Estrategias para abrir austriacos

Se dice de los austriacos que son cerrados. A veces, es solo un problema de no encontrar la llave correcta. Viena Directo te da todo el llavero. No te quejarás.

23 de Junio.- Encuestas recientes entre la población extranjera residente en Austria indican que, según la opinión general, los austriacos tienen cierta tendencia crustácea. O sea, que son un poco cerrados. Yo, personalmente, no lo he notado nunca (o lo he notado poco, la verdad), pero es que quizá, como uno lleva aquí ya un poco de tiempo, puede ser que uno también se haya hecho también más cerrado de lo que era.

En cualquier caso, como Viena Directo es, ante todo, un servicio público, vamos a hacer un repaso de algunos métodos que resultan útiles para que los austriacos „se abran“, lo cual indudablemente redunda en una mejor convivencia e integración con la población aborigen así como una mejora del tránsito intestinal y una prevención de las molestas úlceras de estómago (y vaya si son molestas, si no que se lo digan a Napoleón, que se pasaba el hombre todo el santo día con la mano en la tripa).

Pero entremos en materia.

Muchas personas que se quejan de la presunta cerrazón austriaca no han puesto en práctica con suficiente constancia un procedimiento muy útil, que es el de intentar hablarles a los aborígenes en un idioma que ellos puedan entender. Y es que, señora, el extranjero está muy mitificado y los españoles pensamos que somos los únicos que tenemos, así como pueblo, a bulto, un nivel de inglés tirando a ratonero. Pues no, señora, también hay austriacos que hablan idiomás extranjeros a nivel presidente del Gobierno español (Suárez podía pedir un café en francés, pero ya; de los demás no se tiene constancia de que puedan decir buenos días en una lengua distinta del castellano). El corazón austriaco es particularmente sensible a que los extranjeros tratemos de hablar un poquito en su idioma. Incluso la experiencia indica que a los austriacos les pone muchísimo que les destrocemos las declinaciones y los casos. En general, encuentran nuestra manera de maltratar su idioma enormemente sexi (yo tengo un conocido que fuerza incluso su acento meridional para resultar más atractivo a sus conquistas) razón de peso para intentar, por lo menos, dominar un poquito las cuatro cosas que hay que dominar.

Otra cosa muy importante es no hacerse falsas expectativas. No. Los austriacos NUNCA, pero NUNCA, serán como nosotros. O sea, que desde el nivel crustáceo cabe una mejoría, pero jamás alcanzarán un nivel de extroversión mediterráneo y ya, latinoamericano, ni hablemos. Eso sí: con paciencia se les puede ir enseñando y al final se alcanzan resultados si no óptimos, sí bastante pasables. Para que mis lectores me entiendan, les voy a poner un ejemplito que van a entender perfectamente: a un „bailante“ de salsa latinoamericano y a un „bailante“ de salsa centroeropeo se les distingue en que el bailante de salsa latinoamericano es capaz de improvisar, de fluir, de pasarse la ortodoxia salsera por el compay segundo y salirse de la norma, jugar.

El „bailante“ centroeuropeo es rígido, ha aprendido los pasos con exactitud y constancia y le molesta (vamos, es que le horripila) improvisar. Con esto de la extroversión es igual. Los centroeuropeos solo consiguen ser extrovertidos cuando se relajan, cuando no necesitan acudir a todo ese arsenal del odioso „small talk“ que les enseñan desde que son pequeños. Si no: como cuando bailan salsa: ellos, a lo seguro. A la técnica apredida. O sea, que hay que apreciar sus progresos sin compararles con nosotros, sino teniendo en cuenta que, por su punto de partida, lo tienen peor. De aquí se deriva el siguiente consejo:

Paciencia. Mucha paciencia. Sobre todo cuando uno está intentando hacer los primeros amigos uno, apremiado por su situación de soledad, tiende a intentar forzar. Como diría Trump „very mocho bad tactic“. Con los austriacos funciona el no rendirse. Bueno, con casi todos, que también hay casos impermeables a nuestro poder de seducción. Sin embargo, el tiempo suele ser un buen aliado.

Otro consejo importante es no idealizar el propio nivel de extroversión. No: los españoles (por poner el ejemplo que tengo más cerca) también podemos ser muy cerrados. Como los austriacos o más (habrá algún lector que se escandalice, pero es así). Sobre todo los que vivimos en las grandes ciudades. A nosotros nos parece que no porque NUNCA hemos sido extranjeros en España. Para tener una cura de humildad, acérquese el lector a cualquier persona sudamericana (sudamericana digo, que lo tienen fácil con el idioma) y pregúntele cuánto tardó en hacer amigos españoles. En hacer amigos de los de llamarles cuando se te ha caido la plancha en el dedo gordo del pie y te tienen que llevar al hospital. Probablemente, se le quite al español la sensación esa de que lo nuestro es un viva la gente la hay donde quiera que vas.

Si el austriaco, a pesar de todos los esfuerzos y de la paciencia, sale durete y no se abre, le sugiero al lector o a la lectora que haga averiguaciones a propósito de las simpatías políticas del aborígen al que intenta convertir en una persona abierta. Las encuestas demuestran -no es criticar, es referir- que hay determinadas opciones políticas que casi automaticamente garantizan un nivel de formación digamos no muy exhaustivo. Con todo lo que ello implica, por ejemplo para los idiomas (ver punto uno) o para la tolerancia con las costumbres ajenas. Españoles y latinos tenemos en una cosa a nuestro favor y es que incluso los más encallecidos xenófobos de entre los austriacos nos consideran „extranjeros buenos“.

Por último, hay un atajo que suele funcionar bastante con los austriacos a la hora de hacerles extrovertidos. No es muy políticamente correcto decirlo, pero como yo soy muy sincero con mis lectores, no puedo callarme. Digamos que con el ochenta por ciento de los aborígenes funciona muy bien el darles de beber (alcohol). El problema es que este atajo, como todos los atajos, es reversible. O sea, que el austriaco puede terminar la tarde o la noche asegurándonos que somos como hermanos suyos y que se dejarían matar por nosotros y al día siguiente, disipadas las tinieblas del alcohol, la situación puede volver a la casilla de salida. Por eso uno es siempre partidario de la paciencia y las estrategias a medio y largo plazo. Cuando se convencen de que uno es majo, lo tiene uno todo ganado.

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Un comentario a Estrategias para abrir austriacos

  1. Jorge dice:

    Totalmente de acuerdo con el escrito de que es super dificil hacer amigos españoles en España, especialmente cuando uno es latinoamericano. Yo vivi en Barcelona durante casi 2 años y me resulto casi imposible. Fue mas facil hacer amigos polacos y alemanes que españoles por lo que estoy de acuerdo con el tema de la paciencia. Gracias por tus articulos sobre la sociedad austriaca.

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