Un apretón de manos

Ayer hice por última vez en 2018 una de las cosas que con más gusto hago. Aquí están los resultados.

29 de Diciembre.- Muchas veces me pregunto qué hubiera sido de mí si, hace trece años, no hubiera decidido venir a vivir a Viena. Una de las cosas que quizá no hubiera hecho hubiera sido hacer fotos.

Siempre me había gustado hacerlo, pero no fue hasta que empecé a escribir Viena Directo cuando me empecé a preocupar más en serio por el aspecto técnico del asunto.

Una de las cosas que más me gustaron hacer, desde el principio, fue fotografiar a gente. Hay compañeros a los que les gustan los paisajes, hay otros a los que les gustan los objetos. A mí me gusta la gente que mira a cámara.

En los últimos tiempos, también he descubierto la tranquilidad que da fotografiar en estudio, en donde las condiciones son controladas y uno tiene la calma de poder experimentar con la luz.

De vez en cuando, sobre todo si llevo algunas semanas sin hacer una sesión, quedo con algún amigo y hacemos un par de fotos. Como la gente que queda para jugar al tenis o a jugar un partidillo de fútbol o a tomarse una cerveza.

A uno de los amigos que llamo con más gusto es al que están viendo en las fotos. Se llama Dani, es modelo y bailarín, y tiene lo que cualquier fotógrafo podría soñar, lo cual, en mi caso, se resume en que no solo es muy expresivo sino que, con él, el trabajo es muy eficaz.

Daniel T 29122018

Dani y yo nos conocemos tan bien ya que, prácticamente, no hace falta que hablemos. Él llega al estudio cuando yo tengo ya preparadas las luces, nos saludamos, nos ponemos al día de lo que nos ha pasado en la vida y luego él saca de una bolsa, que suele ser muy voluminosa, la ropa y el atrezzo que trae (solemos utilizar un diez por ciento).

Daniel T 29122018
Daniel T 29122018

Luego, me pregunta que dónde se tiene que poner. Yo avanzo y, con el pie, le marco un punto. A partir de ahí, nos ponemos a trabajar. De vez en cuando yo le digo „quieto“ o „repite eso“ o „no te muevas“ o „vuelve a la posición de antes“ o „dos posiciones atrás“ y él, con la disciplina que da la danza y el teatro, congela lo que esté haciendo y vuelve a donde yo le he dicho.

Daniel T 29122018

Otra de las cualidades que tiene Dani es que es un tío muy inteligente que, a base de observar (me), ya sabe de dónde le viene la luz, de manera que, cuando se pone a posar, ya tiene más o menos en mente lo que va a suceder. Cada cinco o seis fotos, se acerca y me pide ver lo que hemos hecho. Con ojo experto, diagnostica. Entonces me dice, que quiere probar esto o lo otro.

Cuantas más fotos hacemos, menos tenemos que hablar. Si yo le doy alguna indicación (rara vez) él la sigue. De todas maneras, nada sustituye a su creatividad interior. A veces, él se pone „a fluir“ como dice él, y entonces cada foto es mejor que la anterior y lo único que yo tengo que hacer es ser testigo del milagro y preocuparme de que ninguna imagen salga desenfocada.

Daniel T 29122018

Cuando llevamos una hora haciendo fotos le digo:

-Venga, la última ronda.

Y entonces él se pone a pensar un momento y sale con alguna cosa que está fuera de su zona de confort.

Daniel T 29122018

Cuando terminamos, nos damos un apretón de manos y yo le doy las gracias y él me las da a mí. Como dos lores ingleses.

Recogemos los trastos, yo desenchufo los flashes y seguimos hablando de esto y de aquello. Después, apagamos las luces, cierro con llave el estudio y se acaba la cosa.

Ayer fue la última sesión de fotos de 2018 y, como mis lectores pueden observar, fue tan fructífera y agradable como siempre. Por un 2019 lleno de fotos con amigos.

Daniel T 29122018

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