Apapachos prohibidos

El director de un instituto de secundaria austriaco, alarmado, se ha visto en la necesidad de tomar medidas drásticas.

Apapachos : Honduras y México. Palmaditas cariñosas o abrazos (DRAE)

7 de Noviembre.- Una de las cosas (falsas) que suelen decir los extranjeros de los austriacos es que son fríos. Una gente sin alma, sin sentimientos. Una gente que abandona a los críos débiles o tullidos (« tullido », macho, qué palabra) en los riscos para que se los coman los animalicos campestres –como hacían en Esparta-, una gente que huye del contacto físico, que no se besa, que está siempre inquieta, con el culillo apretao, como un torero al otro lado del telón de acero (Sabina, vaya ripio, majo, por cierto).

Los que ya vivimos aquí hace un tiempo, sabemos que esto no es así, naturalmente, que los austriacos son personas bien, pero que bien amorosas. Prueba de ello, por si hiciera falta alguna, es la cantidad de críos con « migrationshintergrund » que nacen en EPR. Hijos e hijas de padre celtíbero y madre aborigen o viceversa. Lo cual demuestra que cuando queremos, y como hubiera dicho Camilo Sesto, nos gusta el contacto piel con piel.

De esto se trata el post de hoy.

En la bella localidad austriaca de Eisenstadt, desmintiendo lo que podría hacer pensar su mineral nombre (significa literalmente « ciudad de hierro »), población que es la capital –hermosa, pero chiquitilla- del land confederado de Burgenland, el director del instituto de senundaria Theresianum se ha visto en la necesidad de limitar los excesos de afecto entre sus alumnos pre y púberes (o sea, entre las diez y las quince primaveras).

Resulta « de que » en su instituto le ha dado a todos los chiquillos por demostrarse su amor a cada rato. O sea, en las pausas entre clase y clase. Mediante abrazos muy apretaos.

Los chavales, un poner, van de la clase de inglés a la clase de biología (a diseccionar el consabido mejillón) y, por el camino, se encuentran con los que vienen de biología (de diseccionar el consabido mejillón) a inglés. Y les da tanta alegría verse que, presas de un impulso irresistible, se echan a los brazos los unos de los otros (y de las otras), provocando, según la dirección, considerables embotellamientos en los pasillos del centro los cuales entorpecen el buen funcionamiento del proceso educativo.

Ayer, en un extenso reportaje de la ORF, se analizaban las implicaciones de esta nueva moda juvenil –la de abrazarse- mediante exhaustivas entrevistas a todos los afectados de la comunidad educativa. Los críos, con la gran capacidad expresiva propia de su edad «bueno, pues nos abrazamos porque te hace sentir bien y eso, no ? Ossea… » explicaban que el abrazarse se había convertido en una cosa « moelna » que hacían los tinéiyers para epatar, para chinchar a los adultos, al tiempo que encontraban gustito en lo del calor de pecho ajeno.

El director del instituto, un caballero un poco mayor que yo, con un jersey azul y cara de apuro, explicaba que había probido abrazarse en las pausas en bien de la seguridad pública, porque claro, con todos los pasillos del centro, y las escaleras, y todos los espacios disponibles, taponados de afectuosos cachorros de la especie humana haciendo el oso (amoroso), el día menos pensado podría suceder una desgracia –porque además, es que los chavales se abrazan no de dos en dos, sino en plan melée– ; te tropiezas, te resbalas, te caes mal y te fracturas el metacarpio o el parietal izquierdo. Quiso aclarar asimismo que él no piensa que sea vicio, y que no quiere obstaculizar para nada el desarrollo psicosexual de la chavalería, sino evitar traumatismos y contusiones de diversa consideración.

Por último, una psicóloga explicaba que abrazarse, achucharse, apapacharse (qué gran palabra), estrujarse, es una cosa que tiene efectos muy beneficiosos para la salud psíquica y corporal, que tranquiliza, que reduce el estrés (ser un tinéiyer es muy estresante, sobre todo si te han suspendido porque el profe te tiene manía) y que, sobre todo, muy importante para un adolescente, aumenta la cohesión grupal. Es una pena que se deje de hacer cuando se cumplen los dieciséis, el mundo iría mejor.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

Un comentario a Apapachos prohibidos

  1. Anselmo dice:

    Es un acontecimiento peculiar y, por lo que se deduce del artículo, casi exclusivo de ese centro. A pesar de mi ignorancia sobre el tema, a mi me sugiere la idea de que estos chicos sufren alguna carencia afectiva en su ambiente familiar.

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