La fuerza de las costumbres

Vivir en un país extranjero permite disfrutar de lo mejor de los dos mundos, pero también comparar y sacar conclusiones.

8 de Agosto.- Una de las cosas chulas de emigrar es que uno se encuentra en una posición privilegiada que no solo le permite disfrutar de lo mejor de los dos mundos, sino que también le permite comparar lo que ocupa a las opiniones públicas de Austria y, en este caso, de España.

En mi país el cual, quizá por su posición excéntrica dentro del continente europeo, ha sido siempre un laboratorio del futuro, una de las cosas en la que más piensa la gente es en el feminismo y en los problemas que plantea.

En Austria, en cambio, esto del feminismo ni lo huelen. Basta con poner la televisión un día cualquiera y fliparlo con los anuncios que ponen en cualquier corte publicitario, llenos de amas de casa que preparan el desayuno a un grupo de mastuerz…digoooo de niños que las esclavizan mientras su querido maridito coge el maletín y se va a la oficina a levantar la economía de Esta Pequeña (pero salada) República, dejando la taza del café sobre la mesa de la cocina.

Dos de las batallas del feminismo en versión ibérica que, sin embargo, están totalmente fuera del foco de la atención mediática en Austria son la llamada gestación subrogada (lo que de toda la vida se ha llamado « vientres de alquiler ») y el tema de la prostitución que sigue constituyendo en Austria (como buen país católico) el tabú que era hasta hace poco tiempo en Celtiberia.

Tímida, muy tímidamente, la sociedad austriaca empieza a darse cuenta de que existe la violencia machista. Naturalmente, puede pensar el lector que, si para una cosa en apariencia tan simple como que se prohiba fumar (de una puta vez) en los restaurantes, llevamos casi una década de discusiones bizantinas, el hecho de aceptar de que hay hijos de su madre que maltratan a sus mujeres y las matan, es una cosa que supera casi todo de lo que un austriaco medio es capaz de admitir en sociedad. Si acaso, se asocia esta lacra a medios sociales desfavorecidos o a extranjeros o a las dos cosas a la vez.

En los últimos compases previos al video de Ibiza (ese antes, ese despues) el Gobierno de Strakurz aprobó una ley contra la violencia machista que sigue la estela de otras regulaciones parecidas en ámbitos en donde la ultraderecha está presente. O sea, negando que el problema tenga sus raíces en la desigualdad entre hombres y mujeres en peso y roles en la sociedad, pero dándoles a las maltratadas y a los criminales una igualdad que las cifras y las estadísticas desmienten (es notorio que hay muchas más mujeres muertas a manos de cabrones que al revés) y dándoles a las pobres que sufren esta lacra una protección muy, pero que muy mejorable. Se despacha el asunto bajo la engañosa etiqueta de «violencia familiar » (el famoso « familien drama » de la prensa) y aquí paz y después gloria (naturalmente, la paz es solo superficial, porque la procesión va por dentro y la gloria…Bueno, la gloria no aparece por ningún sitio).

La ley, por supuesto, ha sido duramente criticada por los expertos que de verdad saben del tema. O sea, los que tienen en cuenta « el ser » y no « el deber ser » que manejan los políticos. Aducen, naturalmente, que esa cosa de la violencia intrafamiliar, como sabe cualquiera que tenga dos ojos en la cara, es una entelequia que pertenece al mismo reino de fantasía que la prostituta que se vende a sus clientes porque es una jovencita universitaria ávida de emociones fuertes o la de la muchacha ucraniana que se deja fecundar para que una pareja de forrados europeos del oeste (del mismo o de distinto sexo) para que le compren el fruto de su vientre. En todos esos casos, lo que flota es esa « libertad » que no es tal sino la máscara de la explotación, porque ninguna mujer se prostituye voluntariamente (ni ningún hombre, porque también hay hombres que venden su cuerpo por dinero) y, por supuesto, ninguna gestante que tenga sus necesidades cubiertas vende a su hijo si puede evitarlo.

Mientras tanto, los que vemos ciertas cosas y nos echamos las manos a la cabeza tenemos que aprender a tener paciencia y a confiar en que, cuando la fruta esté madura, caerá del árbol. A ver cuánto tiempo pasa.

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Un comentario a La fuerza de las costumbres

  1. Anselmo dice:

    Ya veo, la solución del problema a las agresiones a las mujeres por sus parejas consiste en convertirnos a los hombres en carne de presidio, en infrasubditos.

    Por otro lado el término violencia machista sería aplicable, más bien, a acciones agresivas llevadas a cabo por varones contra féminas con las que no tuvieran en principio ninguna relación. Tal como violaciones callejeras y demás.

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