, saturando los mecanismos de acogida y los sistemas sociales de los dos países. Neutralizada la Unión, la Liga declaró el estado de emergencia en el norte de Italia y declaró la independencia unilateralmente.

Al principio de la crisis con su vecino del sur, el Gobierno austriaco, gobernado por una coalición entre la derecha y la ultraderecha, había intentado dar una imagen de normalidad y había respetado la legislación europea, sin embargo, menos de un mes después de la avalancha de migrantes, los medios más sensacionalistas, con el Kronen Zeitung y el Österreich a la cabeza, provocaron una histeria colectiva que tuvo como consecuencia el envío de tropas al paso del Brennero (tropas que dispararon ante los mitrantes indefensos, imagenes que indignaron a la opinión pública mundial) , el cierre de las fronteras austriacas con el resto de países de la Unión y la suspensión del vigor de toda la legislación vigente relativa no solo al libre movimiento de personas y mercancías intracomunitario, sino también todo el bosque legal que había sustentado hasta entonces la reciprocidad entre los países miembros en cuanto a la sanidad, permisos de residencia, etc.

De manera desagradablemente rápida, casi un millón de personas (gran parte de ellas concentradas en Viena) se vieron forzadas a abandonar el país de la noche a la mañana, al caducar sus permisos de residencia. La actividad de muchas empresas, sobre todo las basadas en el comercio internacional, colapsó. El Gobierno de Viena, cuyo control tomó la ultraderecha aún a pesar de los ruegos del presidente Van der Bellen, trató de plantar cara a la situación anunciando la autarquía economíca y proclamando que „Austria, para nuestra gente“ (Österreich für unser´ Leut´). En cuestión de seis meses, el PIB austriaco se desplomó hasta perder un veinte por ciento, de manera que Austria entró, de hecho, en suspensión de pagos.

En el este de Europa, en donde estaban las economías más afectadas por el apagón crediticio de la segunda ola de la Gran Recesión, la situación pronto tomó un cariz en el que lo identitario supremacista y el fundamentalismo cristiano se fundieron en un movimiento neofascista que tomó las siglas del partido de Viktor Orban, Fides (casualmente, Fe en latín). También aquí Rusia, ayudada desde dentro de la Unión por la ultraderecha austriaca y la francesa, desempeñó un papel fundamental. Todos los países alineados con Fides se separaron de la Unión Europea y crearon un conglomerado de países que resucitaba lo peor del comunismo.

(…)

Todas estas cosas no han pasado, pero si la Unión Europea no se pone las pilas, todas o algunas pueden pasar. A los ciudadanos nos cabe una gran responsabilidad a la hora de defender la Unión, luchando por los derechos que nos dan las leyes europeas y no votando a partidos que más que euroescéptiocos son eurófobos. Que no nos acordemos de lo buena que era la Unión cuando Meryl Streep gane su próximo Oscar.

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