Plácido

Hay días en que te levantas plácido y te acuestas fastidiado. Seas tenor o no lo seas.

14 de Agosto.- Ayer Domingo se levantó plácido y se acostó fastidiado. El cantante español, una auténtica institución en el mundo de la ópera era, hasta ayer, un caballero con una reputación intachable. Una reputación intachable cuyo resplandor llegaba incluso hasta mí, que soy una piltrafilla sin estudios. Y eso que las piltrafillas sin estudios, como todos mis lectores pueden imaginarse, no tienen contacto con esas alturas de las artes más que como espectador o como « el amigo que tiene un amigo que conoce a ».

Efectivamente, yo tengo un amigo que conoce a Plácido Domingo por haber trabajado con él en la Ópera Estatal de esta bonita capital que el Danubio riega con sus cantarinas aguas.

Una de las últimas veces que el tenor estuvo por aquí (si no recuerdo mal para cantar Simón Bocanegra, de ahí es la foto que ilustra este artículo) hablábamos mi amigo y yo de que Domingo es ese tipo de caballero cordial que, cuando viene a ensayar, saluda a todo el mundo afectuosamente. A todo el mundo, o sea. Cosa que, parece ser, no es normal en el mundo de la ópera y menos en el olimpo en el que, desde hace décadas, se encuentra Plácido Domingo. Si a mí me hubieran preguntado, hubiera dicho yo que, hasta ayer por lo menos, Domingo era una persona universalmente querida. Aunque también parecía serlo Campechano the first antes de que le encontraran una rubia de bote y un elefante muerto en el armario. Trust the virgin and don´t run.

Como suele suceder en estos casos, Plácido Domingo se encuentra en una de esas situaciones en las que hagas lo que hagas corres el riesgo de liar más las cosas que si te estuvieras calladito, pero en las que, por fuerza, tienes que responder, para no otorgar a fuerza de guardar silencio. O sea, que terminas liándote quieras o no y pasando, a lo mejor, por lo que no eres.

Al fin y al cabo nadie espera de un cabrón que admita que lo es.

En la respuesta del tenor hay algo de eso o sea, de meterse en camisa de once varas, cuando ha dicho que « los estándares por los que nos regíamos entonces no son los de ahora ». Son ese tipo de afirmaciones que hacen que uno levante la ceja con perplejidad, porque se pregunta, naturalmente, qué ha cambiado. O sea, si antes eran lícitas algunas cosas que ahora no se ven así.

Por otro lado, si uno defiende a Plácido Domingo y se demuestra luego que Plácido Domingo es, pongamos, un Bill Cosby, queda uno como dicen que Cagancho quedó en Almagro, cosa que también se extiende a si uno se hace preguntas que pongan en duda, aunque solo sea ligeramente, la buena fe original de unas damas que « no tuvieron más remedio » que ceder a las pretensiones de un caballero poderoso. Y hasta corre el riesgo de que le empiecen a llamar a uno « machirulo » (en el mejor de los casos).

Naturalmente, sería muchísimo mejor un mundo en el que hacerse el/la tonto/a ante según qué cosas no fuera necesario. Pero también sería mejor un mundo sin Trump, y mira.

Por lo demás, y centrándonos en lo que compete a este blog, a estas horas Plácido Domingo ha perdido un par de bolos en los Estados Unidos, pero las defensas han venido, entre otras instancias, nada más y nada menos que desde uno de los corazones operísticos de EPR, Salzburgo. La directora de los Festspiele ha dicho que, por lo que a ella respecta, Plácido Domingo es un caballero encantador y sumamente correcto, y que con ella, por lo menos, no ha tenido ningún avance tormentoso.

Cuánto de verdad hay en estas acusaciones, se verá con el tiempo (o no) pero lo cierto es que para Austria, por lo que parece, Plácido Domingo es inocente.

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Un comentario a Plácido

  1. Anselmo dice:

    Sin que yo esté poniendo la mano en el fuego por él, parece ser que está siendo desprestigiado por cierto grupo.

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