¿Habla usted francés? (4)

Seguimos hoy nuestro recorrido por esos términos que el alemán ha tomado del francés, la lengua, para unos, más elegante de Europa, signo de cultura, timbre de distinción, para otros, la lengua más repipi.

Será porque yo me encuentro entre sus felices hablantes pero para mí, el francés sigue conservando ese perfume de jardín recoleto, esa hermosa elegancia en el pensamiento que quizá sea el feliz encuentro entre el refinamiento y la economía (que en los franceses de ahora, en demasiadas ocasiones, se transforma en una tacañería casi patológica, porque los habitantes del hexágono son, en muchos casos, fieles partidarios de la cofradía de la virgen del puño).

En Austria, sigue el francés tan presente en la vida cotidiana que muchos austriacos llevan una palabra gala en su nombre oficial. Y es que aquí, como en las películas de Cantinflas y el los culebrones sudamericanos, el título académico es parte del nombre oficial de las personas que lo llevan (algo que a los españoles nos parece ridículo y a lo que nos cuesta acostumbrarnos, pero que obedece a la manía austriaca, que viene de antiguo en la Historia, de tener a cada persona en su cajoncito). De modo que hay muchos austriacos que son „Ingenieur“ (escrito así, a la francesa) y así lo ponen en sus tarjetas de visita y así le piden al banco que les mande las cartas, incluso aquellas en las que le anuncia algo tan luctuoso y lamentable como su „Insolvenz“.

Si el „ingenieur“ recibe la carta y se le omite el apellido, expresará, naturalmente, su „Indignation“ utilizando la palabra francesa, luego convenientemente germanizada que es hija de la muy latina „indignitas“.

Es un cultismo. Los hinchas de los equipos de fúrgol que campan por esas calles estos días, es más fácil que se sientan „beleidigt“ si hay algún hincha contrario que les indica que su equipo no sabe ni darle una patada a una lata vacía de guisantes.

Siguiendo el orden alfabético, según se entra por la jota a la derecha, llegamos a una palabra muy propia de estas fechas del año que se aproximan. Porque ¿Qué mejor para protejerse del sol que una Jalousie (pronúnciese „shalusí“) o sea, una persiana de estas como la de Kim Basinger en „Nueve semanas y media“. Las Jalousies vienen, ya lo habrán adivinado mis lectores de los celos y, si esto fuera una clase, ya estaría yo, en mis funciones de maestro, haciendo esta pregunta a mis alumnos ¿Qué palabra española, prima de esta, tenemos los españoles para disfrutar con ella? !Pues naturalmente! Las celosías, tan bonitas, tan lorquianas, tan poéticas.

Naturalmente, las celosías originales permitían echarle un ojo sin ser visto al amado o a la amada y así uno podía saber si le estaba poniendo en el brete de no poder ponerse sombrero nunca más (ya se sabe que los cuernos impiden cubrirse la cabeza como se debe).

Lo digo yo, pero lo diría también cualquier „Jounalist“ que se precie. O sea, un periodista. Los „Journalisten“ alemanes, naturalmente, son primos de los franceses, que toman su nombre de Journal (el periódico, más en puridad „el diario“) y este, como cae por su peso, viene de Jour (o sea, el día). No viene al caso porque no es palabra alemana, pero para muestra de lo retorcidos que son los franceses, para hablar de una publicación que sale todas las semanas, dicen que es „hebdomadaire“ (de ahí, por ejemplo, el „Charlie hebdo“, una de las revistas satíricas de más tradición en Francia -salió por primera vez hace casi cincuenta años, en 1970-).

La K nos trae otra palabra sin la cual Austria no sería el mismo país: Kabarett y, naturalmente, Kabarettist (o Kabarettistin) esos artistas que, bajo la forma del humor, actúan como conciencia colectiva de esta nación. Kabarett viene del francés cabaret (que se ha castellanizado como cabaré). En el país de Mitterrand y de Giscard, el cabaret era originariamente una taberna, pero claro, como para atraer al personal y que se gastasen los cuartos en Sauvignon, a veces el tabernero contrataba a gente que cantara o hiciera cosas, pues por el nombre de una cosa vino la otra.

La última palabra de la que nos ocuparemos hoy es Kabine. Como el francés también nos influyó a nosotros, la Kabine alemana es prima hermana de la cabina nuestra. Aunque yo diría que la alemana tiene un uso algo más extenso que el de nuestra cabina, porque por ejemplo los probadores en alemán son Kabinen. Nada que ver en cualquier caso con las cabanen, o sea las chozas que dieron origen a la palabra y que ponen punto final al artículo de hoy

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