Buenos días, señor monstruo

La mejor manera de salvarse de un peligro es conocerlo. Hoy, hablamos de uno que no solo acecha en Austria sino en todas partes. Servicio público, vaya.

12 de Noviembre.- Se ha convertido en un lugar común, y los lugares comunes definen los valores que imperan en una sociedad en un determinado momento.

Se trata del verbo « trolear » y, por lo tanto, de la existencia de los trols.

Como moderador de dos grupos de Facebook y como persona que tiene un blog bastante seguido (gracias a Dios) y, por lo tanto, fácilmente localizable, he tenido ocasión de estar en contacto frecuentemente con esta figura fastidiosa.

De todas formas, en tanto que paseantes por esa plaza pública que es internet, todos hemos podido observar su modus operandi. De hecho, el « supertrol », Donald Trump, el trol ejemplar, de manual, representa el siniestro triunfo de esta especie de opinador que ha invadido el espacio público como una metástasis.

Bajo mi punto de vista, los trols representan un peligro para nuestra sociedad. Está claro que se mueven por un interés absolutamente cortoplacista, que es el de dar salida a una agresividad y a una frustración narcisista que son sus rasgos más definitorios.

Siendo esto así, me ha parecido útil reflexionar un poco a propósito de este peligro, porque ya se sabe que la manera más eficaz de salvar un riesgo es conocerlo.

Para empezar,y como decíamos más arriba, el trol es agresivo y, como tal, es esencialmente destructivo.

Cuando critica, por ejemplo un artículo de un blog como este, no lo hace generalmente proponiendo una alternativa que le parezca más viable, o discrepando sobre tales o cuales asuntos. Las enmiendas de un trol, como las de cualquier borracho de bar, son siempre a la totalidad.

El trol carece de empatía, porque está embargado de una concepción completamente narcisista de sí mismo (Trump es un ejemplo clarísimo), lo cual quiere decir que en el mundo no hay para el trol nadie más importante que él, y por lo tanto carece de sentimientos, en la medida en que es incapaz de ponerse en el lugar del otro.

Es inútil por lo tanto explicarles nada. Y menos que es de muy mala educación verter comentarios hirientes o maleducados de manera gratuita, y más en la casa que a uno le acoge (en este caso, este blog) porque él piensa que todo se le debe.

Por eso, más tarde o más temprano, en la relación con cualquier trol aparecerá una referencia a la « libertad de expresión » del mismo modo que, en los programas de telebasura, siempre aparece en algún momento una referencia al « periodismo ».

Para un trol la libertad de expresión consiste básicamente en poder machacar sin límite al contrario (al tiempo que llora inconsolablemente cuando se opone alguna traba a su comportamiento, aunque sea mínima) y, por supuesto, cuando el contrario decide tomar las medidas que sean para poner coto a los insultos, el trol le acusará siempre de ser un censor reaccionario que está en contra de la libertad de expresión que dice defender.

Con este objetivo, los troles del mundo han parido una serie detérminos para menospreciar la capacidad de sentirse agredidos de sus víctimas (los famosos « ofeniditos », los « maricomplejines », el famoso « buenismo » etc).

Queridos amigos : sufridores de trols, por experiencia propia, hacedme caso : pa-san-do. Como de la caca, además.

Con un trol es imposible llegar a un entendimiento, porque no entienden un lenguaje normal de negociación.

Viven en un mundo binario en el que solo es posible tener razón en todo (ellos) o estar equivocado en todo (tú). Además los trols aman la atención pública sobre todas las cosas y una de las formas de conseguirla es el victimismo, lo que podríamos llamar « el síndrome de la ciudad cercada ».

A pesar de carecer de empatía ellos mismos, sí que son muy hábiles utilizando los sentimientos que los otros puedan sentir hacia ellos (un ejemplo clarísimo es la guerra que Donald Trump contra los medios, la cual Donald Trump azuza conscientemente de manera periódica, porque es uno de los motores más eficaces de su victimismo y de su necesidad de compensarlo con la adulación pública ; en ese sentido por ejemplo el reportero del otro día de la CNN, que se negó a entrar en el juego de Trump, fue habilísimo a la hora de desenmascarar su estrategia).

Otra de las características principales del trol es que es un ser parásito.

Esto quiere decir que el trol no produce nada, ni crea contenido, ni realiza ninguna labor útil para el resto de los internautas. Aunque, por supuesto, él está convencido de que sí, de que la labor de crítica que hace es vital, cuando generalmente lo único que hace es recalentar lo que otros han dicho ya antes que él.

Es más : sin el contenido las ideas o el feedback que nosotros le damos a sus comentarios, un trol no es nada. No conviene olvidarlo. Por eso es tan contraproducente tratar de utilizar con ellos los procedimientos que uno utilizaría con una persona « normal » (negociar, discutir los posibles aspectos de una idea, lo que sea) porque ellos son expertos en utilizar la gasolina que nosotros les damos como combustible.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

2 Responses to Buenos días, señor monstruo

  1. Anselmo dice:

    Me parece que tu critica sobre Trump carece de base. En efecto se trata de una persona con unos defectos evidentes e indefendibles, pero es innegable que ha puesto patas arriba la política mundial.

    La explicación que me parece más plausible para la política de Trump y de quienes están detrás de él, es que se está cargándo la globalizacion (para bien o para mal) y en ese caso nos hallariamos frente a una figura histórica de primera magnitud.

  2. Luis dice:

    Ojalá que los troles fueran todos como los de la Familia Mumin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.