El crudo verano ya está aquí

En estos días un instituto austriaco ha publicado un informe especial. La buena noticia es que sus conclusiones no son inexorables. La mala es que, de momento, nadie hace nada.

29 de Junio.- En estos días se ha celebrado la reunión del G-20, que es el conjunto de países que forma las 20 economías más potentes del planeta.

En esta cumbre internacional se reúnen los países ricos y toman decisiones estratégicas que influyen de forma decisiva en el destino del planeta.

Al ver las fotos de familia, uno se acuerda de los primeros versos de Libertad Sin Ira, la canción de Jarcha (sí: uno es muy friki) por aquello de que „dicen los viejos que este país necesita“. Cambiemos el país por el planeta.

Las dos personas que más influencia tienen en las decisiones del G-20 son dos hombres que nacieron a mediados del siglo XX y que, dentro de poco, en cinco o seis años, serán historia (afortunadamente, aunque es temible que les queden aún algunos años para dar porsaco). Me estoy refiriendo naturalmente a Donald Trump y a Vladimir Putin. Por ley de vida, son dos caballeros que viven en el pasado y que han dejado de entender la evolución del mundo. Desgraciadamente, sus voces suenan acariciadoras para muchos millones de personas porque les dicen lo que quieren oir, y que es lo que ellos creen. O sea, que nada ha cambiado y que el planeta sigue, más o menos, como era en 1950.

Y no: no es así.

En estos momentos, nos enfrentamos a la conjunción de amenazas más temible a la que la Humanidad se haya enfrentado en toda su Historia.

Son tres: en primer lugar, la digitalización y la robotización, cuyas consecuencias amenazan con sumir a grandes partes de la sociedad occidental no ya en la opresión y en el control absoluto que predecía Orwell en 1984, sino en la total irrelevancia. Los dueños del capital (o dea, de los robots) ya no van a necesitar trabajadores para seguir siendo ricos ¿Qué va a pasar con el excedente laboral? La mayoría de los beneficios del Estado de Bienestar son una pequeña redistribución de los beneficios de los ricos para mantener contento y productivo al contingente de trabajadores. Cuando eso ya no sea necesario ¿Van a seguir los ricos pagando por nuestras prótesis dentales, por nuestras vacunas, por nuestras colonoscopias, por nuestras quimioterapias?

La siguiente es el progreso imparable de la biotecnología. En veinte años, es probable que se rompa el tabú de la existencia de seres humanos genéticamente modificados. Es probable que se empiece con la eliminación de enfermedades raras, por ejemplo (¿Quién podría ponerle un pero a una terapia genética que salve vidas?) sin embargo, si no se fijan barreras éticas claras y, sobre todo, sanciones contundentes a los infractores, es probable que pronto se operen modificaciones mucho menos beneficiosas, para construir una raza de superhombres que componga, por ejemplo, un ejército contra el que los seres humanos normales no pueda competir y que se pueda utilizar para imponer un estado autoritario (Putin ha dicho en este G-20 que el Estado Liberal está obsoleto, y da mucho miedo oírselo). En los años noventa del siglo pasado esto era ciencia ficción. En diez años todo lo más podrá ser algo al alcance de alguien con el suficiente dinero. De hecho los mecanismos y las herramientas ya existen.

Por último, la previsible catástrofe ecológica. El imparable y escalofriante cambio climático que aquellos como Trump niegan en parte porque no son capaces de concebirlo desde su mentalidad del siglo XX y en parte porque, evidentemente, están al servicio de los intereses cortoplacistas del Dinero (y escribo Dinero con D mayúscula, para indicar que es mucho dinero).

La catástrofe ecológica, sino hacemos algo, va terminar de cambiar el mundo en que vivimos y a mucho peor. A una escala inimaginable. Naturalmente, la gente seguirá creyendo a gente como a Trump, porque es mucho más fácil aceptar el estereotipo del inmigrante malo (esos mexicanos que cruzan la frontera) que asumir que ellos, con su uso indiscriminado de los plásticos y con su apego a los vehículos que emiten CO2 están provocando grandes perturbaciones en los ciclos climáticos, sequías que hacen imposible que la gente que trata de pasar la frontera se gane la vida con la agricultura.

El cambio climático ya está aquí e incluso en países que sufren su influencia de forma moderada, como Austria, ya es una realidad que no se puede negar (y quienes la niegan son una de tres cosas: imbéciles, malos o irresponsables -o quizá las tres cosas a la vez).

El Austrian Panel on Clima Change ha publicado un informe especial en colaboración con la Academia austriaca de Ciencias. Las conclusiones son demoledoras.

En 2100, si no se hace nada para frenar el cambio climático, los días con más de treinta grados pueden ser diez veces más que en la actualidad. Si se aplican algunas medidas y se consigue moderar el cambio climático (lo cual, en el caso austriaco, no será demasiado previsible porque el que tiene toda la pinta de ser el futuro canciller, Sebastian Kurz, manifestó el otro día una timidez en este aspecto que dio mucho miedo) en 2030 habrá en Austria todos los años cuatrocientos muertos por calor y 1000 en 2100.

El cambio climático también hará más extrema la incidencia de las alergias y esto por muchas razones: el calor va a provocar floraciones más precoces y más largas, así como la llegada de especies distintas de las autóctonas austriacas, que son las más problemáticas para los alérgicos.

También es probable que aumenten las enfermedades tropicales, propiciadas también por el tráfico globalizado de mercancías.

En resumen: si no hacemos algo y lo hacemos ya nos estamos jugando la vida.

Y no es exageración.

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Un comentario a El crudo verano ya está aquí

  1. Anselmo dice:

    Tanto Putin como Trump tienen un trabajo suficiente con dedicarse a cuestiones políticas inmediatas como para poder concentrarse en cuestiones de mayor trascendencia. Otro tema son los chinos que si estan trabajando a años vista. Trump tiene bastante con desglobalizar la economía mundial y Putin con soportar la presion de Occidente contra Rusia.

    El disentir de la hipótesis del cambio (antes calentamiento) climático global antropogenico, más que a imbecilidad, maldad o irresponsabilidad puede deberse a la reflexión honrada. Tal, creo yo,es mi caso.

    El IPCC es un órgano político, por lo que sus afirmaciones científicas carecen de valor.

    El clima siempre ha estado cambiando, y ahora debemos estar comenzando una pequeña edad glacial, similar a la que se sufrio tras el Óptico Climático Medieval y que se prolongo hasta finales del SigloXIX.

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