Oida: esa palabra peligrosa

Según cierto organismo vienés, en primaria se aprenden ciertas cosas que valen para toda la vida. Y si no se aprenden, te puede costar 100 Euros el olvido.

18 de Octubre.- Que los austriacos son sumamente ceremoniosos y amantes de las formas no es ningún secreto.

Es una característica nacional a la que alguien procedente de la zona sur de Europa se tiene que acostumbrar. Sobre todo si, como pasa en Celtiberia, el hablar de usted con la gente desconocida o, como se decía aún cuando yo era chaval, « las personas de respeto », se ha quedado para las películas de Jose Luis López Vázquez.

Y es que este país milady, es bastante Downton Abbey para según qué cosas. Gente que lleva trabajando mesa con mesa desde que Bruno Kreisky era canciller y que todavía no han encontrado el momento de tutearse (bueno, estando sobrios, porque ya se sabe que el alcohol de las fiestas de navidad puede cambiar esa situación). Vecinos que llevan aguantándose durante décadas, igual. Es cierto que también nosotros nos pasamos bastante y que a mí, ahora, cuando me hablan de tú en el contexto que sea, me suena raro. Es más : nuestro tuteo, aunque parezca que no, es de raíz decididamente fascista. Empezó en las filas del partido único, en donde el flecha tuteaba al jefe de centuria y viceversa y luego, muerto el dictador, empezó todo el mundo a tutearse (y a decir cojones y joder, son fenómenos paralelos) porque se pensaba que abolía la jerarquía (del rey, que gozaba de ese privilegio porque le salía de los borbones para abajo).

En este tuteo, por cierto, estaba la raíz de aquella « campechanía » que se le atribuía al soberano anterior y que obedecía, claramente, a lo seguro que el monarca anterior se sentía de su posición . El rey, como es lógico, podía (puede) ser « campechano » con todos nosotros y nos puede tutear, pero en ningún caso es nuestro igual, porque él sabe que a nadie se le ocurriría tutearle a él. Si el rey padre no podía permitirse esa cercanía artificial, a ver quién podía permitírsela.

Quizá la causa de la noticia de hoy esté en la diferente manera de entender la cortesía y el respeto en los países mediterráneos y aquí.

Resulta que, hace unas semanas, un caballero llamado Spasic (probablemente de ascendencia balcánica) el cual es, como yo, fotógrafo, se encontraba en una calle de esta bonita capital cuando presenció una actuación policial. Las fuerzas del orden estaban poniendo paz en una reyerta. Como se encontraba a una distancia que él consideró prudente, decidió hacer unas cuantas fotos con su móvil, cosa que por cierto está prohibida.

Uno de los agentes que estaba trabajando se percató de lo que hacía, se acercó a él y le pidió la documentación. Spasic, no entendió para qué necesitaba ver el agente sus papeles y debió de responderle bastante mosqueado. El agente, que debió de notar quizá el acento extranjero de Spasic, le preguntó si entendía alemán para luego preguntarle, quizá con deseo de instruirle en caso de recibir una respuesta negativa, « si no sabía cómo funcionaban las cosas en Austria ».

Sin duda, Spasic entendió mal el tono del policía, y debió de parecerle humillante la referencia del agente a su competencia lingüística en la lengua del escritor más pirotécnico de la literatura (el que tiraba « Goethes » jajajaja, no puedo, ejem, en fin:) porque en buen vienés (si bien no excesivamente elegante) le dijo algo así como « qué quieres, tío ! (wos wilst du, Oida !).

El policía sintió que Spasic estaba faltándole al respeto (por el Oida, con cuyo equivalente castellano nadie se dirigiría, como es lógico, ni al rey nuestro señor ni a ningún policía ni guardia civil) y dicho efectivo de las fuerzas del orden le puso a Spasic una multa de 100 euros (o dos días de prisión). Spasic ha contado el hecho en sus redes sociales, afeándole al policía su conducta y la policia de Viena, a través de su cuenta de Twitter, le ha respondido que hasta los críos de prmaria saben que « Oida » no es manera de dirigirse a un agente de servicio. Bueno, ni a nadie a quien no se conozca.

Y es que, ante la duda, ya saben mis lectores: mejor pasarse de ceremonioso que de lo contrario.

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Un comentario a Oida: esa palabra peligrosa

  1. Anselmo dice:

    Este pobre balcánico haría bien quedándose en su pueblo. Y, sobre todo, absteniéndose de venir a España, donde sus tropiezos con la autoridad podrían resultarles más gravosos.

    Según creo: La moda de utilizar expresiones malsonantes empezó tras 1968.

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