Hans va al Europride de Viena

Hans Albert nació en Viena en 1985, desde entonces, la vida (afortunadamente) ha cambiado mucho para los heteros (para bien, claro).

Para el medio millón de personas que ayer se manifestaron en Viena a favor de un mundo más justo y diverso.

16 de Junio.- Hans Albert nació en Viena en 1985, precisamente el 15 de Junio, o sea, que ayer cumplió 34 años.

Más o menos a los cinco, se dio cuenta de que era diferente.

Sin que en aquel momento él pudiera saber muy bien qué le pasaba comprobó que al ver a Doris, la hija de unos vecinos, sentía un cosquilleo especial en el estómago. Nada le hacía más feliz que recibir la atención de Doris, entonces una chiquilla de unos catorce o quince años y hoy una mujer casada con una mujer algo mayor que ella.

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Un instinto, sin embargo, llevó a Hans a ocultar estas inclinaciones. Le costó algo de tiempo darse cuenta, pero comprobó que, lo mismo que él sabía que era diferente, aunque entonces no pudiera explicar muy bien por qué, sus compañeros de colegio también eran conscientes de esta diferencia y, en el recreo, encontraban sutiles formas de humillarle, llamándole hetero.

Ni hans ni sus compañeros, en aquel momento, sabían demasiado bien lo que significaba la palabra heterosexual, pero el hecho es que nadie quería serlo y, por ejemplo, en el recreo, cuando los niños jugaban, nadie quería ir con Hans en el mismo equipo. Al principio, Hans lo intentaba, claro, pero pronto se dio cuenta de que era inútil y terminó pasando los recreos solo, en un rincón, mirando cómo los otros cantaban canciones de Madonna y ensayaban coreografías de los Back Street Boys.

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En la escuela, los heterosexuales tenían pocos amigos.

En realidad, en cada clase había dos o tres niños indudablemente heterosexuales, a los que se les notaba a la legua la heterosexualidad (sobre todo porque sentían un gusto algo vergonzante por el fútbol -se sabían el nombre de todos los jugadores- y veían a escondidas el Tour de Francia) pero como los pobres heteros vivían tan aterrados por esta cualidad indefinible pero, indudablemente, maligna que trasminaban, trataban de pasar lo más desapercibidos posible. Intentaban que el camuflaje fuera lo más eficaz posible, porque los niños son crueles, ya se sabe, así que por no levantar sospechas terminaban aprendiéndose Vogue o Like a Virgin (un latazo para los pobres).

Al principio, Hans, que era un crío despierto, pensó que la heterosexualiad sería una enfermedad transitoria. De hecho, había leido algunos libros (disimuladamente) en donde se decía que todas las personas, durante la pubertad, eran heterosexuales, pero que era una fase, que se pasaba. En su caso fue una esperanza vana. A eso de los quince años, Hans Albert se dio cuenta con espanto de que lo de su heterosexualidad era irreversible. Por más que intentaba ser homosexual, le era imposible renunciar a esta parte de su naturaleza.

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Esto le llenó de temores, naturalmente. De entre el cortejo de miedos que le asaltaban, había dos fundamentales: el primero, que en algún momento, en su vida adulta, su condición dejaría de ser ocultable ¿Qué haría entonces? Tendría que decírselo a sus padres, que eran dos hombres en cuya familia jamás se había dado un caso de heterosexualidad. Es más, con sus amigos hablaban de la heterosexualidad como si fuese algo malísimo. Los padres de Hans habían intentado que le gustase Eurovisión y él sabía que, disimuladamente, intentaban encontrar en él rastros de que los chicos le gustaban. Y Hans trataba de enmendarse, de verdad que trataba. Pero no había forma. Y sabía que la heterosexualidad era un pasaporte a una vida cruel.

No había más que ver las películas y las series de televisión, leer libros, para darse cuenta de que los heterosexuales eran siempre una gente muy triste que, cuando no se daba a las drogas o caía en algún tipo de vida criminal, llevaba siempre una existencia solitaria y miserable. En muchos casos, si había que creer a lo que salía en la televisión, los heterosexuales, incapaz de soportar su propia miseria, terminaban suicidándose, quizá para tratar de lavar la mancha en el honor de sus familias. Muchos padres y muchas madres decían, cargados de razón, que „mejor un hijo muerto que heterosexual“.

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Naturalmente, a la altura de los noventa del siglo pasado, no era como ahora. O sea, que no había famosos heterosexuales que pudieran servir de referente a los más jóvenes.

Claro, se sospechaba de algunos, pero no se decía.

La mayoría de los heterosexuales que alcanzaban una cierta prominencia pública preferían vivir en falsas parejas homosexuales de cara a la galería, pero luego llevaban una doble vida, camuflando a sus mujeres como a „amigas“ o „compañeras de piso“ o „representantes“ o „secretarias“ o vaya usted a saber.

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La comunidad hetero, naturalmente, se acostumbró a leer entre líneas y cuando, en una película, salía un personaje homosexual que tenía una relación un poco especial con una mujer, el film se convertía en un éxito de taquilla !Cuántos bodrios no se tragaría Hans por ver unos pocos segundos, la insinuación siquiera de que la heterosexualidad era posible y de que había una escapatoria de aquella vida triste y miserable que le auguraban todos los productos culturales a los que tenía acceso!

Naturalmente, la heterosexualidad era en muchas ocasiones tema de filmes transgresores que no salían más allá del circuito de festivales, porque una parte del público sentía aún bastante asco (incomprensiblemente) al ver a un hombre y a una mujer besarse en una pantalla. De Tarantino, por ejemplo, que incluía en sus películas frecuentemente tramas heterosexuales, solía decirse que siempre hacía las mismas películas, que no había tantos heterosexuales en la vida real.

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-!Menuda mierda! Gente pegando tiros, jugando al fútbol y viendo el Tour de Francia, eso lo puede hacer cualquiera -decían los homosexuales que querían dejar bien sentada su homosexualidad aunque, en secreto, claro, veían las películas de Tarantino, porque estaban muy bien hechas y a nadie le amarga una buena explosión.

De esta manera, también se satisfacía a los estamentos religiosos (Viena y Austria, en aquella época eran muy conservadoras y por supuesto la cultura dominante era acrisoladamente homosexual). Las jerarquías religiosas sostenían que la heterosexualidad no era natural y que, naturalmente, no formaba parte para nada del plan divino. Naturalmente, la discriminación estaba oficialmente condenada como una injusticia en la que los creyentes no debían caer so pena de sufrir las penas del infierno. Sin embargo en la práctica, los curas y las monjas (algunos de ellos heterosexuales que entraban en las filas del clero para tratar de ocultar su condición) proclamaban la eficacia de las „terapias de acompañamiento“ y „curación“ de lo que ellos llamaban ADS (Atracción por Distinto Sexo).

A la altura de los años 2000 todo empezó a cambiar. Algo tarde, Hans Albert empezó a ir todos los años al desfile del Orgullo Hetero de Viena.

Al principio iban cuatro „mataos“ pero luego la voz empezó a correrse y Hans Albert comprobó con alegría que había vida más allá de Eurovisión y de los Back Street Boys y los Take That. Supuso para él un alivio , claro. Aunque seguían sin poder confesar su condición de heterosexual en el trabajo, porque la empresa en la que curraba „Pollofriten mit Pommes GmbH“ era un sitio bastante rancio, en donde los jefes y las jefas no hubieran visto con buenos ojos a un empleado hetero.

Cada año, sin embargo, y hasta hoy, Hans Albert ha ido al desfile del Orgullo Hetero de Viena, el cual se ha convertido con el tiempo en un referente de la agenda de la ciudad. Todos los años, sin embargo, pero tooooodos, toooooodos, Hans tiene que escuchar la misma frase dicha por el „cuñao“ de turno:

-¿Y para cuándo un orgullo gay?

Le agota, pero se da cuenta de que hay gente que jamás se convencerá.

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(Todas las fotos de este artículo se tomaron en la manifestación del Europride de ayer)

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Un comentario a Hans va al Europride de Viena

  1. Anselmo dice:

    Me parece una metáfora desafortunada que pasa por alto el hecho de que la distopía que plantea no es ni tan siquiera imaginable, ya que ese mundo carecería de población por falta de natalidad,resultado de las relaciones sexuales entre hombre y
    mujer. Ello por no mencionar el sacrificio de las madres en la crianza y educación de los hijos y el no digno de desprecio de los padres en su manutención y educación.

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