Romy Schneider: la mujer más triste del mundo (6)

Todos los que vivimos en un país extranjero sabemos lo difícil que es para nosotros ganarse la vida con la palabra. Romy Schneider lo consiguió.

20 de Octubre.- Cualquiera que haya vivido en un país extranjero sabe que uno se puede ganar la vida de muchas maneras, pero que los oficios en donde más difícil es hacerlo es en aquellos relacionados con la palabra. Como por ejemplo, el de actor.

Como ya apuntábamos en la anterior entrega de esta serie, Romy Schneider, al principio, no lo tuvo fácil en Francia. Fue el concurso decisivo de Luchino Visconti el que por fin le abrió las puertas del teatro francés. Fue con un drama ambientado en el renacimiento. Sobre el escenario, ella y Alain Delon. Para afrontar el texto, Romy Schneider dio clases de francés e incluso utilizó los servicios de un logopeda. Pero la revelación, para ella, fue Visconti. Hasta aquel momento, Romy Schneider se había apoyado en sus ingentes reservas de talento natural para la actuación. Era, en muchos sentidos, una actriz de un tipo muy parecido al dela española Concha Velasco. O sea, una actriz-verdad. Una actriz que creaba la emoción en el momento. Sin embargo, Visconti le enseöó que, como decíael viejo slogan de neumáticos, « la potencia sin control no sirve de nada » ; le mostró el valor de la disciplina, de la sensibilidad, de afinar aquel instrumento con el que la naturaleza la había dotado.

Al estreno, el 29 de marzo de 1961 acudió el todo París. En la primera fila estaban Ingrid Bergman, Shirley McLaine y Jean Cocteau, entre otros. En aquella época el público parisino era el más refinado, pero también uno de los más crueles de aquel mundo irrepetible. Quizá todos esperaban que Romy Schneider fracasara ante un reto de aquel calibre. Pues bien : no. Como hubiera dicho un castizo : lo petó. Aquella fue la noche de su consagración en París. No solo tuvo un exitazo de crítica, sino también se ganó el respeto de la profesión teatral parisina.

En 1962, hizo Bocaccio 70, e interpretó La Gaviota, de Chejov. Después, hizo El Proceso, junto a Orson Welles –la vi yo hace unos meses en la filmoteca de Viena y la verdad es que Romy Schneider es lo más aprovechable de una película que es muy dura, como casi todo Kafka- ; se suceden las películas y las obras de teatro con lo mejor de la alta cultura de los sesenta. En 1963, Hollywood, junto a Jack Lemon. Qué más se puede pedir. Pues en el caso de Romy Schneider, se podía. Que al llegar a casa, hubiera alguien que la quisiera. Ni más ni menos. En 1963 empiezan las desgracias para Romy Schneider.

Mientras está rodando en Hollywood la película « Préstame a tu marido » (parece el título de una de Alfredo Landa, pero no) Alain Delon se lía con la actriz nathalie Barthélemy. Romy Schneider se entera por la prensa de que el amor de su vida le acaba de poner los cuernos por otra –para mis jóvenes lectores, esto, en la era analógica, no eran tan fácil como ahora-. La desgracia para Romy fue que no solo se lió con ella, sino que, poco tiempo después, abandonó el piso que compartía con ella y se casó con Barthelemy. Destrozada –y no era para menos- Romy intentó suicidarse y se apartó de los platós para intentar digerir el duelo. En 1964 se estrenó su película americana y fue un exitazo. Romy Schneider, como otras veces a lo largo de su vida, trató de refugiarse en el trabajo.

Empezó a rodar El Infierno (L´Enfer) pero no se pudo terminar la película. Gafe total. El coprotagonista de Romy Schneider enfermó y a la semana de empezar a rodar, el director Clouzot, tuvo un infarto. Después de este film fallido, Romy Schneider hizo « What´s new, pussicat ? » con Peter Sellers. El guión era de Woody Allen.

Romy Schneider no lo sabía aún, pero su vida estaba a punto de dar otro giro.

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